lunes 7 de septiembre de 2026 - Edición Nº5665

Política | 7 Sep

El laboratorio cordobés

Marcos Juárez le da la espalda al PRO y a Milei: el peronismo vuelve a ganar terreno rumbo a 2027

12:00 |En esta nota te contamos cómo una ciudad que alguna vez fue presentada como el "kilómetro cero" del macrismo terminó eligiendo a un dirigente cercano a Martín Llaryora. Germán Font consiguió cerca del 46% de los votos y dejó muy atrás a Pedro Dellarossa, mientras el libertario Gerardo Pasquali terminó tercero. Si bien el resultado no permite anticipar por sí solo lo que ocurrirá en 2027, deja una señal incómoda para Milei, el PRO y quienes creían que Córdoba tenía un dueño electoral definitivo.


Durante años, Marcos Juárez fue mucho más que una simple ciudad del sudeste cordobés. En 2014 quedó grabada en la historia política argentina tras convertirse en el primer gran triunfo de la alianza entre el PRO y la UCR, la cual desembocaría tiempo después en Cambiemos. De ese hito surgió buena parte del relato que convirtió a Mauricio Macri en una alternativa de alcance nacional. Sin embargo, el histórico «kilómetro cero» del macrismo acaba de cambiar rotundamente de dirección.

Este domingo, esa misma localidad eligió como intendente a Germán Font, un dirigente de perfil local, exfuncionario de Martín Llaryora y candidato por la alianza Generación Marcos Juárez. El resultado fue contundente y no dejó margen para la duda: Font rondó el 46% de los sufragios, sacándole más de 25 puntos de ventaja a Pedro Dellarossa, quien quedó cerca del 20%. Por su parte, Gerardo Pasquali, identificado con el espacio libertario, terminó en el tercer puesto con alrededor del 17%.

El dato que debería mirar Milei

El desenlace deja una lectura particularmente incómoda para La Libertad Avanza. El libertario Pasquali cosechó una porción nada despreciable del electorado, pero terminó relegado al tercer lugar en un distrito donde el voto opositor al peronismo supo ser lo suficientemente sólido para construir una identidad política durante más de una década. En este escenario, la oferta de derecha fragmentada terminó regalándole el centro de la escena al cordobesismo.

Esta dinámica se vuelve aun más evidente al analizar la oferta electoral disponible: seis de las siete listas presentaron dirigentes con antecedentes en el PRO, el Partido Libertario, La Libertad Avanza o sectores vecinalistas vinculados a ese universo. Frente a este panorama, Font aplicó una estrategia totalmente opuesta: lejos de presentarse como «el candidato de Llaryora» en cada esquina, decidió exhibirse como una opción genuinamente local, una diferencia de enfoque que terminó siendo determinante en las urnas.

Llaryora ganó sin ponerse la camiseta

Aunque el gobernador cordobés evitó transformar la contienda en un plebiscito sobre su gestión provincial, la estructura del oficialismo estuvo plenamente presente. Dirigentes, legisladores y funcionarios del cordobesismo —entre ellos Gustavo Brandán, Sergio Busso, Agustín González y Abraham Galo— arribaron al búnker de Font antes de que la tendencia fuera irreversible. A esto se suma el antecedente de que Font se desempeñó como subsecretario de Biodesarrollo e Innovación Agropecuaria durante la gestión de Llaryora, quien tras la victoria lo felicitó públicamente y lo recibió en su despacho. De este modo, el gobernador no necesitó aparecer en la boleta para adjudicarse una porción clave del triunfo.

En los festejos también se hicieron presentes sectores alineados con el schiarettismo y el massismo, una postal con un peso político que trasciende lo meramente discursivo. El mensaje interno resulta claro: el cordobesismo conserva la capacidad de articular a sectores peronistas de diversas procedencias siempre que logre estructurar una propuesta con identidad propia.

Allí radica la principal lección que deja Marcos Juárez. Font no necesitó apelar ni reivindicar permanentemente al Partido Justicialista para imponerse en una plaza históricamente adversa al peronismo. El cordobesismo aplicó la fórmula que viene ejecutando desde hace décadas: matizar o esconder la etiqueta partidaria detrás de conceptos ligados a la gestión, la administración, la producción, la cercanía y la autonomía provincial. En Córdoba, el espacio comprendió hace tiempo que un sello o una sigla puede pesar mucho menos en el electorado que una obra terminada.

Esta estrategia representa una continuidad de la doctrina desplegada en su momento por José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, y continuada hoy por Llaryora: consolidar una identidad transversal y apropiarse del concepto del «hacer». En Marcos Juárez este esquema volvió a dar frutos, potenciado además por el escenario de extrema fragmentación que presentó la oposición.

