sábado 11 de julio de 2026 - Edición Nº5607

Política | 11 Jul

La rosca del "Gringo"

Schiaretti huele sangre: el exgobernador se sube a la crisis automotriz para dejar en offside a Llaryora

17:26 |Mientras el actual mandatario cordobés juega a las escondidas con Javier Milei para intentar salvar su propia gestión, Juan Schiaretti activó el radar y salió a marcarle la cancha sin piedad. El exgobernador se montó sobre la brutal crisis de la industria automotriz local para dejar en evidencia la pasividad de Martín Llaryora. El "Gringo" sabe que el cordobesismo necesita un perfil combativo para no terminar de implosionar frente a un ajuste que ya no perdona ni siquiera a las terminales más poderosas de la región.


El tablero de la política cordobesa entró en una fase de máxima tensión debido a la asfixia del sector industrial. Schiaretti no perdió el tiempo y comenzó a exigir con vehemencia la urgente prórroga de las leyes de promoción para las autopartistas, un pedido que pone al gobernador actual en una situación de total incomodidad.

El veterano caudillo busca capitalizar el descontento de los empresarios que ya no aguantan el ninguneo nacional. La estrategia es clara: si Llaryora se calla, el "Gringo" grita.

El gobernador, por su parte, sigue atado a un delicado equilibrio que lo obliga a no romper con la Casa Rosada a pesar del desplome en los números de empleo y producción. Esta tibieza es la que aprovecha Schiaretti para posicionarse como el verdadero defensor de los intereses productivos de Córdoba.

La falta de reflejos del mandatario ante la crisis le está entregando en bandeja la iniciativa política a su mentor, quien no duda en hurgar en la herida.

La industria automotriz, orgullo histórico de la provincia, hoy atraviesa uno de sus momentos más lúgubres con suspensiones masivas y quitas salariales. La producción cayó casi un 20 por ciento en el primer semestre y la cadena de valor está al borde de un abismo que nadie quiere admitir públicamente.

La motosierra nacional está devorando la columna vertebral productiva cordobesa sin que el poder central se digne a mover un dedo para evitar el desastre.

En medio de este escenario, el contraste entre el perfil de ambos líderes es cada vez más evidente para toda la militancia. Mientras uno intenta ser un diplomático del ajuste, el otro juega al opositor constructivo para no perder el control de su propia tropa.

La interna por la conducción del cordobesismo se cocina a fuego lento mientras el descontento social crece por debajo de la alfombra. Nadie quiere quedar pegado a un modelo que está fundiendo al interior.

El rechazo al Súper RIGI fue el primer síntoma de que el frente oficialista cordobés necesitaba coordinar una postura, pero la realidad terminó de fracturar cualquier armonía.

La insistencia de Schiaretti con el autopartismo no es casualidad; es el recordatorio de que un gobernador no puede ser un simple espectador de la demolición industrial. El silencio de la gestión local es visto como una capitulación frente a las órdenes que bajan desde la oficina de Santiago Caputo.

El sector autopartista es clave en la economía provincial y el reclamo de Schiaretti busca encender la mecha de la rebelión empresaria contra Javier Milei.

Si el "Gringo" logra que los industriales lo sigan, Llaryora tendrá que elegir entre su lealtad al oficialismo o la supervivencia de su principal base de apoyo. La rosca política nunca se toma vacaciones y menos cuando hay miles de empleos en juego que amenazan con estallar en plena cara del poder.

Desde el entorno del mandatario bonaerense y de otras provincias, miran con atención este movimiento que podría replicarse en otros distritos productivos del interior. El peronismo federal que intentó armar Schiaretti durante años parece haber encontrado en la recesión una nueva oportunidad de reconfiguración. El exgobernador está dispuesto a inmolar su relación con la Rosada con tal de demostrar quién es el verdadero dueño de la conducción cordobesa.

En definitiva, la jugada le salió redonda al "Gringo": instaló agenda, acorraló a su sucesor y se puso la camiseta de los industriales cuando más lo necesitaban.

La crisis no es una opción para él, sino un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven para recuperar el centro de la escena política. El tiempo dirá si la jugada le sirve para volver al ruedo o si termina siendo un berrinche más de una vieja guardia que no se resigna al retiro.


Lo que tenés que saber sobre la maniobra de Schiaretti:

  • El oportunismo sanitario: Ante el silencio de Llaryora, el exgobernador se puso al frente de los reclamos por la industria autopartista para diferenciarse y marcar territorio.
     
  • El trasfondo industrial: La caída de la producción automotriz y el cierre de autopartistas como Crucianelli pusieron en jaque el modelo de gestión cordobés.
     
  • El quiebre estratégico: La interna no es por ideología, es por quién lidera el "cordobesismo" frente al avance libertario. Schiaretti marca la agenda para no quedar en el olvido.
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