La provincia de Buenos Aires se transformó en un gigantesco decorado de cartón pintado donde Axel Kicillof inaugura el hambre, aplaude la desidia y certifica fantasmas con fondos públicos. Ya no disimulan. El gobernador que llegó agitando las banderas de la dignidad popular hoy gobierna sobre los escombros de su propia mentira serial, entregando casas sin agua, sin luz y sin cloacas, mientras maquilla con marketing berreta una gestión tan ruinosa como decadente.
El escándalo de Chivilcoy con el barrio San Ceferino III —cristalizado en el Radiografía del Expediente y la Ruta del Vaciamiento en Chivilcoy, bajo el expediente provincial 2025-30494116 (presentaciones de los adjudicatarios del 27 de agosto y 23 de octubre de 2025)— expone la entrega de 36 viviendas de un total de 87 proyectadas a través de la Asociación de Emprendedores y Comunidad Organizada (ADECO), en un acto realizado el 21 de mayo de 2025. La desidia escaló institucionalmente cuando la Defensoría del Pueblo bonaerense abrió la queja 8817/26 en marzo de 2026 y el Concejo Deliberante local exigió informes mediante el expediente interno 1695-H.
Esta matriz de vaciamiento se repitió de forma idéntica en otros distritos: en Avellaneda y Lanús: Las viviendas paralizadas y entregadas por etapas, mediante convenios firmados con el Instituto de la Vivienda donde se montaron actos oficiales con unidades carentes de medidores de luz y redes cloacales operativas, certificando fondos al 100% mientras los vecinos recurrían a conexiones clandestinas; y en La Matancia y Florencio Varela: Cooperativas de papel y redeterminaciones de precios, donde se operó con entidades vecinales y punteros políticos para desviar anticipos financieros mediante sucesivas actualizaciones que inflaron los costos hasta un 300% antes de entregar casas inhabitables.
Ante este panorama, emergen con nombre y apellido las Conexiones Políticas y Responsabilidades:
Kicillof montó una maquinaria de vaciamiento donde el relato popular se financia con la sed y la desesperación de los adjudicatarios. Se le cayó la careta al pseudorevolucionario convertido en el gerente general de la estafa social: un burócrata frío y patético que prefiere inaugurar carcasas vacías antes que admitir su rotundo fracaso, dejando como legado expedientes judiciales, deudas impagables y la humillante certeza de que, para este gobernador, gobernar es mentirle en la cara a los que menos tienen.