El penal mendocino de San Felipe se convirtió involuntariamente en el set de televisión más bizarro del país. Con total impunidad y riéndose en la cara de los controles del Estado, un grupo de detenidos se conectó en vivo a una transmisión de streaming conducida por el popular influencer Valentín Melo, quien realizaba una sesión a través de la aplicación OmeTV.
Lejos de ocultarse o cuidar las formas, los reclusos charlaron alegremente con el streamer desde su pabellón, mandando al frente sin anestesia que se encontraban alojados en el complejo carcelario cuyano mientras de fondo se lucía un mural con una camiseta argentina y un arma dibujada.
La escena, que duró pocos segundos pero voló como pólvora en las redes sociales, dejó en ridículo el sistema de seguridad provincial y reavivó la polémica por el ingreso ilegal de dispositivos tecnológicos.
El papelón digital cayó como una bomba en el Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia, obligando a las autoridades a abrir una investigación urgente para determinar cómo los aparatos atravesaron los supuestos filtros de requisa.
Cabe recordar que en Mendoza rige una estricta legislación pionera que prohíbe tajantemente la tenencia de teléfonos celulares en las celdas y exige la colocación de inhibidores de señal, una norma que en los papeles suena impecable pero en la práctica se estrella contra la complicidad y la desidia.
La viralización del video desató la furia de la dirigencia política y puso contra las cuerdas al Servicio Penitenciario, que tuvo que salir a allanar pabellones y secuestrar los equipos utilizados para el show mediático.
Mientras los funcionarios se rasgan las vestiduras prometiendo mano dura y más controles tecnológicos, la realidad carcelaria demuestra que las celdas siguen funcionando como oficinas VIP donde el delito nunca se toma vacaciones.
