El escenario laboral en la Argentina expone una grieta irreversible. No se trata únicamente de los vaivenes macroeconómicos o de la inflación que erosiona el bolsillo, sino de un cambio de paradigma estructural en el aparato productivo. El tablero del empleo local cruje bajo la presión de una digitalización furiosa que trepa por todas las ramas de la producción sin pedir permiso.
Según el último informe semestral de la consultora Ceta Capital Humano, las búsquedas laborales operativas tal como se conocían hasta hace un par de años han quedado obsoletas.
Lejos de extirparse las posiciones de planta, lo que se extinguió es la mano de obra sin formación técnica. La automatización, los brazos robóticos y los sistemas informáticos integrados desplazaron de raíz al esfuerzo físico puro.
Hoy, quien no sepa interpretar datos o comandar tableros digitales queda lisa y llanamente fuera del mapa.
El monocultivo tecnológico penetró de lleno en los talleres e industrias. Desde las mesas de selección de personal, Soledad Curbelo, coordinadora de Reclutamiento y Selección en Ceta Capital Humano, graficó con dureza el fenómeno: la clave del mercado no pasa hoy por contratar talentos traídos de afuera —que además escasean—, sino por la reconversión forzada del propio personal a través del denominado upskilling corporativo.
Las empresas apuestan fuertemente a capacitar internamente a su personal para evitar el apagón operativo.
"Hay puestos disponibles que no siempre se logran cubrir por falta de capacitación específica", advirtió Curbelo, marcando la urgencia de reconfigurar las viejas categorías gremiales que quedaron encorsetadas frente a líneas de montaje hiperconectadas. Si un obrero no comprende la interacción de los sistemas con la máquina, la cadena de producción se frena.
El informe de Ceta devela además una disparidad salarial abismal dentro del propio territorio nacional. En el escalón más acelerado de las incorporaciones se ubica la logística veloz, empujada por el e-commerce, la agroindustria y los frigoríficos.
Allí, la vorágine por abastecer pedidos redujo los procesos de contratación a menos de 72 horas para roles como pickers, clarkistas y operadores de depósito.
Sin embargo, los sueldos que de verdad marcan la diferencia se concentran en los enclaves extractivos del país. En el Sur, la fiebre hidrocarburífera de Vaca Muerta paga sueldos de privilegio para perfiles técnicos altamente especializados que llegan a superar los $10 millones mensuales, configurando una suerte de burguesía petrolera.
Paralelamente, en el NOA, el boom del litio tracciona una demanda feroz de geólogos y técnicos electromecánicos. Muy lejos de esas cifras astronómicas, el promedio salarial pretendido a nivel nacional para puestos semi senior apenas roza los $1,78 millones, dejando en evidencia la brecha que separa a los sectores ultraespecializados del resto de la masa trabajadora que intenta sobrevivir al costo de vida.