viernes 21 de agosto de 2026 - Edición Nº5648

Política | 21 Aug

Tiene más huevos que Blas Giunta

Marcela Pagano cruzó a Milei por sus dichos contra las mujeres: ¿nace una candidata presidencial?

17:54 |En esta nota te contamos cómo Marcela Pagano decidió enfrentar públicamente a Javier Milei después de sus polémicas declaraciones sobre el aborto, la natalidad y las mujeres, y por qué su carta abierta puede convertirla en una figura política mucho más grande que su banca. Mientras buena parte de la dirigencia eligió el silencio, la diputada libertaria disidente salió a poner un límite. Y cuando todos miran para otro lado, la que se planta empieza a ocupar el centro de la escena.


Las bravuconadas de Javier Milei ya dejaron de sorprender por su frecuencia, pero algunas todavía consiguen perforar el blindaje de costumbre. En el Council of the Americas, realizado en el Hotel Alvear, el Presidente volvió a cargar contra el feminismo y vinculó la caída de la natalidad con la legalización del aborto. Esta vez, el golpe no quedó sin respuesta.

Milei afirmó que Argentina está pagando caro la llamada locura de los pañuelitos verdes y llegó a hablar de una pasión por asesinar niños en el vientre de la madre. El planteo generó críticas de sectores que cuestionan su interpretación de las causas de la baja natalidad. El Presidente puso el tema sobre la mesa con la brutalidad discursiva que ya forma parte de su marca registrada.

Lo llamativo no fue solamente lo que dijo Milei, sino lo que vino después: el silencio. Dirigentes de distintos espacios evitaron confrontar directamente con el Presidente, incluso frente a una declaración que involucró de manera generalizada a millones de mujeres. En la política argentina, a veces el miedo a perder una elección pesa más que la necesidad de marcar un límite.

Y ahí apareció Marcela Pagano. La diputada escribió una carta abierta dirigida a la dirigencia política argentina y puso el foco justamente donde nadie parecía querer mirar: no discutió solamente aborto, feminismo o natalidad, sino el silencio de los dirigentes frente a las palabras del Presidente. La periodista entendió que la oportunidad política estaba en decir lo que los demás estaban evitando.

Su carta tiene además un componente personal. Pagano se presenta como diputada, pero también como madre e hija, y cuestiona a los dirigentes varones que permanecieron callados frente a los dichos presidenciales. El argumento es sencillo: no les pide que cambien de partido ni de ideología, sino que establezcan un límite. “Con las mujeres argentinas, no” es una consigna mucho más transversal que cualquier discusión partidaria.

La diputada conoce, además, el costo de enfrentarse al universo libertario. Su relación con el espacio que llevó a Milei al poder terminó hace tiempo en una ruptura política evidente, después de internas, cuestionamientos y enfrentamientos dentro de la bancada. Pagano dejó de ser una pieza obediente del oficialismo y empezó a construir una identidad propia.

Ahí aparece la pregunta que excede por completo esta pelea: ¿qué lugar puede ocupar Pagano en el nuevo mapa político? La dirigente tiene algo que escasea en la dirigencia tradicional: exposición pública, conocimiento de los medios, capacidad para confrontar y una identidad difícil de encerrar en el viejo esquema de peronismo versus antiperonismo. No necesita que le expliquen cómo funciona una cámara: viene de trabajar frente a una.

Para un sector de la oposición no peronista que intenta construir una tercera vía, la figura resulta especialmente atractiva. Emilio Monzó viene explorando una alternativa que pueda escapar tanto de la estructura peronista como de la hegemonía libertaria. En ese tablero, una dirigente que pueda hablarle a sectores desencantados de ambos lados podría tener espacio. La política argentina tiene un tercio del electorado que todos quieren conquistar y nadie termina de representar.

Eso no significa que Pagano sea candidata presidencial ni que exista hoy una decisión tomada. No hay que confundir una buena performance política con una candidatura formal. Pero también sería ingenuo ignorar lo que está ocurriendo: cada vez que una figura rompe con la lógica dominante y consigue atención sin necesidad de que un aparato la empuje, los armadores empiezan a tomar nota. Las candidaturas muchas veces nacen antes en los pasillos que en las mesas partidarias.

