jueves 2 de julio de 2026 - Edición Nº5598

Política | 2 Jul

El desgaste de una interna a cielo abierto

Guerra de egos: Axel, Cristina, Massa y una encrucijada de terror en el peronismo

09:22 |En esta nota vas a enterarte cómo la rosca justicialista está a punto de dinamitarse desde adentro. Te contamos los tres caminos que baraja la cúpula para no desaparecer del mapa político: una negociación silenciosa, una sangrienta interna partidaria o la temida fractura total. Mientras la calle hierve por la crisis, los caciques se disputan las migajas del poder y juegan a la ruleta rusa con el futuro del espacio.


La maquinaria de la rosca peronista no descansa y los cuchillos ya están perfectamente afilados sobre la mesa de arena de los principales armadores de la provincia de Buenos Aires. El primer escenario que las cúpulas manejan en las sombras es la siempre confiable negociación a puertas cerradas, un intento desesperado por evitar el papelón del desgaste público.

Por estas horas, operadores de primera línea cocinan un pacto silencioso entre el gobernador bonaerense Axel Kicillof, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el líder del Frente Renovador, Sergio Massa. El objetivo de mínima es evitar que la sangre llegue al río en el principal bastión electoral del país; sin embargo, con los egos inflados en las máximas esferas, ninguno de los tres actores parece dispuesto a ceder un solo milímetro de su cuota de poder real y territorial.

Si este diálogo de cúpulas fracasa, el segundo camino conduce al peronismo directo a una carnicería a cielo abierto, donde las urnas partidarias se convertirían en el ring definitivo para ajustar cuentas pendientes de los últimos años de gestión.

En esa hipótesis de combate, Kicillof se planta para validar su autonomía bonaerense, mientras que desde el Instituto Patria asoma la estrategia de embarrarle la cancha utilizando una figura de peso que haga el trabajo sucio.

Ante la imposibilidad táctica de una postulación directa de la ex mandataria, la gran pregunta que desvela a intendentes y sindicalistas de la región es si Sergio Massa aceptará el rol de "delfín" o cuña para desgastar la estructura provincial, una interna que promete dejar heridos de extrema gravedad en el peronismo del conurbano y las diagonales.


El retorno del escenario Menem-Kirchner-Rodríguez Saá


Existe una tercera vía, la más temida por los barones del conurbano y los armadores históricos, que huele verdaderamente a pólvora pura y amenaza con disolver el espacio político. Si nadie baja sus pretensiones de liderazgo absoluto, la bomba estallará y la fragmentación será irreversible.

Por estos días, el fantasma de la elección presidencial del 2003 volvió a sobrevolar los búnkers justicialistas: la amenaza real de una fractura total donde cada cacique territorial arme su propia lista por fuera de las estructuras tradicionales.

Aquel traumático precedente histórico, donde Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Néstor Kirchner se cortaron solos y compitieron de forma simultánea dividiendo el voto peronista, opera hoy como el espejo del peor de los fracasos.

Ir divididos a las urnas bajo diferentes sellos no haría más que repetir la vieja lección, regalándole el control del país y de la provincia a sus peores enemigos políticos por pura incapacidad de articulación interna.


El ego como sepulturero de la supervivencia territorial

El peronismo actual parece atrapado en una trampa de su propia invención: el manual de supervivencia que durante décadas le sirvió para colonizar el Estado hoy choca de frente con la hipertrofia de sus propios liderazgos. El intento de tejer un pacto de cúpulas entre Kicillof, Cristina y Massa no responde a una coincidencia ideológica, sino al pánico compartido de perder el último refugio de poder real que les queda.

Convertir el partido en un ring de boxeo —con el hombre de Tigre jugando el rol de demoledor para defender intereses ajenos— solo acelerará el divorcio con una base trabajadora que mira el espectáculo de la rosca con creciente apatía. Lo verdaderamente sintomático de esta crisis es la vigencia del fantasma del 2003.

La balcanización peronista ya no es una hipótesis de laboratorio; es el resultado lógico de una dirigencia que prefiere ser reina de un feudo en ruinas antes que segunda de una coalición ordenada. Si los caciques provinciales terminan rompiendo el plato y cortándose solos por separado, el peronismo descubrirá que el manual de los años setenta y noventa no ofrece respuestas para el escenario del siglo veintiuno, y que la dispersión del voto es el camino más corto hacia la intrascendencia electoral.

Las claves de la encrucijada justicialista en la provincia

  • El dique bonaerense: Axel Kicillof busca consolidar su propio armado territorial blindando la provincia del centralismo porteño.

  • El péndulo de Tigre: Sergio Massa preserva su capital político jugando al misterio, estirando los tiempos para cotizar más alto su estructura.

  • El factor conurbano: Los intendentes del Gran Buenos Aires exigen una tregua para evitar que la interna les licúe la gobernabilidad en los municipios.

  • La memoria del 2003: Los armadores saben que la división del peronismo anula el peso del piso histórico electoral que ostenta la marca.

  • La amenaza externa: Cada semana de reproches públicos y fuego amigo consolida la narrativa de los sectores opositores de cara a las urnas.

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