¡Atención, agentes de la sombra! ¡Abran los ojos, sicarios del mundo! Si usted, por esas casualidades de la vida, está infiltrado en una banda narco de alta peligrosidad, durmiendo en un galpón húmedo y comiendo sándwiches de mortadela vencida para no levantar sospechas, tengo una noticia que le va a alegrar el día: su jefa ya se encargó de presentarlo en sociedad.
Así como lo lee. La Ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, esa entusiasta de las herramientas digitales y la inteligencia moderna, decidió que la discreción está sobrevalorada. En un alarde de modernidad, el Ministerio de Seguridad, con la sutileza de un elefante en un bazar, publicó en X (ex Twitter) las fotos del Curso de Agentes Encubiertos. ¿El detalle? Un "pequeño" descuido: las caras de los futuros 007 criollos estaban más expuestas que un político en campaña prometiendo bajar la inflación.
La lógica es brillante, casi tanto como la de poner un cartel de neón que diga "Aquí trabaja un espía" en la puerta de la Side. Porque, claro, el ABC del agente encubierto es justamente el anonimato. Si el rostro de quien debe infiltrarse en el submundo del delito es público, el único riesgo que corre el agente es el de tener que pedir un traslado urgente a una isla desierta, preferiblemente sin internet.
El Ministerio, en un ataque de "tranqui, que no pasa nada", salió a explicar que los verdaderos agentes estaban mirando todo por Zoom. ¡Ah, bueno! Nos quedamos tranquilos. Entonces, los que estaban ahí posando para la foto con la Ministra eran... ¿hologramas? ¿dobles de riesgo? ¿figurantes contratados en una agencia de casting para darle épica al acto? Porque si eran alumnos de la escuela de inteligencia, el daño operativo es tan grande que da para escribir un manual de lo que no hay que hacer en la gestión pública. La famosa "selfie" que borraron a las apuradas ya era tarde: en la era de la captura de pantalla, lo que se sube, queda.
Es una postal maravillosa de nuestra gestión actual. Por un lado, tenemos un discurso cargado de testosterona, donde se habla de "reveladores digitales", identidades falsas, bases del RENAPER y avatares que patrullan la deep web como si estuviéramos en Matrix. Queremos ser la CIA, queremos el Mossad, queremos la sofisticación tecnológica. Pero, por el otro, se nos olvida ponerle un filtro de desenfoque a las caras de los muchachos que, se supone, van a jugarse la vida para desbaratar bandas.
¿Querían profesionalización? Ahí la tienen: una clase magistral de cómo quemar a tu propia gente antes de que empiecen el primer día de laburo. Mientras el Estado recorta por acá y ajusta por allá, invierte alegremente en formar agentes de inteligencia para después, en un acto de puro narcisismo comunicacional, exponerlos como si fueran participantes de un reality show.
Al final, la "seguridad" parece ser una cuestión de imagen. Lo importante no es que el operativo salga bien, sino que la foto salga en el feed. ¡Qué sigan los éxitos, Ministra! A este paso, para la próxima capacitación, directamente van a transmitir la infiltración en vivo por TikTok. Así, al menos, el crimen organizado nos va a poder seguir con el hashtag #SinFiltro.