lunes 3 de agosto de 2026 - Edición Nº5630

Política | 3 Aug

Despedir nunca fue tan conveniente

Javier Milei vuelve a golpear a los trabajadores: adiós derechos laborales

11:39 |La reglamentación del nuevo esquema indemnizatorio impulsada por el Gobierno nacional destroza los derechos laborales en la Argentina. Mientras el oficialismo sostiene que busca incentivar el empleo formal y reducir la litigiosidad, sindicatos y especialistas advierten que la reforma reduce significativamente las indemnizaciones y debilita la protección de los trabajadores.


Bajo el eufemismo nostálgico de la “modernización”, el gobierno de Javier Milei nos regaló nuevamente otra pieza maestra de su ingeniería de la crueldad: licuar las indemnizaciones por decreto, no vaya a ser cosa de que los empresarios sufran el insoportable trauma de tener que pagar lo que corresponde cuando echan a alguien. Total, en la nueva Arcadia libertaria, donde la empatía cotiza a la baja, el trabajador es apenas un costo molesto, un daño colateral que se elimina más fácil que una suscripción de streaming.

La trampa es de manual y de una lógica tan cínica que da vergüenza ajena. Es cierto que la reforma establece una base de cálculo mucho más chica al excluir de un plumazo ítems tan arbitrarios para la supervivencia como el aguinaldo, las horas extras, las vacaciones y los bonos, como si el almacenero o el alquiler aceptaran cobrar con aplausos o con un tuit del Presidente. Como si fuera poco, el tope de 10 años de antigüedad se encargará de pulverizar lo poco que quedaba para quienes cargan con una larga trayectoria en sus espaldas, coronando una estocada que, según estimaciones sindicales, traducirá una caída de hasta un devastador 44% en las indemnizaciones por despido incausado.

Nos venden desde los despachos oficiales que este festival de descaro patronal es el paso indiscutible para fomentar mágicamente el empleo formal, ignorando olímpicamente que la evidencia internacional —esa que prefieren ignorar— sugiere exactamente lo contrario: mayor rotación, desprotección absoluta y precarización serial. Pero claro, pedirle un pantallazo de pragmatismo a tecnócratas que celebran el ajuste ajeno es como pedirle peras al olmo.

La indemnización dejó de ser esa última red de contención frente a la barbarie del desempleo para transformarse en un chiste cruel, un recordatorio cínico de que tu vida, tus proyectos y tus facturas importan menos que la planilla de Excel de un iluminado. Nos gobiernan convencidos de que el futuro es una selva donde los únicos que ganan son los de siempre, mientras el empleado se resigna a mirar el techo, sabiendo que en esta Argentina de libre mercado, lo único verdaderamente inagotable es la angustia del que sufre y la desvergüenza del poder.

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