miércoles 2 de septiembre de 2026 - Edición Nº5660

Política | 2 Sep

¿Por qué los riojanos son pobres?

La Rioja bajo Quintela: pobreza, negocios estatales y un poder que se volvió familiar

12:35 |Las críticas también apuntan al nepotismo dentro de la administración provincial y a la falta de información sobre el destino de recursos millonarios. Mientras los riojanos conviven con la pobresa extrema, Guadalupe Quintela, hija del zar, cobraría contratos millonarios por asesoría y la gerencia de una de las empresas de Ricardo.


Ricardo Quintela encarna la peor versión del caudillismo feudal argentino: un gobernador insensible, autoritario y desprovisto de escrúpulos que ha transformado a La Rioja en su estancia personal, hundiéndola deliberadamente en los índices más alarmantes de pobreza estructural y postración económica mientras se aferra al poder mediante la manipulación institucional y el despilfarro obsceno de recursos públicos. Su gestión no es más que una maquinaria de asfixia ciudadana, donde el clientelismo y la opacidad presupuestaria se erigen como métodos de gobierno, convirtiéndolo, por mérito propio, en uno de los mandatarios más nefastos, repudiables y corruptos de todo el país.

Lejos de los grandes volúmenes de expedientes penales con condenas firmes de otras jurisdicciones, el esquema de poder de Quintela opera a través de un sofisticado y opaco entramado de decenas de sociedades anónimas y firmas estatales —vinculadas al transporte, la energía y la producción— que funcionan como verdaderas cajas negras sustraídas a cualquier control legislativo o ciudadano. Informes de la oposición y de auditorías han puesto al descubierto el manejo discrecional de millonarios subsidios destinados a sostener empresas de transporte provinciales quebradas y deficitarias, cuyos balances jamás se publican, perpetuando un agujero negro financiero que chupa los recursos de los contribuyentes riojanos.

El vaciamiento provincial se complementa con un descarado nepotismo institucionalizado. El clan familiar se adueñó del aparato estatal de manera impúdica: el caso más escandaloso es el de su propia hija, Guadalupe Quintela, quien fue catapultada a la gerencia de una firma dependiente del Estado provincial mientras acumulaba simultáneamente contratos de asesoría y puestos en la administración pública con sueldos exorbitantes. Esta obscenidad salarial y laboral contrasta de forma brutal con una provincia donde la inmensa mayoría de los trabajadores estatales perciben salarios de indigencia.

Las irregularidades no se detienen en las fronteras provinciales. Legisladores opositores, principalmente referentes de la Unión Cívica Radical (UCR) y espacios liberales, han impulsado rigurosos requerimientos ante organismos de control nacional para auditar partidas millonarias no debidamente justificadas. Entre los expedientes que queman en los despachos figuran los fondos girados para la construcción y supuesta modernización de terminales de ómnibus en puntos estratégicos como Chilecito, Chepes y Milagro, obras demoradas, sobrefacturadas o directamente inconclusas. A esto se suma el desvío sistemático de recursos coparticipables y el salvavidas financiero ficticio implementado mediante la emisión de las cuasimonedas provinciales conocidas popularmente como bonos "Chachos", un artilugio inflacionario ideado para licuar salarios y ocultar el colapso fiscal absoluto.

En el centro de este engranaje de impunidad operan actores determinantes: el propio gobernador Ricardo Quintela como eje central del modelo hiperestatal; su hija Guadalupe Quintela y la plana mayor de funcionarios de empresas estatales como principales beneficiarios; y dirigentes de la oposición legislativa local junto a técnicos de la Auditoría General de la Nación (AGN) como los firmes denunciantes y auditores de las irregularidades. Todo este entramado descansa sobre un blindaje judicial a medida, dividido entre una justicia ordinaria provincial históricamente cooptada y alineada de manera automática con el Poder Ejecutivo para garantizar la impunidad, y los juzgados federales con competencia contenciosa y penal donde se discuten las rendiciones de los fondos nacionales y los recursos viales del sistema SisVial.

La figura de Ricardo Quintela pasará a la historia como el símbolo más degradante de la política rentística: un déspota insensible que, escudado en discursos pretenciosos de soberanía, ha empobrecido sistemáticamente al pueblo riojano para sostener privilegios de casta. Su administración representa la degradación institucional absoluta, un régimen donde la ley se pliega a los caprichos del tirano de turno y donde la corrupción estructural y el saqueo impune han convertido a La Rioja en un triste y humillante botín familiar. La historia y la justicia terrenal no tardarán en colocarlo en el lugar que le corresponde: el desván de los peores tiranos de la democracia.

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