jueves 16 de julio de 2026 - Edición Nº5612

Política | 16 Jul

El mundial de la distracción

Milei aprovechó el partido de Argentina vs. Inglaterra para armar la Justicia su conveniencia

10:56 |En otra clara muestra de que todo el discurso electoral anti casta de Javier Milei era una mentira; decidió por decreto la designación de Ana María Cristina Juan como titular del Juzgado Federal de Hurlingham. ¿Quién es? La esposa del juez Marcelo Martínez De Giorgi, el magistrado que tiene en sus manos la causa $LIBRA.


Mientras el país entero contenía la respiración y los ojos de millones seguían hipnóticamente la pelota en el cruce entre Argentina e Inglaterra, el gobierno de Javier Milei eligió el terreno de las sombras para avanzar con una pieza clave en su ajedrez judicial. Con la atención de la opinión pública secuestrada por el fútbol, se oficializó en el Boletín Oficial la designación de Ana María Cristina Juan como titular del Juzgado Federal de Hurlingham. No es un nombramiento más; es una jugada que huele a vieja política, vestida con las ropas de una supuesta renovación institucional.

La elección del momento no parece casualidad, sino estrategia pura. El oficialismo conoce bien el valor de la distracción. En el instante exacto en que la efervescencia deportiva garantizaba que nadie pondría el foco en la letra chica de la administración pública, se firmó el decreto que pone en marcha una estructura judicial, el juzgado de Hurlingham, que ni siquiera estaba operativo.

El ruido, sin embargo, es ensordecedor para quienes observan el tablero de Comodoro Py. Ana Juan no es una improvisada —su trayectoria en el fuero es extensa y técnica—, pero su identidad está indisolublemente atada a un vínculo conyugal que hoy representa un conflicto de interés insostenible: es la esposa del juez Marcelo Martínez De Giorgi, el magistrado que tiene en sus manos la causa $LIBRA, uno de los expedientes más calientes y sensibles para el presente político del Presidente.

Cuando el Ejecutivo nombra a la esposa de un juez que debe decidir sobre sus propios intereses, la línea que separa la institucionalidad de la complicidad se vuelve peligrosamente difusa. Aunque el Gobierno intentará escudarse en el rigor técnico de la carrera judicial de la flamante magistrada, la percepción pública —y en materia de justicia, la percepción es casi tan determinante como la ley— es que estamos ante un mensaje cifrado. Es una señal directa enviada a los tribunales, un recordatorio de quién nombra y quién otorga ascensos en medio de una causa que ha debilitado, curiosamente, la posición de las querellas bajo la tutela de Martínez De Giorgi.

Milei llegó al poder bajo la promesa de dinamitar los privilegios de la "casta" y transparentar el vínculo viciado entre el poder político y el judicial. Sin embargo, con este movimiento, el Gobierno parece haber adoptado el manual más rancio de la política vernácula. La institucionalidad no se fortalece con designaciones estratégicas en el tiempo de descuento, sino con la garantía de una imparcialidad que ni siquiera genere dudas.

Al final del día, lo que queda expuesto no es solo el nombramiento de una jueza, sino la fragilidad de un compromiso democrático que se desmorona ante la conveniencia coyuntural. Mientras el hincha celebraba, el poder consolidaba sus defensas. Una vez más, la política argentina demuestra que sabe aprovechar la distracción popular para blindarse, dejando al desnudo que, a pesar de los discursos grandilocuentes, las viejas formas de manipular el poder judicial siguen vivas y coleando en los despachos oficiales. La causa $LIBRA será, a partir de ahora, el termómetro para medir qué tan profundo llegó este mensaje.

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