La política argentina volvió a ofrecer un espectáculo de cinismo e impunidad que avergüenza a la sociedad. En un rapto de reaparición mediática desde el confort del Viejo Continente, el expresidente Alberto Fernández reapareció en las páginas del diario español El País para despacharse con durísimas descalificaciones personales y conceptuales hacia la figura y la gestión económica del actual mandatario, Javier Milei.
Sin embargo, la movida del exjefe de Estado —que intenta posicionarse como un fiscal crítico del modelo libertario— choca de frente con la memoria de un pueblo que no olvida la destrucción económica de su mandato, las fiestas clandestinas en la Quinta de Olivos durante el encierro y el vaciamiento moral del peronismo que terminó abriéndole las puertas de par en par a la ultraderecha.
En su reaparición, Alberto Fernández intentó desarticular una de las grandes falacias fundacionales de la narrativa oficialista.
"El presidente que tenemos asumió diciendo que la Argentina iba a tener una inflación de 17.000%", disparó, cuestionando los números inflados con los que la administración de La Libertad Avanza justificó la aplicación del hachazo sobre las jubilaciones, los salarios y la obra pública.
Acto seguido, el exabogado acusó a Milei de construir su perfil intelectual a base de plagios sistemáticos y herramientas de inteligencia artificial, rematando con un insulto sin filtro que encendió la pólvora en redes: "Es un pobre imbécil que dice cosas que yo creo que tiene un problema psiquiátrico".
La respuesta de la Casa Rosada no se hizo esperar. Lejos de debatir los números de la recesión o el costo de la canasta básica, el aparato de troles y la infantería digital oficialista montaron un festín con las declaraciones del exmandatario.
Para la mesa chica de Milei, los exabruptos de Fernández son un regalo del cielo: permiten desempolvar los escándalos judiciales y éticos de la gestión anterior para desviar la atención de un modelo económico que sigue destruyendo el consumo de las familias en La Plata, Berisso, Ensenada y todo el territorio nacional.
Dentro del propio espacio opositor, las palabras de Fernández generaron un profundo malestar y un ruidoso distanciamiento. Ningún dirigente con peso territorial o responsabilidad de gestión en las provincias sale a poner las manos en el fuego por un dirigente que abandonó el país tras dejar una inflación desbocada y una crisis de representación inédita.
"Usan al pato rengo para hacer ruido y tapar el desastre de Caputo mientras la economía real se achica día a día", refunfuñan por lo bajo en los despachos donde la prioridad es sostener el plato de comida de los vecinos y no la rosca de salón desde Europa.
En definitiva, la pelea de agravios entre el inquilino actual de Balcarce 50 y su antecesor devela la naturaleza de una grieta que resulta sumamente lucrativa para las cúpulas del poder, pero destructiva para la gente de a pie que lucha por llegar a fin de mes.
La falacia del 17.000%: Alberto Fernández volvió a poner el foco en cómo el relato oficial hiperinfló las proyecciones de inflación para legitimar el ajuste del gasto público.
Denuncias de plagio con IA: El exmandatario insistió en que la producción académica del actual Presidente carece de rigor y utiliza de forma ilícita textos ajenos y herramientas digitales.
El uso político del fantasma peronista: En Balcarce 50 celebran la reaparición de Fernández porque les permite polarizar con la peor cara del pasado y evitar la discusión sobre la recesión.
El hartazgo en los barrios: En los comedores y calles de la región bonaerense, la disputa verbal entre los líderes de la grieta genera indignación ante la falta de soluciones reales para el bolsillo.