La inflación bajó y el equilibrio fiscal se convirtió en la bandera oficial, pero los ingresos y el consumo todavía no acompañan de manera uniforme. Mientras tanto, el Gobierno abrió nuevas batallas: las PASO, la reforma electoral, la relación con los gobernadores y, ahora, una inesperada ofensiva por Malvinas.
El 10 de diciembre de 2023, Javier Milei ("El dictador de Costa Pobre") llegó a la Casa Rosada con apenas 38 diputados y 7 senadores propios, una motosierra como símbolo y una promesa política que parecía imposible: dinamitar buena parte del sistema que lo había precedido. Mil días después, el experimento libertario ya no puede esconderse detrás de la palabra “outsider”. Ahora tiene que responder por lo que hizo.
Y el balance es incómodo para todos. El Gobierno puede exhibir una baja contundente de la inflación, equilibrio fiscal y reformas que modificaron reglas económicas. Pero también enfrenta una recuperación que no se distribuye de manera pareja, salarios que todavía generan malestar y un consumo que no termina de despegar. La macro mejoró antes que el bolsillo.
Milei asumió prometiendo terminar con “la casta”, pero el Congreso le enseñó rápidamente que gobernar no era una cuestión de gritar más fuerte.
Con 38 diputados y 7 senadores, el oficialismo no tenía músculo parlamentario para imponer su programa. El primer proyecto de Ley Bases sufrió modificaciones, recortes y negociaciones hasta convertirse en una versión mucho más negociada que la original. La política que Milei decía despreciar terminó siendo indispensable para gobernar.
La estrategia económica, en cambio, fue mucho más contundente. Devaluación inicial, fuerte ajuste del gasto, reducción de transferencias a las provincias y prácticamente paralización de la obra pública permitieron alcanzar el primer superávit financiero anual en más de una década.
El costo social fue enorme en el arranque. La pobreza llegó al 52,9% y posteriormente comenzó a descender con fuerza. El Gobierno convirtió el ajuste en una prueba de resistencia social. Después llegó la baja de la inflación, la flexibilización parcial del cepo y un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Para la Casa Rosada, esa secuencia demuestra que el modelo funciona. Para buena parte de la oposición, muestra el costo que pagó la sociedad para conseguir ese resultado. La discusión ya no es solamente económica: es política y electoral.
Milei tiene una frase que resume su actual estrategia: “La foto todavía sigue siendo mala. La película es la mejor de la historia”. El problema es que las personas viven en la foto.
Un relevamiento nacional de Hugo Haime & Asociados citado por Infobae muestra una sociedad bastante menos entusiasmada con la continuidad automática del modelo. Apenas el 11% quiere mantenerlo exactamente como está y otro 22% pretende conservarlo con modificaciones. Del otro lado, 23% reclama cambiarlo parcialmente y 42% directamente modificarlo por completo. El 65% pide algún tipo de cambio.
Pero ahí aparece una paradoja interesante. La mayoría no necesariamente quiere volver al esquema anterior. El 55% considera importante mantener una inflación baja y controlada, mientras que también aparecen como prioridades evitar piquetes y cortes, controlar los planes sociales y sostener la estabilidad cambiaria. Cambiar no significa necesariamente regresar al pasado.
El reclamo más fuerte aparece en el terreno laboral: el 73% quiere más oportunidades de trabajo y el 51% reclama mejores salarios y paritarias libres. Ahí está el principal desafío del Gobierno. La gente puede aceptar el ajuste durante un tiempo, pero necesita empezar a sentir que la estabilización se transforma en bienestar.
Los números políticos tampoco son cómodos. Según el estudio citado por Infobae, la aprobación presidencial se ubica en 33%, frente a un 64% de desaprobación. El 40% describe a la sociedad como triste y desanimada y el 38% la percibe con bronca.
Más fuerte todavía: solamente el 34% considera que, pese a las dificultades, el esfuerzo realizado valió la pena. Ese porcentaje es la frontera que Milei necesita perforar si quiere convertir estabilidad económica en continuidad política.
