Mientras el gobernador Axel Kicillof recorre los medios llorando por la escasez de fondos nacionales y agitando la bandera de la emergencia financiera, su gestión se desnuda en su faceta más cínica, ineficiente y desidiosa. Lejos de la épica popular que tanto proclama, el mandatario bonaerense inauguró el “Modo Metegol”: una obscena contratación de $295.203.000 destinada a adquirir 117 mesas de metegol, jengas, tatetís y naipes bajo la excusa de combatir el uso de pantallas.
La provocación es insultante. Mientras Kicillof dilapida casi 300 millones de pesos en entretenimiento de salón, la realidad de las escuelas bonaerenses da vergüenza y asusta. Alumnos y docentes conviven a diario en establecimientos totalmente destruidos: instituciones enteras sin calefacción donde los chicos deben tomar clases abrigados con camperas y frazadas durante las olas polares; ventanas rotas parchadas con cartones; y baños inutilizables, colapsados, sin agua o directamente clausurados por falta absoluta de mantenimiento elemental. Es una burla macabra: gastan millones en metegoles mientras los chicos se congelan en las aulas sin estufas y sufren la desidia estructural.
Como si el abandono edilicio fuera poco, esta fiesta de millones contrasta de manera cruel con los sueldos miserables que perciben los docentes bonaerenses, a quienes el propio Kicillof ahoga mes a mes con salarios de pobreza, exigiéndoles malabares pedagógicos en aulas vetustas mientras él prefiere gastar el presupuesto en juguetes de salón.
¿Con qué cara el gobernador habla de derechos y educación pública cuando vacía el bolsillo de los maestros y abandona la infraestructura básica? La improvisación y el despilfarro demuestran que las prioridades de la administración provincial están divorciadas de las urgencias pedagógicas. En una provincia marcada por la pobreza infantil y una caída estrepitosa en los niveles de aprendizaje, la respuesta oficial es regalar fichas y metegoles.
Kicillof prefiere victimizarse ante la Nación y culpar a terceros de sus propias calamidades, ocultando una administración donde los fondos públicos se evaporan en ocurrencias demagógicas en lugar de garantizar sueldos dignos, techos seguros, estufas funcionando y sanitarios en condiciones. El programa con el que justifican este desatino no es más que la metáfora perfecta de un gobierno que vive flotando en las nubes, totalmente desconectado del sufrimiento cotidiano de docentes y alumnos en la tierra bonaerense.