Hoy, 28 de agosto, conmemoramos el Día Nacional de la Ancianidad, una fecha que nos invita a detenernos y reconocer a nuestros mayores, su dignidad y todo lo que han aportado a lo largo de sus vidas.
No se trata solamente de recordar una fecha histórica. Se trata de preguntarnos qué sociedad queremos construir y qué lugar les damos a quienes, durante toda una vida, trabajaron, construyeron familias, educaron, produjeron y aportaron al crecimiento de nuestra Nación.
Un día que nació de una decisión política y social
El 28 de agosto de 1948, desde el Ministerio de Trabajo y Previsión, Eva Perón proclamó el Decálogo de los Derechos de la Ancianidad, una iniciativa destinada a reconocer derechos que hasta entonces no contaban con una protección suficiente.
Aquella decisión surgió en un contexto en el que numerosos adultos mayores atravesaban situaciones de abandono, pobreza y falta de protección social.
Un año después, en 1949, esos principios fueron incorporados a la Constitución Nacional, convirtiendo la protección de la ancianidad en una cuestión de Estado.
Los Derechos de la Ancianidad
El Decálogo proclamado por Eva Perón establecía diez derechos fundamentales:
1. Asistencia.
2. Vivienda.
3. Alimentación.
4. Vestimenta.
5. Salud.
6. Esparcimiento.
7. Trabajo.
8. Tranquilidad.
9. Respeto.
10. Consideración.
Diez principios que expresaban una idea profundamente humana: la vejez debe transitarse con dignidad, protección y reconocimiento.
La dignidad no tiene fecha de vencimiento
Setenta y ocho años después de aquella proclamación, muchos de esos principios siguen siendo profundamente actuales.
Porque una sociedad no puede considerarse verdaderamente justa si quienes dieron gran parte de su vida para construirla deben atravesar la vejez con incertidumbre, soledad o necesidades básicas insatisfechas.
