martes 28 de julio de 2026 - Edición Nº5624

Política | 27 Jul

A 24 años de la muerte del Drácula argento

La fascinante y oscura historia de Galimberti: jefe montonero, espía de SIDE y CIA y socio de sus víctimas

En esta nota vas a adentrarte en la que, sin lugar a dudas, es la historia biográfica más extraordinaria, descarnada y bizarra de la política argentina contemporánea. Te contamos al detalle la vida y obra del ex jefe montonero que vive como un millonario de ultra derecha.


Rodolfo Galimberti es un sobreviviente extremo que lo abarcó absolutamente todo: fue nacionalista católico, dirigente de la izquierda peronista, jefe militar montonero, combatiente voluntario de la OLP en Medio Oriente, operador político, empresario mediático y asesor inorgánico de la SIDE.

Todo para terminar sus días en la cresta de la ola del menemismo, casado con la aristocracia en Punta del Este y asociado comercialmente a la misma familia que él había secuestrado. Su vida permite, como ninguna otra, seguir la transformación de una parte del peronismo revolucionario de los años 70 hacia los exclusivos círculos de poder y negocios de los años 90.

¿Héroe de una generación masacrada o el mayor exponente de la hipocresía nacional?

La radiografía de un sobreviviente implacable:

  • Nacido en las filas del nacionalismo católico de extrema derecha (Tacuara), mutó a líder absoluto de la Juventud Peronista, desafió a Juan Domingo Perón proponiendo milicias armadas y se convirtió en jefe de la Columna Norte de Montoneros.

  • Fue el estratega del secuestro de los hermanos Born, cobrando un rescate récord histórico de 60 millones de dólares, para luego en los años 90 terminar siendo íntimo amigo y socio de Jorge Born.

  • Tras combatir en el Líbano y sobrevivir al exilio, protagonizó la millonaria estafa televisiva de Hard Communication junto a Jorge "Corcho" Rodríguez y Susana Giménez, y operó como lobista para los servicios de inteligencia.


De San Antonio de Padua al portazo del General


La trayectoria de Rodolfo Gabriel Galimberti es el espejo exacto donde se reflejan las peores contradicciones de la Argentina. Nació el miércoles 7 de mayo de 1947 y creció en el seno de una familia de clase media de San Antonio de Padua.

Su matriz formativa estuvo fuertemente signada por la figura de su padre, quien había tenido una formación estricta vinculada a la Armada, inculcándole en el hogar una combinación asfixiante de catolicismo y nacionalismo.

Durante su adolescencia, ese combo lo acercó lógicamente al nacionalismo de extrema derecha, militando activamente en el Movimiento Nacionalista Tacuara, una organización juvenil de fuerte impronta católica y anticomunista que atravesaría luego una evolución ideológica sumamente compleja.

De ese caldo de cultivo surgieron jóvenes que, paradójicamente, tomarían caminos políticos totalmente opuestos en la década siguiente. Fiel a su capacidad de lectura del escenario, Galimberti fue evolucionando hacia un nacionalismo popular y terminó fundando la Juventud Argentina para la Emancipación Nacional (JAEN). En ese nuevo espacio llegó a coincidir con militantes que tendrían trayectorias muy distintas, entre ellos Carlos "Chacho" Álvarez, más tarde vicepresidente de la Nación.

Su generación estaba marcada a fuego por una convicción inamovible: el sistema político surgido tras el derrocamiento de Perón por la Revolución Libertadora en 1955 era ilegítimo, y el retorno del peronismo era la única vía para transformar el país. Para Galimberti, como para miles de jóvenes, Perón era el líder indiscutido de ese proceso.

En los primeros años de la década del 70, su ascenso dentro de la Juventud Peronista fue meteórico. Su enorme capacidad de liderazgo, sumada a un carácter vehemente y explosivo, hicieron que llegara a ocupar una posición excepcional para alguien tan joven. El poder acumulado fue tal que el mismísimo Perón, desde su mítico exilio en Madrid, lo designó oficialmente como uno de sus representantes y delegados ante la Juventud Peronista.

Pero la luna de miel con el líder histórico duró muy poco. En 1973, poco después del abrumador triunfo electoral de Héctor Cámpora (el 11 de marzo), Galimberti cruzó una línea roja sin retorno: hizo declaraciones públicas a favor de la formación de "milicias populares peronistas". La propuesta era extremadamente provocadora e inaceptable para un Perón que estaba intentando recuperar el control total del movimiento y avanzar hacia una salida institucional ordenada. El General consideró que el joven estaba actuando deliberadamente por fuera de su estrategia, lo convocó de urgencia a Madrid y lo apartó fulminantemente de su función como delegado juvenil.

