La pasión de multitudes siempre fue la pantalla perfecta para esconder los verdaderos negocios del poder en la Argentina. Resulta que Stefano Di Carlo llegó a la presidencia de River Plate con una billetera que asusta a cualquiera. Su verdadera base de operaciones es el Grupo IDIX, un holding que reporta la friolera de 25.000 millones de pesos anuales en facturación.
Este pulpo empresarial está conformado por sellos como Think Solutions, Ronda 360, Fan Factory y ATTI. La clave de su éxito no está en la competencia del libre mercado, sino en su aceitada relación con la política de turno. Fuentes inobjetables confirman que su brutal expansión territorial se alimentó a base de jugosos contratos con el Estado nacional, gobernaciones y municipios.
Los tentáculos del dirigente no le hacen asco a ninguna ventanilla pública a la hora de cerrar licitaciones a medida. En su frondoso prontuario de negocios figuran cajas gigantescas y millonarias como el Banco Nación, YPF y hasta el Inprotur. Pero el verdadero salto olímpico lo pegó en el interior del país, armando un circuito inagotable de billetes.
Logró meterse de lleno en el feudo de Misiones, donde cerró desarrollos tecnológicos y de inteligencia fiscal que huelen a control absoluto. El mismísimo Carlos Rovira le abrió las puertas de la caja estatal de par en par para modernizar sus sistemas. Así se arman los verdaderos imperios en nuestro país, mezclando el humo de la transformación digital con el poder político territorial.
Como buen tiempista de la rosca, el empresario también sabe codearse con los dueños de la Argentina privada para blindar su imagen. El holding metió las manos en la plataforma tecnológica del Movistar Arena, el coliseo porteño de la familia Saguier. No hay negocio masivo de entretenimiento donde esta corporación no muerda su jugosa tajada a espaldas del público.
Para cerrar el círculo perfecto de impunidad, también tejieron alianzas estratégicas con los verdaderos popes de las comunicaciones. Armaron los proyectos de fidelización para el ecosistema comercial del Grupo Clarín, garantizándose protección mediática las veinticuatro horas. Hoy, esta mezcla letal de contratos lo ubica en la plataforma de lanzamiento para concretar sus “aspiraciones políticas”.