Mientras el Gobierno se hunde en los escándalos de corrupción de Adorni, la ex ministra mira las encuestas y acelera los motores para quedarse con todo.
La interna del oficialismo acaba de volar por los aires y las esquirlas ya golpean con fuerza las ventanas de Balcarce 50. Cansada del maltrato constante y de las operetas baratas del entorno presidencial, Patricia Bullrich decidió cortar amarras de forma definitiva.
La histórica dirigente avisó sin anestesia que en 2027 solo compite por el sillón de Rivadavia o la vicepresidencia, dejando pedaleando en el aire a los estrategas libertarios que pretendían confinarla a pelear por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
El olfato político de la casta no falla cuando el barco empieza a hacer agua por todos lados. Con el escándalo del falso retiro de Manuel Adorni todavía sangrando y la gestión paralizada, la senadora analizó los números frescos de la consultora Atlas Intel que la ubican incluso con mejor imagen que el propio Javier Milei.
Lejos de achicarse ante los aprietes, retomó su alianza estratégica con Diego "el Colo" Santilli para vaciarle el poder a los hermanos Milei y armar su propio músculo electoral.
La rosca pesada ya está en marcha y en agosto arranca su gira nacional aterrizando en la provincia de Santa Fe. Mientras los trolls financiados por Santiago Caputo intentan tapar el sol con las manos, la cruda realidad marca que La Libertad Avanza se queda sin su principal escudo protector.
Bullrich entendió que ser el furgón de cola de una gestión manchada por la corrupción era un verdadero suicidio político, y ahora sale a marcarle la cancha a la Rosada.
Se terminó la joda de la obediencia debida; acaba de empezar la guerra abierta y sin cuartel por la sucesión.