En medio de un clima político atravesado por la profundización de los discursos punitivistas y el repliegue de la inversión social del Estado, el municipio de San Isidro sacudió el escenario local al confirmar un giro drástico en sus políticas de prevención.
El intendente Ramón Lanús decidió incorporar directamente a la estructura civil a un ex hombre fuerte de las Fuerzas Armadas: el general retirado Jorge Berredo, quien asumirá la conducción de la seguridad comunitaria para imponer una impronta de disciplina vertical y doctrina castrense en el territorio.
La designación causa un hito de fuerte impacto político en el conurbano bonaerense. Berredo llega con un currículum caracterizado por la conducción del Comando Operacional de las Fuerzas Armadas y la coordinación de logística militar de alta complejidad, como la seguridad de procesos electorales y la evacuación de argentinos en zonas de conflicto bélico.
La apuesta del municipio es clara: sustituir el enfoque de prevención comunitaria por un comando de operaciones blindado para responder al incesante reclamo vecinal.
El desembarco militar en la trinchera municipal se produce tras el fin de la etapa liderada por José Sánchez Sorondo en la Secretaría de Seguridad, acompañado por el subsecretario Fernando Ruíz.
Aunque la gestión saliente mostraba números oficiales que pregonaban una reducción del 20% en delitos graves mediante el despliegue de la Patrulla Municipal y brigadas en zonas complejas como el barrio La Cava, la presión de los sectores más conservadores de la comuna terminó por acelerar el cambio de mando.
Para la gestión de Lanús, el objetivo pasa por amalgamar la red de cámaras de videovigilancia y la tecnología de patrullaje con el estilo de liderazgo castrense.
Sin embargo, especialistas en políticas públicas y seguridad ciudadana advierten sobre el riesgo estructural que implica trasladar la mentalidad de hipótesis de conflicto y combate militar al entramado urbano del conurbano, donde los problemas de fondo responden al deterioro socioeconómico, la falta de oportunidades y la exclusión.
La estrategia de confiar la caja más sensible de la comuna a un general curtido en cuarteles expone la desesperación de la política local por ofrecer respuestas de impacto efectista.
La articulación de las patrullas comunales con la Policía Bonaerense, la Gendarmería y la Justicia bajo una lógica de mando militar corre el peligro de traducirse en un estigmatización de las zonas vulnerables y un aumento del abuso de fuerza sobre los sectores más desprotegidos.
El éxito o el rotundo fracaso de esta apuesta militarizada no solo marcará el pulso de la gestión de Ramón Lanús en San Isidro, sino que sienta un antecedente peligroso para la gestión de la seguridad urbana en toda la provincia de Buenos Aires.
Perfil del flamante funcionario: Jorge Berredo cuenta con cuatro décadas de experiencia en las Fuerzas Armadas y condujo despliegues estratégicos de gran escala.
Justificación del intendente: Ramón Lanús busca blindar su perfil político mostrando "mano firme" frente a las exigencias de la clase media sanisidrense.
Riesgo en las libertades civiles: Distintos organismos alertan sobre la utilización de metodologías de inteligencia y control poblacional ajenas a la seguridad comunal.
El desafío de la coordinación: Resta ver si las fuerzas de seguridad provinciales y federales aceptarán someterse al mando táctico de una estructura militarizada a nivel municipal.