Ese tenso episodio es fundamental porque anticipa las características centrales de la personalidad de Galimberti: era un hombre de enorme audacia y ambición política, pero con una marcada y peligrosa tendencia a actuar por cuenta propia y desacatar las conducciones. Durante los meses siguientes al retorno del General a la Argentina, la relación entre Perón y Montoneros se deterioró irremediablemente, culminando en la histórica ruptura pública del 1 de mayo de 1974 en Plaza de Mayo. El joven que había sido un dirigente cercano al líder, terminó convirtiéndose en uno de los cuadros operativos de la organización armada que lo desafiaba.


La Columna Norte, la sangre y el secuestro de los 60 millones


Integrado de lleno y de manera orgánica a Montoneros, el peso específico de Galimberti no paró de crecer dentro de la estructura militar de la guerrilla. Se erigió como uno de los dirigentes máximos de la Columna Norte, una de las estructuras territoriales más importantes y letales de la organización, con gran actividad en la acaudalada zona norte del Gran Buenos Aires. Era una maquinaria territorialmente muy fuerte, dotada de cuadros políticos y militares pesados, tupidas redes clandestinas y un acceso privilegiado a los sectores empresariales del más alto nivel adquisitivo.

El hito criminal que lo consagró como una figura central de la cúpula montonera fue la autoría intelectual del espectacular secuestro de Juan y Jorge Born, directivos del gigantesco grupo empresarial Bunge & Born. El golpe comando, autodenominado "Operación Mellizas", se ejecutó la mañana del 19 de septiembre de 1974 en La Lucila. En la brutal emboscada a plena luz del día fueron acribillados el chofer Juan Carlos Pérez y el gerente Alberto Bosch Luro.

El secuestro extorsivo le rindió a la guerrilla el botín más grande de la historia mundial pagado hasta ese entonces: 60 millones de dólares (unos 350 millones a valor actual). Las cifras exactas de los billetes suizos, la triangulación del dinero hacia La Habana a través del banquero David Graiver y el destino final de una gran parte de esos fondos han sido objeto de controversias, mitos e investigaciones judiciales durante cinco décadas.


Las críticas a la cúpula, la OLP y el trágico amor de Julieta Bullrich


A medida que avanzaba 1975, el agudo instinto de supervivencia de Galimberti comenzó a cuestionar severamente la estrategia de la conducción nacional de Montoneros, liderada por Mario Firmenich. Su disidencia tenía varios componentes: advertía que la organización se estaba alejando peligrosamente de la militancia territorial y de las bases sociales del peronismo; criticaba la centralización asfixiante del poder en la cúpula y repudiaba la creciente militarización del espacio, que empujaba a los militantes a una masacre segura frente al aparato represivo del Estado.

Tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, huyó de Argentina. Desde el exterior, él y otros disidentes de peso (entre ellos el reconocido escritor y poeta Juan Gelman), criticaron con dureza la delirante decisión de la cúpula de lanzar la llamada "Contraofensiva Montonera" entre 1979 y 1980. Ese atrevimiento intelectual le valió ser juzgado en rebeldía por un tribunal revolucionario y condenado a muerte por "traición" por sus antiguos compañeros de armas.

En este punto del exilio entra en juego una relación afectiva que, décadas después, tendría una enorme importancia en los pasillos de la política. Galimberti fue pareja de Julieta Bullrichhermana de la actual senadora y exministra de Seguridad, Patricia Bullrich—, una joven que había comenzado a militar en el peronismo juvenil durante su adolescencia y estaba estrechamente vinculada al ambiente de la JP y de Montoneros (donde Patricia operaba bajo el alias de "Carolina").

Galimberti fue una figura de referencia absoluta para ella, y su intenso vínculo hizo que ambas familias y círculos políticos quedaran estrechamente conectados en la clandestinidad europea. Lamentablemente, la historia de amor terminó en una tragedia feroz: Julieta Bullrich falleció a los 28 años, en agosto de 1983, en un violento accidente de tránsito en las afueras de París, cuando viajaba de acompañante en un vehículo conducido a toda velocidad por el propio Galimberti.

Su pragmatismo bélico no conoció fronteras durante aquellos años oscuros. Exiliado y sin red, tuvo contacto fluido con organizaciones palestinas, viajó al Líbano y llegó a integrarse como combatiente voluntario recibiendo instrucción militar en estructuras vinculadas a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat. Aún a miles de kilómetros, comenzó a preparar su retorno a la Argentina durante los últimos estertores de la dictadura militar.


El regreso, la SIDE, el pacto con Born y el jet set menemista


Con la ansiada recuperación democrática en 1983, regresó al país y trató de reconstruir una corriente política propia, creando espacios y revistas de lo que el microclima bautizó como el "galimbertismo": un intento de recuperar una visión nacional y popular del peronismo, pero despegándose definitivamente del modelo de Montoneros.

En 1988 participó en la creación del Ateneo General Juan José Valle, un espacio donde confluyeron dirigentes de diferentes trayectorias del peronismo y donde empezó a germinar una conexión cada vez más fuerte con el naciente sector político de Carlos Saúl Menem.