Pagano, además, tiene una ventaja que no es menor: todavía no carga con décadas de derrotas, internas y expedientes políticos que condicionan a buena parte de la dirigencia. Puede ser discutida, criticada y cuestionada, pero su recorrido nacional todavía está en construcción. En una política harta de dirigentes reciclados, ser una figura relativamente nueva también cotiza.

El desafío será demostrar que puede hacer algo más que confrontar con Milei. Una candidatura presidencial necesita estructura territorial, equipos, fiscales, financiamiento, acuerdos y capacidad para construir mayorías. Plantar bandera sirve para entrar en escena; ganar una elección exige después una maquinaria.

Pero la escena de esta semana dejó una fotografía difícil de ignorar. Mientras buena parte de la dirigencia calculaba costos, Pagano eligió pagar el precio de hablar. Y en un país donde todos conocen el valor de una encuesta, esa decisión puede terminar teniendo un valor político mucho mayor. La mujer que se animó a decir lo que otros callaron acaba de hacerse un lugar en una conversación mucho más grande.

¿Será candidata a presidenta? Hoy nadie puede afirmarlo. ¿Tiene condiciones para empezar a ser mirada como una opción? Esa es otra discusión. Si Pagano logra convertir esta capacidad de confrontar en una propuesta política propia, la pregunta dejará de ser una provocación y empezará a ser una hipótesis electoral.

Si yo fuese el busca de Monzó, dejaría de inventar outsiders con gusto a sapo como el pastor Dante Guebel, el empresaurio Daniel Hadad o el peor presidente de River en toda su historia, Jorge Pablo Brito Miraría a Marcela Pagano, que sería una muy interesante candidata a presidenta de la Nación. Camina solita, no hay que empujarla. Y no tiene muertos en el placard...


La carta de Pagano a los dirigentes políticos c4gones


Carta abierta a la dirigencia política argentina
Señores dirigentes:

Les escribo como diputada de la Nación, pero sobre todo como madre y como hija. Y les escribo a ustedes, los varones de la política argentina, de todos los partidos, porque esta carta no está dirigida al Presidente. Está dirigida a los que se quedaron callados.

El jueves, en el Hotel Alvear, delante de los empresarios más importantes del país, el Presidente de la Nación habló de las mujeres argentinas como quien habla de un insumo: natalidad, tasa de reposición, sistema previsional. Y cuando quiso explicar por qué nacen menos chicos, no encontró mejor respuesta que acusar a millones de mujeres —en bloque, a la ligera, sin nombre y sin derecho a defensa— de tener “pasión por asesinar niños”.

Eso tiene un nombre: es una calumnia. Se acusó de un delito a millones de argentinas. Madres, abuelas, hijas, trabajadoras. Mujeres que votaron a este Gobierno y mujeres que no. Mujeres que piensan una cosa sobre esa ley y mujeres que piensan la contraria. Todas metidas en la misma bolsa, delante de un auditorio en silencio.

Un presidente puede decir lo que quiera: para eso están los micrófonos, y para eso están después el juicio de la historia y el de las urnas. Lo que no puede pasar —lo que no debería poder pasar en ningún país serio— es que toda una dirigencia escuche eso y siga como si nada. Pasaron las horas y me puse a buscar: ¿qué dirigente varón, de qué partido, salió a decir “con las mujeres no”? No encontré a ninguno. Ni oficialistas ni opositores. Ni los que se dicen defensores de la familia ni los que se dicen defensores de los derechos. Silencio.

Y el silencio, señores, también educa. Cuando el hombre más poderoso del país habla así de las mujeres y nadie le pone un límite, el mensaje que baja a cada casa, a cada oficina, a cada aula, es que a las mujeres se les puede hablar así. Que insultar a una mujer no tiene costo. Ustedes, que viven midiendo costos políticos, deberían entender ese costo mejor que nadie.

