El centro porteño se transformó de golpe en un escenario de guerra abierta cuando los uniformados decidieron aplicar mano dura contra una masiva columna de ciudadanos movilizados.
Resulta que un despliegue descomunal de las fuerzas federales embistió sin piedad contra los manifestantes que marchaban pacíficamente en defensa de la soberanía nacional y en rechazo a la venta de tierras a capitales extranjeros.
Lejos de privilegiar el diálogo o la convivencia democrática, el operativo se redujo a una cacería indiscriminada donde jubilados, trabajadores y jóvenes sufrieron los efectos directos de la furia estatal.
Las imágenes que recorrieron el país mostraron escenas de extrema violencia con el uso masivo de gases asfixiantes, camiones hidrantes tirando agua a presión y disparos de balas de goma a quemarropa.
La orden bajada desde las altas esferas del poder fue clara y terminante: reprimir a todo aquel que se atreva a levantar la voz contra el ajuste y la entrega del patrimonio patrio.
Mientras los ministros miraban desde la comodidad de sus despachos blindados, la policía montó un cordón represivo inflexible para despejar la zona a los empujones y bastonazos limpios, sembrando el terror entre los transeúntes.
La escalada represiva deja al desnudo la desesperación de un gobierno que solo logra sostener sus planes económicos a fuerza de porras y tribunales de excepción.
Cuando los argumentos escasean y el rechazo popular desborda las calles, la única respuesta que ensaya la gestión es la violencia institucional para disciplinar a la protesta social.
Defender la patria se ha convertido tristemente en un deporte de alto riesgo bajo un régimen que prefiere disparar antes que escuchar el reclamo de su propio pueblo.
Lo que tenés que saber sobre la represión en el Congreso:
Cacería en las calles: Un descomunal operativo de seguridad reprimió brutalmente la movilización ciudadana que marchaba frente al Congreso contra la extranjerización de tierras.
Agresión sistemática: Las fuerzas federales utilizaron gases lacrimógenos, camiones hidrantes y disparos de balas de goma a quemarropa contra manifestantes y jubilados.
Doctrina del palo: La respuesta del Gobierno frente al rechazo social a sus políticas de entrega se redujo a la violencia institucional para blindar el ajuste.