Ya en los años 90 y con el menemismo instalado en la Casa Rosada, la transformación de Galimberti fue total. Se calzó trajes de marca y tejió vínculos inorgánicos directos con la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).

Su profundo conocimiento del mundo clandestino, sus invaluables contactos internacionales en Medio Oriente y Europa, y su experticia política lo convirtieron en un personaje sumamente atractivo para los oscuros servicios de inteligencia del Estado (e incluso para la propia CIA, con quien también colaboró).

Pero el episodio más cínico, impúdico y sorprendente de su biografía estaba a punto de ocurrir. En plena década de la pizza con champán, el ex guerrillero se reencontró cara a cara con Jorge Born. El antiguo secuestrador y su antiguo secuestrado limaron asperezas en una cumbre secreta, comenzaron una relación fluida que terminó transformándose en una gran amistad y, finalmente, se convirtieron en socios empresariales (creando la agencia de seguridad Universal Control, buscando paradójicamente rastrear los millones del rescate robado en los 70). Es imposible encontrar en toda la historia política argentina una transformación moral tan radical.

El broche de oro de su mimetización con el establishment lo dio al casarse con Dolores Leal Lobo, una joven perteneciente a una familia tradicional y muy acomodada. La fastuosa boda tuvo lugar en el exclusivo balneario de Punta del Este. Entre los invitados de etiqueta paseaban personajes que representaban mundos que, durante los años 70, habían estado en bandos matándose a tiros.

El mismísimo Jorge Born estuvo presente brindando en la fiesta; también asistieron espías vinculados a organismos de inteligencia y hasta investigadores judiciales que habían participado en la pesquisa de su propio secuestro.

La degradación de sus últimos años lo encontró protagonizando las portadas del espectáculo. Fue socio del empresario Jorge "Corcho" Rodríguez (por entonces pareja de Susana Giménez) y de Jorge Born en la firma Hard Communication.

A través de esa empresa, estuvieron directamente involucrados penalmente en la multimillonaria estafa de los sorteos telefónicos "0800" (el concurso "Su Llamado") emitidos en el programa de la diva televisiva. Facturaron más de 18 millones de dólares a costa de la ingenuidad de la audiencia y de la Fundación "Felices los Niños" del padre Julio Grassi, que apenas recibió el 2% de lo recaudado. Los tres terminaron procesados por administración fraudulenta.


El personaje que unió a las cuatro Argentinas


Rodolfo Galimberti falleció en la más absoluta impunidad a los 55 años, el 25 de julio de 2002, por una ruptura de la aorta abdominal mientras era operado en la clínica San Lucas de San Isidro (había ingresado con una identidad falsa por cuestiones de seguridad).

Tal como detallan los analistas políticos, Galimberti no fue un caso aislado de reciclaje ideológico, pero sí fue el más extremo. La mejor forma de entenderlo es como un personaje cuasi mitológico de transición entre cuatro Argentinas completamente distintas:

  1. La primera es la Argentina del nacionalismo católico y del peronismo proscripto, donde forjó su rebeldía juvenil en Tacuara.

  2. La segunda es la Argentina revolucionaria de los años 70, donde una parte de la juventud peronista creyó ciegamente que la lucha armada podía producir una transformación social, regando las calles de sangre.

  3. La tercera es la Argentina de la dictadura y el exilio, cuando esa generación diezmada se fragmentó entre quienes continuaron la lucha armada, quienes la abandonaron y quienes rompieron definitivamente con ella.

  4. La cuarta es la Argentina de Carlos Menem, donde antiguos enemigos comenzaron a cruzarse en nuevos y glamurosos espacios de poder, inteligencia, farándula y negocios.

Galimberti comenzó su carrera intentando radicalizar el peronismo y terminó participando como un operador letal de una estructura de poder vinculada al peronismo menemista. Secuestró a Jorge Born por una fortuna y terminó siendo su mejor amigo y socio VIP. Fue perseguido y torturado por el Estado represivo, y terminó trabajando para sus servicios de inteligencia. Fue condenado por "traidor" por Montoneros y, décadas después, terminó formando parte intocable del establishment.

Hay una biografía monumental escrita por los reconocidos periodistas Marcelo Larraquy y Roberto Caballero (Galimberti: de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA), que es indudablemente uno de los textos periodísticos mejor escritos y documentados sobre los 70, junto a las obras de María O'Donnell. El libro empieza con una escena que es una pintura inmejorable: en un restaurante de la zona norte, portando un revólver en la cintura, Galimberti les advierte a los autores que es “mucho mejor de lo que creen pero mucho peor de lo que imaginan. Soy el Drácula argentino”. Y la historia demuestra que no mentía.


El siguiente tuit fue inspiración de la nota que acabás de leer.


 

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