Todos ustedes tienen madre. Casi todos tienen hijas, hermanas, esposas, compañeras. Todos llegaron a donde llegaron porque una mujer los parió, los crió, los curó de chicos y los sostuvo cuando nadie más los sostenía. Todos se sacan la foto el Día de la Madre y todos piden el voto de las mujeres en cada elección. ¿Y no les salió ni un comunicado? ¿Ni un tuit? ¿Ni una palabra en un pasillo?.

No les estoy hablando de feminismo. No les hablo de pañuelos de ningún color. Les hablo de algo anterior a cualquier ideología: el respeto por la mujer que te parió. Eso no es de izquierda ni de derecha. Eso se aprende en casa. Y el que no lo aprendió en casa tiene la obligación de aprenderlo antes de ejercer un cargo público.

Si de verdad les preocupa que en la Argentina nazcan menos chicos —a mí me preocupa—, la conversación es otra. Pregúntenle a una mujer joven por qué posterga la maternidad y les va a contestar con la calculadora en la mano: alquiler imposible, trabajo inestable, jardín impagable, sueldo que no llega.

Las mujeres no postergan hijos por capricho: hacen cuentas. Son las primeras en sacarse el pan de la boca para dárselo a sus hijos. Un país que quiere más cunas no insulta a las madres: les hace la vida posible.

Mientras tanto, en cada casa argentina hay una mujer sosteniendo lo que ustedes no ven: la abuela que cuida a los nietos para que la hija pueda ir a trabajar, la maestra, la enfermera, la que cocina en el comedor del barrio, la que atiende a sus padres viejos después de un turno de doce horas.

Ellas levantan este país todas las mañanas, casi siempre gratis y sin cámaras. Merecen, como mínimo, que los hombres que gobiernan en su nombre no las traten de asesinas, y que los que aspiran a gobernar no se hagan los distraídos.

Por eso les pido una sola cosa, y es bien simple: pongan el límite. Digan, cada uno con sus palabras, desde su partido y desde sus ideas: “con las mujeres argentinas, no”. No les pido que rompan alianzas ni que cambien de ideología. Les pido que se acuerden de sus madres.

Sé lo que puede costar esta carta. Sé que en la Argentina de hoy el silencio cotiza mejor que la palabra, y que a la mujer que levanta la voz se le cobra siempre un precio más alto que al hombre que insulta. Lo sé, y la escribo igual.

La escribo porque alguien tiene que dejar constancia. Porque el día de mañana, cuando nuestras hijas pregunten qué hacía la dirigencia argentina mientras desde el poder se trataba de asesinas a sus madres, en algún archivo tiene que haber una respuesta que no sea el silencio.

Estas son las palabras que quise hacerles llegar, sin esperanza de ser escuchada por los que eligieron callar, con la certeza de que el atrevimiento tiene precio, pero fiel a un compromiso que asumí mucho antes de jurar como diputada: el de no mirar para otro lado. Lo tomé de mi madre, que me enseñó a hablar. Lo renuevo por mi hija, que está aprendiendo a hacerlo.

Que quede constancia, entonces. Que quede escrito que un 20 de agosto, ante los hombres más ricos del país, el poder trató de asesinas a las mujeres de esta tierra; que la dirigencia guardó silencio; y que las mujeres argentinas —madres, hijas y hermanas— se pusieron de pie para decir que no.

Marcela Marina Pagano


Lo que tenés que saber sobre Marcela Pagano y su cruce con Milei

  • Javier Milei cuestionó el feminismo y vinculó la baja natalidad con la legalización del aborto durante el Council of the Americas.
  • El Presidente habló de la locura de los pañuelitos verdes y de una pasión por asesinar niños en el vientre de la madre.
  • Marcela Pagano respondió mediante una carta abierta dirigida a la dirigencia política.
  • La diputada cuestionó especialmente el silencio de los dirigentes frente a los dichos presidenciales.
  • Pagano intenta consolidar una identidad política propia luego de su ruptura con el oficialismo libertario.
  • Su eventual candidatura presidencial es, por ahora, una hipótesis y no una decisión formal.
  • Su principal desafío sería transformar exposición y reconocimiento público en estructura territorial y electoral.
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