La rosca política en la Argentina volvió a encenderse con un escándalo de proporciones bíblicas que desnuda la absoluta desconexión de sectores clave del gabinete nacional.
Mientras el oficialismo sufría una estrepitosa y humillante derrota en el Senado de la Nación, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, disfrutaba del sol y las playas de República Dominicana.
La revelación periodística publicada por Infobae y rápidamente amplificada expuso al arquitecto del ajuste y las desregulaciones en un exclusivo complejo de Punta Cana, en pleno colapso parlamentario.
La imagen del funcionario relajado en el Caribe cayó como una verdadera bomba atómica dentro de la propia Casa Rosada, desatando una guerra sin cuartel y una catarata de pases de factura que dejaron al descubierto las feroces internas del oficialismo.
Los operadores libertarios y los bloques aliados sintieron una furia incontrolable al enterarse de que el máximo impulsor de la polémica normativa brillaba por su ausencia.
Mientras la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y otros alfiles de La Libertad Avanza ponían la cara en el recinto y en las calles sin respaldo político ni estrategia defensiva clara, el autor intelectual del proyecto descansaba a miles de kilómetros.
Nadie estuvo en el terreno para defender la viabilidad técnica de la ley ante el masivo repudio social y parlamentario que recorrió el territorio federal. Desde el entorno de Sturzenegger intentaron minimizar el papelón asegurando de manera apresurada que "el viaje estaba programado hace tiempo" para participar de una supuesta conferencia internacional.
Sin embargo, la excusa barata no tapó el bache institucional y las balas de plata comenzaron a cruzar los pasillos de Balcarce 50.
¿Quién fue el operador que filtró la foto en el momento exacto de la votación? Es la pregunta del millón que resuena en los despachos oficialistas.
Todo indica que la imagen provino del propio fuego amigo como un pase de factura directo por la soberbia técnica del ministro y su posterior deserción a la hora de dar la batalla política en el barro del Congreso.