Por: la industria del libro para que sean impagables
Bajo la falsa promesa de una supuesta «libertad» económica, el Gobierno nacional insiste en derogar la Ley 25.542 de precio uniforme del libro. Esta obsesión desreguladora, impulsada por la motosierra ideológica de Javier Milei, ignora con soberbia que la literatura no es una simple mercancía intercambiable, sino el pilar fundamental de nuestra identidad. Pretender que el sector editorial se rige por las mismas leyes que el mercado de reventa es una muestra más del profundo analfabetismo cultural de una gestión que desprecia todo aquello que no rinda dividendos financieros inmediatos.
Mientras naciones desarrolladas y de sólida economía de mercado como Francia, Alemania, España, Italia o Japón sostienen desde hace décadas sistemas de precio fijo para blindar su patrimonio cultural, la administración actual prefiere mirar hacia los catastróficos espejos de Reino Unido, Suecia o Australia. En estos últimos, la supresión de la regulación destruyó el tejido librero independiente.
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Modelo de País |
Ejemplos |
Consecuencias / Objetivos |
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Precio Fijo |
Francia, Alemania, España, Italia |
Protección de librerías independientes, fomento de la bibliodiversidad y equidad territorial en el acceso. |
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Desregulación |
Reino Unido, Suecia, Australia |
Concentración del mercado, quiebra de librerías locales, rebajas efímeras en best sellers y encarecimiento de títulos especializados. |
La lógica oficial celebra ilusorias rebajas inmediatas en los grandes éxitos de ventas utilizados como productos gancho por cadenas monopólicas. Sin embargo, como demuestra la historia británica tras el fin del Net Book Agreement, este espejismo dura poco: los descuentos desaparecen para la inmensa mayoría de las obras, las librerías independientes sucumben ante la vorágine corporativa y el mercado se polariza entre pocos títulos masivos muy baratos y miles de obras inaccesibles.
"Derogar la Ley 25.542 no amplía derechos ni democratiza la cultura; consolida un oligopolio comercial que asfixia a autores noveles, editores independientes y lectores de todo el país."
La cruzada destructiva de Milei contra el libro expone la peor cara de un gobierno insensible y hostil con el pensamiento crítico. Al desproteger el ecosistema editorial, el Estado no promueve el libre mercado, sino que entrega la cultura en bandeja a monopolios voraces. Detengámonos un segundo a pensar qué país nos queda cuando el valor de un libro se reduce a su costo en góndola y se condena al silencio a quienes escriben, piensan y sueñan por fuera de la rentabilidad exigida por el poder de turno: un páramo chato, ignorante y manso, exactamente lo que este modelo necesita para perpetuarse.