El histórico punto de encuentro de las pasiones argentinas amaneció convertido en un fortín de metal y asfalto. De cara a la semifinal de la Copa del Mundo 2026 que disputarán las selecciones de Argentina e Inglaterra en Atlanta, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, conducido por Jorge Macri, en sintonía con las directivas del Ministerio de Seguridad de la Nación bajo la órbita de Javier Milei, dispuso un riguroso operativo cerrojo sobre el Obelisco.
La instalación de un masivo e impenetrable vallado perimetral en la noche del martes sorprendió a los vecinos y desató inmediatas muestras de repudio ante lo que se percibe como una virtual expropiación del espacio público.
El despliegue de seguridad conjunta movilizará de forma activa a casi un millar de efectivos policiales, apoyados por camiones hidrantes, infantería y unidades de dispersión táctica que ya custodian las inmediaciones de la Avenida 9 de Julio.
Para las autoridades de la Ciudad y de la Nación, el dispositivo de carácter preventivo tiene como único fin ordenar el flujo de peatones y resguardar el mobiliario urbano de eventuales desmanes.
Sin embargo, para miles de hinchas y familias que pretendían congregarse a alentar y celebrar una eventual clasificación a la gran final, la puesta en escena constituye una provocación innecesaria.
“Piensan que el Obelisco es de ellos y actúan como enemigos declarados de la alegría popular, listos para amordazar la felicidad de un pueblo”, fustigaron desde diversos colectivos sociales de la Ciudad.
La fisonomía del centro porteño se vio drásticamente alterada a horas del trascendental cruce mundialista. El operativo conjunto impuso un severo bloqueo al tránsito vehicular y peatonal que afecta de lleno la vida cotidiana de miles de laburantes y transeúntes. Entre las medidas más restrictivas dispuestas por las carteras de seguridad se destacan:
Corte total en Avenida Corrientes: El bloqueo de tránsito se ejecuta de manera total desde la altura de la calle Callao hasta el Bajo porteño, obligando a los conductores a tomar desvíos de emergencia.
Perímetro militarizado: Las inmediaciones del monumento amanecieron rodeadas por un cordón de vallas de alta resistencia que impiden el contacto directo de los simpatizantes con la base de la estructura.
Presencia intimidatoria: Vecinos de la zona denunciaron el posicionamiento preventivo de carros hidrantes y contenedores con gases lacrimógenos en las calles laterales, configurando un escenario de inusual hostilidad previo al pitazo inicial del partido.
La magnitud del cerco montado por la gestión de Jorge Macri y el Gobierno de Javier Milei reinstala el histórico debate sobre los límites del control estatal ante las manifestaciones masivas.
La decisión de las administraciones de blindar preventivamente el corazón urbano de la Argentina es leída como un síntoma de debilidad y temor institucional ante el desborde de las masas en las calles.
Con el vallado ya consolidado, el microcentro de Buenos Aires aguarda el resultado deportivo bajo una atmósfera de tensa calma, donde el derecho a la celebración comunitaria quedó restringido a las directrices de los ministerios de seguridad.
Operativo conjunto: El GCBA de Jorge Macri y las fuerzas federales de Javier Milei coordinaron el despliegue para bloquear la tradicional zona de festejos.
Vallas y cerrojos: El Obelisco amaneció completamente cercado por estructuras metálicas de contención que restringen el libre tránsito peatonal.
Caos en el microcentro: Se dispuso el corte absoluto de la Avenida Corrientes desde Callao, forzando desvíos masivos que paralizan la actividad comercial.
Gases e hidrantes: Organizaciones de derechos humanos denunciaron la colocación estratégica de armamento represivo para amedrentar a las familias de los hinchas.
Miedo a la calle: Opositores señalan que el exagerado despliegue policial evidencia el pánico oficialista a cualquier tipo de congregación masiva que escape al control discursivo.