lunes 6 de julio de 2026 - Edición Nº5602

Política | 6 Jul

Milei encontró a su profeta

Vive del Estado y lo cririca: el Diputado menos libertario, Bertie Benegas Lynch

19:31 |El Diputado que apoya el trabajo infantil y dice que la escuela no debe ser obligatoria, desprecia públicamente la actividad legislativa mientras ocupa una banca en el Congreso. ¿La doble vara?


Si la política argentina ha descendido a la categoría de circo, Bertie Benegas Lynch ocupa con comodidad el papel de maestro de ceremonias. Sentarse en una banca del Congreso mientras se proclama abiertamente el desprecio por la actividad legislativa no constituye una postura libertaria: representa una profunda contradicción con el mandato recibido de los ciudadanos, que financian con sus impuestos el funcionamiento de una institución cuya razón de ser el propio diputado cuestiona.

La paradoja se vuelve todavía más evidente cuando se observa el doble estándar que impera en el oficialismo. Si un legislador opositor exhibiera semejante nivel de desinterés por la tarea parlamentaria y manifestara públicamente que el Congreso carece de sentido, sería blanco inmediato de una campaña de descalificación impulsada desde la Casa Rosada. Javier Milei no dudaría en convertirlo en símbolo de la "casta", acusándolo de vivir del Estado sin cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, cuando el protagonista pertenece a las filas libertarias, esa contradicción deja de ser un escándalo para transformarse, curiosamente, en una virtud.

Su recorrido público también está marcado por una sucesión de planteos que provocaron un amplio rechazo. Uno de los más controvertidos fue su cuestionamiento a la obligatoriedad escolar, al sostener que los padres deberían decidir libremente si envían o no a sus hijos a la escuela. Aquella afirmación expuso una concepción profundamente regresiva sobre el rol del Estado en la protección de los derechos de la infancia.

En la misma línea se inscriben sus declaraciones sobre el trabajo infantil. Al minimizar la intervención estatal en determinadas decisiones familiares, abrió la puerta a una interpretación que numerosos especialistas consideraron incompatible con los estándares modernos de protección de niños y adolescentes, despertando una fuerte polémica pública.

Como si eso no alcanzara, también sorprendió al proponer la privatización de la protección de las ballenas, bajo el argumento de que la propiedad privada favorecería su conservación. La iniciativa fue ampliamente cuestionada por expertos en derecho ambiental y biodiversidad, quienes recordaron que la preservación de especies migratorias requiere acuerdos internacionales y políticas públicas, no mecanismos de mercado.

Su desempeño parlamentario refleja la misma lógica. Más que impulsar proyectos de ley o construir consensos, utiliza la banca como tribuna para difundir un ideario doctrinario dirigido, principalmente, a las redes sociales. El Congreso aparece reducido a un escenario desde el cual predicar principios antes que ejercer plenamente la función legislativa para la que fue elegido.

Ese posicionamiento no puede entenderse sin su estrecha identificación con Javier Milei y con el pensamiento de Alberto Benegas Lynch (h), referente histórico del liberalismo argentino e inspiración intelectual del Presidente. En ese universo ideológico, el Estado deja de ser una herramienta al servicio de la sociedad para convertirse en un enemigo permanente, mientras la realidad cotidiana —la pobreza, la desigualdad o la fragilidad social— queda subordinada a la pureza de un dogma económico.

Al final, Bertie Benegas Lynch parece representar una de las mayores contradicciones del oficialismo: un diputado que cuestiona la utilidad del Congreso desde el interior del propio Congreso; un defensor de la reducción del Estado cuya proyección política depende, precisamente, de ocupar un cargo estatal. Un apellido prestigioso no alcanza para resolver esa incoherencia. Mucho menos para ocultarla.

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