La interna amarilla hizo el resto

Pedro Dellarossa contaba con portación de apellido, experiencia previa por haber sido dos veces intendente y el respaldo explícito de figuras como Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Luis Juez. Sin embargo, el espacio que pretendía liderar llegó profundamente dividido a los comicios. De un lado estaban quienes buscaban retener una impronta ligada al PRO tradicional; del otro, quienes impulsaban una convergencia acelerada hacia La Libertad Avanza; y en un tercer grupo, dirigentes que intentaban construir una alternativa vecinal sin ataduras a estructuras nacionales.

Esta dispersión transformó una elección que podía haber sido polarizada entre dos fuerzas en una multiplicidad de candidaturas compitiendo entre sí. Seis de las siete listas compitieron desde plataformas vinculadas en mayor o menor medida al universo no peronista. En ese contexto, a Font le bastó con concentrar el voto que buscaba una alternativa para lograr una victoria contundente.

A pesar del holgado triunfo del oficialismo provincial, existe un indicador que obliga a matizar los análisis triunfalistas: la participación ciudadana. Sobre un padrón de 24.806 personas habilitadas para votar, la concurrencia rondó apenas el 63%, el registro más bajo en la historia electoral de la ciudad, quedando por debajo del 69% alcanzado en los comicios de 2022.

Este nivel de abstención evidencia que la victoria, si bien contundente, no refleja necesariamente la totalidad del clima social. Las elecciones municipales con baja participación suelen responder a dinámicas propias que difieren de los procesos provinciales o nacionales. Por este motivo, resultaría apresurado trasladar directamente este resultado como una proyección lineal hacia 2027, aunque ignorar sus implicancias también sería un error.

En Marcos Juárez, la intendenta Sara Majorel quedó atrapada en las disputas internas con Dellarossa y en el debate sobre la identidad que debía adoptar la coalición opositora. Font supo capitalizar ese desgaste: mientras la dirigencia se enfocaba en discusiones partidarias y de sellos, los vecinos priorizaron la evaluación del día a día de la gestión, lo que terminó canalizándose en un voto de castigo.

¿Una señal para Córdoba 2027?

Si bien estos comicios no garantizan que Llaryora vaya a retener la gobernación en 2027, ni demuestran que Javier Milei esté perdiendo su base de apoyo en la provincia, sí entregan una señal que el oficialismo nacional no debería soslayar: el voto opositor al peronismo no se alinea de manera automática detrás de La Libertad Avanza. En una provincia con un gobernador de identidad política consolidada, esta variable puede resultar determinante.

El cordobesismo demostró que aún tiene margen para disputar el electorado que el gobierno nacional suele considerar como propio. Asimismo, el comportamiento del electorado de Marcos Juárez ratifica que los ciudadanos pueden votar de forma diferenciada según el nivel de gobierno en juego, habiendo respaldado masivamente a Cristina Fernández de Kirchner en comicios pasados y a Mauricio Macri o Javier Milei en otros, respondiendo a intereses locales, identidades regionales y dinámicas de coyuntura.

Más allá de la intendencia obtenida por Germán Font, el cordobesismo logró un triunfo político de mayor alcance: demostró su capacidad para imponerse en un territorio emblemático para el nacimiento del macrismo, haciéndolo con un dirigente de extracción peronista y sin necesidad de nacionalizar el debate ni confrontar mediante etiquetas partidarias tradicionales.

Para Javier Milei el resultado constituye una señal incómoda, y para el PRO lo es aún más. Mientras la Casa Rosada procura encolumnar al espacio opositor detrás de la causa libertaria, Córdoba vuelve a exhibir la vigencia de una tercera vía sostenida en estructura territorial, capacidad de gestión y un sello provincial propio. Aunque Marcos Juárez no define la contienda de 2027, acaba de encender una luz amarilla en el mapa político nacional.

Lo que tenés que saber sobre Marcos Juárez

 

  • Germán Font ganó la intendencia con aproximadamente el 46% de los votos.
  • Pedro Dellarossa terminó segundo, cerca del 20%.
  • Gerardo Pasquali, identificado con el espacio libertario, quedó tercero, alrededor del 17%.
  • La participación electoral fue cercana al 63%, la más baja registrada en la ciudad según el relevamiento de Letra P.
  • Font fue funcionario del gobierno de Martín Llaryora.
  • El oficialismo provincial tuvo presencia territorial en su campaña y en los festejos.
  • Marcos Juárez fue considerado el “kilómetro cero” del armado que llevó al macrismo nacional al poder en 2015.
  • El resultado puso fin a más de cinco décadas sin una intendencia peronista en la ciudad, según diversas fuentes periodísticas.
  • La oposición llegó fragmentada en múltiples listas.
  • El resultado debe ser leído como una elección municipal, no como una encuesta automática sobre 2027.
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