El Instituto Patria encendió la maquinaria de la rosca y no tiene ninguna intención de pedir permiso. El objetivo número uno del armado nacional ya no parece ser frenar el brutal ajuste libertario, sino vaciar de poder político a la desgastada gestión de Axel Kicillof.
La desesperación por mantener el control del PJ expone la enorme debilidad del gobernador, quien no logra hacer pie ni en su propia provincia. Wado de Pedro y Mariano Recalde ofician hoy como los alfiles de esta silenciosa operación.
Todo comenzó tras la filtración de una primicia en el portal LPO, que dejó al descubierto la verdadera y oscura jugada de la primera línea opositora. Para opacar la raquítica figura de Kicillof, los principales cuadros nacionales viralizaron clips del periodista Eduardo Feinmann por las redes sociales.
El peronismo utiliza canales insólitos para acorralar a un gobernador sin rumbo, instalando a los codazos el apellido de la jefa política en las encuestas presidenciales.
A sabiendas de antemano que la Justicia terminará impugnando su nombre de manera definitiva. La verdadera trampa reside en que, una vez bajada la jefa del espacio, sus fieles escoltas Wado de Pedro o Mariano Recalde heredarían el codiciado trono.
La maniobra expone la incapacidad de Kicillof para generar consensos genuinos, demostrando que su pretendida autonomía es apenas un castillo de naipes.
Mientras las chicanas de grueso calibre vuelan de un lado al otro por la red social X, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires intentó ensayar una respuesta desde la ciudad de La Plata. Convocó de urgencia a una cumbre política de su debilitado espacio interno para fingir fortaleza frente a unos pocos dirigentes aliados.
"No va a haber unidad con condicionamientos", disparó el mandatario en un acto de rebeldía tardía, intentando frenar los lógicos aprietes de una superestructura que ya le picó el boleto.
Para aglutinar a los propios ya no se puede disimular en ningún pasillo de la rosca política. El desafío quedó torpemente planteado: el gobernador prefiere encerrarse y medirse en unas inciertas internas antes que dialogar con las bases.
"No hay sumisión, vamos a las PASO o internas", desafió el economista frente a su pequeña tropa, marcando un evidente capricho político que lo aísla cada día más de las soluciones que necesita el territorio bonaerense.
El punto más frágil del tibio armado de La Plata reside en el terror de someterse al escrutinio y quedarse sin los escudos protectores históricos. Un histórico cacique comunal, cercano a la actual gestión provincial, fue letal a la hora de desnudar este pánico a las urnas.
"Cristina no puede hacer como Bolsonaro que puso a su hijo Flavio de candidato", aseguró a la prensa para intentar chicanear al bando contrario, desnudando que en el entorno de Kicillof sobran excusas pero faltan candidatos de peso propio.
Para colmo de males, el papel protagónico del senador Mariano Recalde en este gigantesco entramado suma una cuota gigante de humillación pública al asunto.
A pesar de que la prensa se cansa de catalogarlo como amigo íntimo de Axel Kicillof, el legislador oficia ahora como uno de los arquitectos de su defunción electoral.
Las torpezas del gobernador terminan alejando hasta a sus propios aliados, confirmando que su mesa chica carece por completo de volumen político para jugar en las grandes ligas.
Sabiendo que el tiempo del mandato bonaerense se agota y los problemas sociales estallan, los referentes nacionales ya comenzaron a tejer alianzas de verdad con el interior del país.
Dirigentes de peso recorren las provincias intentando rearmar la fuerza, puenteando olímpicamente el desastroso esquema de La Plata. El interior peronista desconfía de la paupérrima gestión económica del mandatario, huyendo del modelo de parche e improvisación que caracteriza hoy a la enorme geografía de la provincia más importante.
En definitiva, este experimento electoral solo confirma la agonía total de un proyecto provincial que se niega rotundamente a gestionar la realidad diaria de sus vecinos. Están dispuestos a jugar a la ruleta rusa con el futuro del justicialismo con tal de no admitir el agotamiento de su propio discurso de resistencia.
La inoperancia sistemática de Axel Kicillof le allana el camino a la derecha, facilitando el feroz plan de reformas del presidente Javier Milei. Cuando intenten reaccionar, el peronismo ya estará completamente partido en mil pedazos.