El relato del patriotismo británico es una mentira de utilería que se cae a pedazos bien lejos de los palacios de Londres. Al igual que ocurre históricamente con Escocia, los ciudadanos de Liverpool sufrieron en carne propia la brutal desindustrialización y el abandono absoluto orquestado por Margaret Thatcher.
Ese desprecio sistemático de la corona forjó un resentimiento imborrable donde los habitantes se niegan a ser ingleses y se autoperciben orgullosamente como "scousers". Por eso le dan la espalda a la monarquía, silban las estrofas del himno y escupen sobre el nacionalismo barato que les intentan vender desde el poder central.
La ruptura definitiva con el Estado se selló con sangre, impunidad y una campaña de difamación verdaderamente vomitiva. Durante la tragedia de Hillsborough, el gobierno operó asquerosamente para lavar las culpas de una policía asesina tras la muerte evitable de 97 hinchas en la tribuna.
Durante décadas enteras, la maquinaria estatal humilló a todo un pueblo con propagandas en contra, haciéndolos sentir miserables y culpándolos de las muertes. Los poderes fácticos se limpiaron las manos, dejando una cicatriz profunda que ninguna disculpa oficial tardía podrá borrar jamás en la memoria de los familiares.
Con este historial de cinismo sobre el lomo, los scousers tienen muy en claro quiénes son los verdaderos criminales de traje y corbata. Entienden a la perfección el calvario de Argentina y se identifican como víctimas del mismo verdugo de la corona que derramó sangre inocente en las aguas del Atlántico Sur.
Ven un paralelismo innegable entre su propio sufrimiento y la cobardía del gobierno pirata que mandó a masacrar a 323 mártires del Crucero ARA General Belgrano. Son dos pueblos distintos y lejanos, pero hermanados por el dolor y el odio irrenunciable hacia la impunidad que siempre garantizó la tan alabada Dama de Hierro.
Lo que tenés que saber sobre esta rebelión:
Orgullo rebelde: La ciudad repudia a la realeza, silba el himno y adopta la identidad scouser en rechazo total al establishment británico.
Mentira oficial: Padecieron años de operetas donde el Estado los culpó por las muertes en la tribuna para encubrir la negligencia policial.
El mismo asesino: Reconocen que su calvario histórico y el crimen de guerra en Malvinas fueron obra de la misma cobardía gubernamental.
Sturzenegger cruzó a Peter Shilton: "La persona que más odia a los argentinos soy yo" pic.twitter.com/hZVpIFnRng
— Revista Barcelona (@revisbarcelona) July 13, 2026