En los tribunales le cortaron las alas a la vieja y permisiva política migratoria. Resulta que la Cámara Nacional Electoral decidió anular sin anestesia el polémico decreto presidencial que permitía regalar nacionalidades mediante un simple trámite administrativo.
De esta manera, se les terminó la ventanilla libre en la Dirección Nacional de Migraciones y el oscuro negocio de los votos importados. La Constitución no se negocia.
Con este fallo lapidario, el sistema vuelve a la normalidad institucional que exige el cuidado de nuestra soberanía. A partir de ahora, únicamente un Juez Federal tendrá la lapicera pesada para decidir quién se convierte verdaderamente en ciudadano argentino y adquiere el sagrado derecho al sufragio.
El filtro vuelve a ser puramente judicial, con procesos burocráticos y verdaderamente estrictos. Ya no alcanza con llenar una planillita para llevarse el documento de arriba.
La entrega rápida de papeles era un secreto a voces que indignaba a quienes defienden el orden de la patria a capa y espada. Detrás de la supuesta agilización del Estado, se escondía una verdadera maquinaria para engordar los padrones electorales con voluntades foráneas. La intervención y el control riguroso de los juzgados garantizan que la Argentina no regale su identidad al mejor postor político. Se cortó el chorro.

- Freno total: Los magistrados electorales anularon el DNU que habilitaba otorgar ciudadanías por la vía rápida y administrativa.
- Fin del atajo: Migraciones perdió definitivamente la potestad de repartir la nacionalidad a destajo.
- Filtro estricto: El trámite vuelve a ser un proceso judicial tradicional y bajo la lupa exclusiva de los tribunales federales.
- Orden patriótico: La medida busca cuidar la soberanía y evitar la entrega masiva de documentos para inflar los padrones.