El dato que mejor resume el momento es brutal: la morosidad en las casas especializadas llegó al 50%, convirtiéndose en uno de los principales focos de incumplimiento del sistema financiero. En paralelo, el 92,3% de los hogares argentinos registra algún tipo de deuda. El electrodoméstico dejó de ser una compra financiada y pasó a ser una prueba de resistencia para el bolsillo.
La situación cambia según la empresa, pero en todos los casos la foto es preocupante. En Frávega, el atraso ronda el 39%; en Megatone, llega al 43%; y en Cetrogar, trepa al 48%. Son niveles que muestran hasta qué punto el crédito al consumo perdió capacidad de sostener las ventas. La financiación que antes empujaba el mostrador ahora amenaza con convertirse en el principal problema del negocio.
El caso más extremo aparece en Coppel, donde la morosidad se ubica cerca del 70%. Parte del problema está relacionado con el costo financiero de los créditos, que en determinadas operaciones puede superar el 800% anual. Cuando financiar un televisor puede convertirse en una deuda impagable, el problema ya no es vender: es cobrar.
La consecuencia inmediata es la expulsión de millones de consumidores del sistema formal de crédito. Las estimaciones citadas ubican en aproximadamente siete millones la cantidad de personas que quedaron fuera de ese circuito. El mercado se achica justo donde más necesita compradores para volver a ponerse de pie.
Ni siquiera el Mundial de Fútbol 2026 consiguió generar el salvavidas esperado. El torneo produjo movimientos puntuales en gastronomía, indumentaria deportiva y algunos segmentos del consumo, pero no alcanzó para revertir la tendencia del sector electrónico. Ni siquiera el televisor de la Selección pudo rescatar al televisor de la recesión.
La apuesta por internet tampoco alcanza. Las cadenas tradicionales intentaron compensar la caída de los locales físicos con promociones y canales digitales, pero se encontraron con otro enemigo: las importaciones bajo el régimen puerta a puerta. En determinados productos electrónicos, los precios del exterior llegan a ser hasta un 54% inferiores. El consumidor compara dos pantallas y elige la que le cuesta menos, aunque del otro lado haya un comercio argentino cerrando.
El avance del courier profundizó todavía más esa presión. Según los datos citados, las compras internacionales ya representan cerca del 40% de las ventas en algunos rubros electrónicos. Para las cadenas locales, competir contra esa estructura resulta cada vez más difícil. El comercio electrónico no está salvando al mercado: en algunos segmentos, está acelerando su transformación.
La respuesta empresarial empieza a verse en el mapa. Sucursales que durante años fueron parte del paisaje comercial están cerrando en provincias como Córdoba, Santa Fe y Río Negro. El objetivo es reducir alquileres, salarios y otros costos fijos que ya no encuentran respaldo suficiente en el volumen de ventas. Cuando cerrar el local cuesta menos que mantenerlo abierto, la crisis dejó de ser coyuntural.
El problema de fondo es que el sector quedó atrapado entre tres fuegos: consumidores endeudados, crédito carísimo y productos importados que llegan con precios difíciles de igualar. Mientras tanto, la venta online cambia las reglas pero no resuelve el problema de fondo. La crisis de los electrodomésticos no es solamente comercial: es el reflejo de un consumidor que perdió capacidad de compra.