Durante años, el libertarismo sostuvo su mayor bastión de construcción política en el universo de las redes sociales.
Las publicaciones del presidente Javier Milei lograban instalar de manera casi automática la agenda pública, respaldadas por un ecosistema de cuentas afines capaces de posicionar tendencias y viralizar discursos sin la intermediación de los medios tradicionales.
Sin embargo, mediciones recientes sugieren un cambio de tendencia en el rendimiento de esa estrategia.
El informe titulado “Fatiga Digital”, elaborado por la consultora de comunicación Ad Hoc, reveló una contracción cercana al 70% en el volumen de impacto e interacciones de las publicaciones del jefe de Estado en X (Twitter) en comparación con los registros de los primeros meses de gestión.

El informe de Ad Hoc pone el foco no solo en la pérdida de alcance orgánico, sino en la velocidad con la que se incrementó la negatividad en las respuestas al mandatario. El desgaste del impacto libertario coincide con una etapa donde los discursos confrontativos pierden capacidad de sorpresa frente a audiencias atravesadas por las dificultades económicas cotidianas, como la pérdida de consumo, las tarifas y la caída del poder adquisitivo.
En paralelo, el debate sobre el uso de granjas de bots e infraestructura digital volvió a instalarse en el centro de la escena tras la reactivación de causas e investigaciones que salpican al consultor Fernando Cerimedo.
La discusión sobre la capacidad real de instalar agenda de cuentas referenciales como Gordo Dan o portales como La Derecha Diario gira ahora en torno a determinar qué porcentaje de la conversación respondía a una adhesión genuina y cuánto a mecanismos coordinados de amplificación artificial que hoy muestran signos de agotamiento.