Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro por iniciativa de la Federación Mundial de Neurología, poniendo el foco este año en el lema de salud cerebral y acceso equitativo.
Según la Organización Mundial de la Salud, la salud cerebral abarca el funcionamiento cognitivo, sensorial, socioemocional, conductual y motor para que cada persona desarrolle su máximo potencial.
La doctora Virginia Pujol Lereis, jefa de Neurología Vascular de Fleni, advierte que las enfermedades vasculares, los trastornos neurodegenerativos y los déficits nutricionales amenazan la calidad de vida si no se previene a tiempo.
El desarrollo cognitivo no arranca en la adultez ni depende únicamente de decisiones aisladas en el presente, sino que hunde sus raíces en la primera infancia. En ese sentido, la doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infanto Juvenil de Ineco, destaca que el juego, los vínculos seguros, el sueño y una buena alimentación sientan las bases de todas las capacidades emocionales. Por su parte, la doctora María Roca, directora de INECO Organizaciones, subraya que en el ámbito laboral moderno seis de las diez habilidades del futuro son habilidades cerebrales, obligando a replantear la forma en que trabajamos y producimos.
Para el doctor Guido Dorman, jefe del Departamento de Neurología Cognitiva de Ineco, la salud mental forma parte indiscutible de la salud cerebral, ya que el estrés permanente o un cuadro depresivo no tratado destruyen las conexiones neuronales. El aprendizaje continuo mediante desafíos intelectuales como aprender un idioma o tocar un instrumento favorece la plasticidad neuronal durante todas las etapas de la vida sin importar la edad. Además, la actividad física regular y el control estricto de factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes o el tabaquismo blindan tanto al sistema cardiovascular como al cerebro.
El cerebro humano representa apenas el 2% del peso corporal pero consume aproximadamente el 20% de la energía de todo el cuerpo, dependiendo fundamentalmente de la glucosa y de nutrientes específicos. Desde Stanford Lifestyle Medicine, un programa de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, detallan que los ácidos grasos omega-3 presentes en pescados y frutos secos son esenciales para la estructura neuronal y la memoria. A su vez, los antioxidantes de las frutas y verduras coloridas frenan el estrés oxidativo, mientras que las vitaminas del grupo B protegen contra la pérdida de memoria y los trastornos del estado de ánimo.
Los especialistas respaldan tres patrones alimentarios fundamentales para optimizar el funcionamiento neuronal y reducir el riesgo de demencia: la clásica dieta mediterránea, la dieta MIND —que combina la mediterránea con la DASH para frenar la hipertensión y preservar la materia gris— y el esquema de alimentación antiinflamatoria recomendado por la licenciada Natalia Antar. Como complemento indispensable, investigadores del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional y de la Universidad Católica de Cuyo impulsan la Encuesta Federal de Salud Cerebral para relevar los hábitos de los argentinos en la plataforma online de la institución.