La rosca política en las sierras amaneció verdaderamente prendida fuego y el tablero de la Quinta Sección acaba de volar por los aires. Después de veinte años de hacer y deshacer a su antojo, el histórico caudillo Miguel Lunghi se quedó sin nafta y sin posibilidad de reelección, abriendo una grieta monumental en su propio espacio.
El desgaste en las urnas es indisimulable y la sucesión desató una carnicería donde todos quieren morder un pedazo del suculento presupuesto de Tandil. Se les terminó la paz de la aldea y ahora sobran los puñales por la espalda.
Dentro de la Unión Cívica Radical, la pelea por heredar el feudo no tiene códigos ni piedad. Por un lado, el oficialismo intenta atornillarse impulsando al médico Juan Salceda como supuesta fachada de renovación, mientras Miguel Lunghi hijo mueve los hilos desde la Secretaría de Gobierno para garantizar la continuidad del negocio familiar.
Pero la rebelión asoma desde sus propias filas: Marcos Nicolini, líder del espacio disidente "Hechos", ya les picó el boleto y jura terminar con el asfixiante personalismo que secuestró al municipio.
Mientras los correligionarios se matan entre ellos por el botín, la oposición unificó a la tropa y huele sangre en el ambiente. El peronismo de Fuerza Patria se encolumnó ciegamente detrás de Rogelio Iparraguirre, el concejal que viene de clavarles un tremendo batacazo en las urnas y ahora va por el premio mayor.
El escenario de fragmentación oficialista le dejó la mesa servida a un justicialismo que, desde las sombras, afila los colmillos para arrebatarle el bastión al radicalismo de una vez por todas.
Y como en todo fin de ciclo, los nuevos actores no quieren quedarse afuera del jugoso reparto. Por la derecha, Gonzalo Santamarina se cuelga del sello de La Libertad Avanza y Acción Tandilense para vender el buzón del cambio, mientras que el PRO decidió jugar a las escondidas.
Juan Manazzoni pateó el tablero, le cerró la puerta a las fusiones e intenta tejer una alianza táctica con el rebelde Nicolini para dinamitar definitivamente las bases del lunghismo. La mesa está servida y no hay lugar para todos.
- Fin del feudo: Miguel Lunghi no puede ser reelecto y su caída en las urnas desató una batalla campal por la sucesión.
- Todo queda en familia: Miguel Lunghi (hijo) intenta retener el control del partido frente a un Marcos Nicolini que exige terminar con el personalismo.
- El PJ al acecho: Rogelio Iparraguirre unificó al peronismo y llega envalentonado para dar el golpe letal en el municipio.
- Casta a la carta: El PRO rompe filas de la mano de Juan Manazzoni, mientras los libertarios impulsan a Santamarina para pescar a río revuelto.