La política de vaciamiento sistemático aplicada por la administración central no conoce de grises cuando se trata de desfinanciar áreas estratégicas. Con una reducción nominal y real que destruyó el 56% del presupuesto en Ciencia, los laboratorios, universidades y organismos de investigación quedaron reducidos a su mínima expresión.
Los científicos de primera línea y los becarios posdoctorales del Conicet advierten que las desvinculaciones masivas están a la vuelta de la esquina, acompañadas por un cóctel explosivo de salarios de miseria, demoras criminales en los concursos y la supresión de prestaciones médicas básicas.
El relato oficial de la eficiencia choca de frente con la cruda realidad de pasillos oscuros, presupuestos congelados y profesionales que evalúan hacer las valijas para emigrar.
El conflicto escaló de temperatura en los últimos días cuando la motosierra golpeó de lleno en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) tras la masiva no renovación de contratos.
Ante la negativa oficial de retrotraer las cesantías, los trabajadores nucleados en ATE decidieron copar el edificio central en una protesta desesperada que expuso el nivel de hartazgo en las dependencias estatales.
La respuesta del poder central no tardó en llegar: un feroz operativo de desalojo policial para limpiar las instalaciones y disolver el reclamo a fuerza de porra y empujones.
Mientras los burócratas de Balcarce 50 miran para otro lado, la calle se transforma en un polvorín donde la motosierra ya no corta privilegios, sino que decapita el trabajo y la soberanía tecnológica argentina.