Por eso la elección de 2027 ya funciona como una especie de brújula dentro de Balcarce 50. Faltan todavía más de 400 días, pero el oficialismo empezó a mirar cada decisión económica, cada negociación parlamentaria y cada aparición pública en función de esa fecha. La segunda mitad del mandato ya empezó a tener olor a campaña.
Hay otro cambio que empieza a notarse: Milei volvió a salir. Después de una etapa de mayor repliegue en la Quinta de Olivos, el Presidente recuperó reuniones, viajes, actos y apariciones públicas. Para sus colaboradores, esa exposición era necesaria. Pero también implica un riesgo: cuanto más tiempo pasa frente a los micrófonos, más posibilidades existen de que vuelva a convertirse en el principal generador de conflictos de su propia gestión.
El Gobierno necesita mostrar conducción. Pero Milei tiene una característica que lo acompaña desde antes de llegar al poder: cuando improvisa, puede transformar una presentación política en una batalla nueva. La hiperactividad presidencial es, al mismo tiempo, una herramienta y un riesgo.
El aniversario tiene otro protagonista: Luis Caputo. El ministro de Economía también alcanza los 1000 días consecutivos al frente del área económica, una permanencia poco habitual para un cargo que en Argentina suele funcionar como una verdadera silla eléctrica.
Según el relevamiento citado por Infobae, Caputo ya quedó sexto en el ranking histórico de permanencia en Economía. El dato es importante porque la supervivencia de Caputo está directamente vinculada al éxito del programa.
El ministro necesita sostener inflación descendente, equilibrio fiscal, estabilidad cambiaria y recuperación de la actividad sin que el Gobierno termine forzado a abandonar sus principios fiscales. La economía es el corazón del proyecto y Caputo es quien tiene que mantenerlo latiendo.
El modelo empieza a mostrar una contradicción que preocupa incluso dentro del empresariado. Mientras los sectores vinculados con exportaciones, energía, minería y agro encuentran oportunidades, otras ramas vinculadas al mercado interno enfrentan dificultades.
La discusión con la Unión Industrial Argentina (UIA) expuso esa tensión. Los industriales reclaman bajar costos, mejorar infraestructura, recuperar crédito y generar condiciones para competir.
Desde el Gobierno responden que el país no puede obligar a los consumidores a pagar dos, tres o cuatro veces más por productos de menor calidad para proteger sectores ineficientes. El choque es de fondo: protección industrial contra apertura y competencia.
El Gobierno apuesta a que petróleo, gas, minería, agro y nuevas inversiones generen el crecimiento que todavía no aparece de manera pareja. El empresariado industrial responde con una pregunta mucho más terrenal: ¿cómo sobrevivir hasta que llegue ese futuro?
La Casa Rosada comenzó a habilitar algunas herramientas que buscan dinamizar la actividad sin tocar el núcleo del programa fiscal. Entre ellas aparecen mecanismos para utilizar recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad como fondeo de largo plazo para créditos hipotecarios, flexibilización de préstamos en dólares para empresas y medidas del Banco Central destinadas a favorecer el crédito.
No es un cambio de modelo, según el Gobierno. Es un intento de que la estabilización llegue a sectores que todavía sienten que la recuperación pasa por la vereda de enfrente. Porque sin crédito, consumo e inversión, el equilibrio fiscal corre el riesgo de convertirse en una estadística sin traducción cotidiana.
Mientras la economía intenta ganar tiempo, la política acelera. El Gobierno quiere avanzar con una reforma electoral que tiene como punto central la eliminación —o suspensión— de las PASO. La discusión parlamentaria comenzará en septiembre y obligará al oficialismo a negociar con gobernadores y bloques aliados.
El proyecto es bastante más amplio que las primarias. Incluye modificaciones a la Boleta Única de Papel, cambios en los requisitos para partidos políticos, nuevas reglas de financiamiento privado, modificaciones en la distribución de espacios publicitarios y cambios en el sistema de elección de representantes al Parlasur.
