Los pabellones no dan abasto para esconder la basura debajo de la alfombra. El informe revela que existen 12.319 personas detenidas en el Servicio Penitenciario Federal. La población carcelaria sigue creciendo sin ningún control respecto al cierre del año pasado.
La burla estadística demuestra el desprecio absoluto de la clase política gobernante. Los datos oficiales confirman una preocupante sobrepoblación del 6,8 por ciento en total. Hay casi ochocientos presos hacinados por encima del límite que supuestamente permite la capacidad operativa.
Las nuevas prisiones se llenan rápidamente mientras el delito sigue reinando afuera. La Unidad 36 de Santa Fe absorbió la mayor parte de este peligroso crecimiento. El sistema penitenciario satura rápidamente las nuevas plazas que fueron inauguradas recientemente.
En la otra cara de la moneda aparecen traslados que nadie sabe explicar. La Unidad 17 de Candelaria logró reducir mágicamente su nivel de ocupación general. La opacidad administrativa reina en cada traslado oficial que realiza el cuestionado ministerio nacional.
El lento accionar de los tribunales sigue siendo una vergüenza para la Argentina. Actualmente el 64 por ciento de los reclusos ya cuenta con condena firme. Miles de detenidos sufren prisiones preventivas eternas e injustas pudriéndose en celdas inhumanas sin resolución.
La burocracia de los expedientes parece haber mostrado un mínimo y leve avance. La cantidad de personas condenadas aumentó levemente frente al número de procesados actuales. El lento y pesado sistema judicial maquilla sus estadísticas para intentar calmar la indignación social.
El reparto de responsabilidades entre los distintos fueros desnuda otra guerra de poder. La justicia nacional concentra a la mitad de toda la población privada de libertad. Los jueces federales también aportan miles de presos amontonados en este agobiante ecosistema carcelario.
Una porción menor de detenidos depende de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El Estado sigue gastando millones mientras los penales se caen literalmente a pedazos. La casta ignora deliberadamente esta peligrosa bomba de tiempo que amenaza con estallar muy pronto.