Berisso es hoy, literalmente, el “lejano oeste” (aquel mote puesto por Hollywood a la despoblada, peligrosa y salvaje región norteamerican donde la ley y el orden no llegagaban nunca) y no por su ubicación geográfica respecto de CABA o su vecina, bella y poderosa La Plata, y menos aún por su hermanita menor Ensenada, llena de progreso y oportunidades.
Conocida como la Capital Provincial del Inmigrante, la ciudad de cien mil habitantes, cuna de los saladeros que dieron origen luego de los principales frigoríficos del país (Swift y Armour) se desangra por la ineptitud de su dirigencia política gobernante, en medio de una crisis inédita que combina los peores males posibles: falta de obras, inseguridad, funcionarios inútiles y corruptos, basurales eternos en cada esquina, oscuridad en las calles, y una lista enorme de otras anormalidades.
En ese marco, y para hacerle honor a nuestra descripción inicial cuando hablábamos del “lejano oeste”, un personaje bizarro y oscuro, portador de un microcerebro incapaz de distinguir una momia de una gaza, fue dotado de un poder ilimitadamente mayor al que está en condiciones de entender. Gabriel Antonio Marotte, un compadrito de poca monta y limitadísimos recursos de riña, ocupa la Secretaría de Seguridad municipal.
Desde semejante cargo, más digno de ser ocupado por un experto en la materia que por un salvaje iletrado, Marotte dejó en menos de tres meses dos señales inequívocas de su falta de idoneidad para ocupar espacios de poder. Esas señales no fueron atendidas ni por su jefe, el intendente Pan Triste ni por una comunidad tan golpeada y maltratada que le cuesta mucho sobreponerse y actuar.
El pasado martes 5 de mayo 2026, este personaje de historieta barata y limitadísimos recursos intelectuales, amenazó con trompear al concejal de su propio espacio y antecesor inmediato en el cargo de secretario de Seguridad, Federico Ruiz, en medio de una reunión de la comisión del HCD que trata los temas de su área, en pleno debate y delante de otros concejales, funcionarios municipales y taxistas que reclamaban mayor cuidado en las calles.
Fingiendo demencia y fiel a su estilo de patrón de estancia, el corrupto jefe comunal Fabián Cagliardi ignoró el hecho, mantuvo a Gabriel Marotte en su cargo y lo envalentonó más. Aquella actitud del jefe no hizo más que corroborar el apotegma urbano argento que reza “no hay peor cosa que un bruto empoderado”, basado en una frase magistral de Juan Domingo Perón que asegura que "el bruto siempre es peor que un malo, porque el malo suele tener remedio, el bruto no".
Por eso, no extraña que ayer este simio que habita en los árboles del "KM 0 del Peronismo", haya agredido a través de las redes sociales al director del principal medio de comunicación local (BerissoCiudad.com.ar), el licenciado Daniel Campillo, haciendo gala de una impunidad pocas veces vista en la política vernácula, con un estilo más propio del inadaptado social Javier Gerardo Milei que de un peronista.
Vaya entonces nuestro más enérgico repudio a semejante actitud patoteril y antidemocrática. Consideramos necesario y urgente que las fuerzas políticas y sociales de Berisso tomen este caso como un punto de inflexión para volver a los valores que una sociedad tan castigada pero al mismo tiempo tan digna como la berissense merece. Dejar pasar estas advertencias es sería trágico para el futuro de un pueblo tan querido y valorado por todos menos por sus dirigentes.
Desde BerissoCiudad expresamos nuestro más enérgico repudio a las expresiones agraviantes que el secretario de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de Berisso, Gabriel Marotte, dirigió contra el director de este medio a través de redes sociales.
El funcionario lo calificó de “mercenario” y lanzó acusaciones sin prueba alguna, en un claro intento de desacreditar nuestra labor periodística y la credibilidad de un medio que desde hace años informa sobre la realidad de Berisso con independencia y compromiso.
Lo más preocupante es que no se trata de un hecho aislado.
Hace apenas unos meses, el mismo funcionario protagonizó un grave episodio institucional durante una reunión de la Comisión de Transporte del Honorable Concejo Deliberante, donde, según trascendió públicamente, amenazó al concejal Federico Ruiz con la frase: “Te voy a cagar a trompadas”. Aquel hecho motivó un fuerte repudio y pedidos de explicaciones por parte de distintos sectores políticos y de la comunidad.
Hoy, esa misma forma de relacionarse vuelve a manifestarse. Ya no contra un concejal, sino contra un medio de comunicación y su director.
Cuando un funcionario público reemplaza los argumentos por los agravios, las descalificaciones y los ataques personales, deja de tratarse de una simple diferencia de opiniones. Se convierte en una conducta preocupante, impropia de quien tiene la responsabilidad de conducir una de las áreas más sensibles del Estado municipal.
No podemos naturalizar que un secretario de Seguridad utilice la violencia verbal como herramienta frente a quienes piensan distinto o ejercen el periodismo de manera crítica. Quien tiene la responsabilidad de garantizar la convivencia y la seguridad de los vecinos debería ser el primero en promover el respeto por las instituciones, el diálogo y la libertad de expresión.
Desde BerissoCiudad rechazamos cualquier intento de amedrentamiento o desprestigio. Nuestro compromiso sigue siendo el mismo: informar con honestidad, publicar aquello que consideramos de interés público y ejercer el periodismo sin condicionamientos.
Las críticas son parte de la democracia. La violencia, los agravios y las descalificaciones personales, no.
Esperamos que este nuevo episodio no pase inadvertido. La sociedad necesita funcionarios que respondan con argumentos y no con violencia. Porque cuando la agresión proviene de quienes ejercen el poder, el daño institucional es mucho mayor.
BerissoCiudad seguirá informando con la independencia, la responsabilidad y el compromiso que nuestros lectores conocen desde hace años, convencidos de que una prensa libre es una condición indispensable para una democracia fuerte.
Por último, es evidente que el viaje que realizó Marotte hace solo unas semanas al Caribe no logró tranquilizarlo, ni lo ayudó a reflexionar.
Si Marotte, con un sueldo de siete millones de pesos por mes, reacciona de este modo: ¿Como deberían reaccionar la mayoría de los vecinos que viven con sueldos de trabajadores y que luchan para llegar a fin de mes?