También contempla la eliminación de la obligatoriedad del debate presidencial y avanza con el proyecto de Ficha Limpia. No es una reforma técnica: es una discusión sobre quién tendrá ventaja en el tablero electoral de 2027.
Y los gobernadores lo saben. En la medida en que se acerca la elección presidencial, el voto de los mandatarios provinciales adquiere mayor valor. Nadie quiere regalarlo antes de saber qué recibirá a cambio.
Pero el movimiento político más llamativo de estos días llegó por otro lado. Milei decidió colocar nuevamente la cuestión Malvinas en el centro de la escena. En cadena nacional anunció medidas para sancionar a empresas que exploren recursos petroleros en las islas sin autorización argentina y reclamó un frente unido detrás de la causa soberana.
El anuncio tiene un componente internacional que excede la política doméstica. El presidente estadounidense Donald Trump abrió recientemente una puerta inesperada al sugerir que Washington podría revisar su histórica posición de neutralidad respecto de la disputa entre Argentina y el Reino Unido. La Casa Rosada interpretó esa señal como una oportunidad diplomática que no podía dejar pasar.
El Gobierno argentino también anunció un proyecto para reforzar las sanciones contra empresas, accionistas y proveedores vinculados con actividades petroleras en el área disputada, además de medidas vinculadas con defensa y presencia argentina en el Atlántico Sur. Hay, además, una fuerte carga política.
Milei había generado controversias en el pasado por sus elogios a Margaret Thatcher y por algunas expresiones sobre la autodeterminación de los habitantes de las islas. Ahora eligió ponerse al frente de la bandera de la soberanía y pedir unidad nacional. El Milei de la motosierra encontró una causa capaz de hablarle a una Argentina mucho más transversal.
Los 1000 días sirven para cerrar una etapa, pero también para abrir otra. Milei ya no puede explicar cada dificultad exclusivamente por la herencia recibida. Tampoco puede gobernar indefinidamente con la promesa de que la prosperidad está a la vuelta de la esquina. Tiene inflación mucho más baja y equilibrio fiscal para mostrar.
Pero también tiene salarios, consumo, empleo, industria y humor social para mejorar. La segunda mitad del mandato será la pelea por convertir estabilidad en bienestar. Y detrás de todo aparece la elección presidencial de 2027.
La pregunta que empieza a recorrer los pasillos de la política argentina es mucho más sencilla que cualquier plan económico: ¿Milei conseguirá que la sociedad llegue a las urnas sintiendo que el sacrificio valió la pena? Porque dentro de 1000 días el Gobierno podrá seguir contando la película. Pero los argentinos van a votar desde la foto.
Lo que tenés que saber sobre los 1000 días de Milei
Javier Milei llegó a la Presidencia el 10 de diciembre de 2023.
- Alcanzó los 1000 días de gobierno este 4 de septiembre de 2026, según el aniversario utilizado por Infobae.
- Asumió con 38 diputados y 7 senadores propios.
- Su gestión consiguió equilibrio fiscal y una fuerte reducción de la inflación.
- La pobreza llegó al 52,9% durante el primer tramo del mandato y luego comenzó a descender.
- El Gobierno enfrenta críticas por salarios, consumo y actividad económica desigual.
- Un relevamiento citado por Infobae muestra 64% de desaprobación presidencial frente a 33% de aprobación.
- El 65% de los encuestados reclama algún tipo de modificación del actual modelo económico.
- El 73% reclama más oportunidades laborales y el 51% mejores salarios y paritarias libres.
- Luis Caputo también cumple 1000 días consecutivos al frente del Ministerio de Economía.
- La Casa Rosada impulsa una reforma electoral con la eliminación o suspensión de las PASO como uno de sus principales objetivos.
- El Gobierno también volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de su agenda.
- Milei anunció sanciones contra empresas vinculadas con exploraciones petroleras en las islas sin autorización argentina.
- La mirada del oficialismo ya está puesta en las elecciones presidenciales de 2027.