jueves 10 de septiembre de 2026 - Edición Nº5668

Política | 10 Sep

Este es el Informe más completo que vas a encontrar

11S | A 25 años del día que cambió la historia: Bin Laden, aviones, Torres Gemelas, Pentágono y 2.977 muertos (5 argentinos)

20:00 |NÚMEROS | El 11 de septiembre de 2001, 19 terroristas de Al Qaeda secuestraron 4 aviones comerciales y ejecutaron el atentado más mortífero de la historia moderna de Estados Unidos. En apenas 102 minutos fueron atacadas las Torres Gemelas y el Pentágono, cayó un cuarto avión en Pennsylvania y desapareció para siempre una forma de entender la seguridad mundial. Murieron 2.977 personas de más de 90 países, entre ellas 5 argentinos, pero 25 años después la tragedia todavía sigue produciendo víctimas, enfermedades, guerras, juicios inconclusos y heridas que ni siquiera la ciencia consiguió cerrar.


El cielo de Nueva York estaba prácticamente limpio aquella mañana del martes 11 de septiembre de 2001 cuando un Boeing 767 apareció volando a una altura imposible para Manhattan. A las 8.46, el vuelo 11 de American Airlines se incrustó entre los pisos 93 y 99 de la Torre Norte del World Trade Center y el mundo comenzó a cambiar delante de millones de personas. Lo que primero pareció una catástrofe aérea se convirtió 17 minutos después en la certeza de que Estados Unidos estaba bajo ataque.

A las 9.03, mientras las cadenas de televisión transmitían en vivo las llamas de la primera torre, el vuelo 175 de United Airlines atravesó los pisos 77 a 85 de la Torre Sur. El segundo impacto fue visto en tiempo real por el planeta y eliminó cualquier posibilidad de accidente: aquello era una operación terrorista coordinada. Dos aviones de pasajeros habían sido convertidos deliberadamente en misiles contra uno de los mayores símbolos económicos de Estados Unidos.

Después llegarían el Pentágono, el vuelo 93, los derrumbes y una nube gigantesca que taparía durante horas el sur de Manhattan. Entre el primer impacto, a las 8.46, y la caída de la Torre Norte, a las 10.28, transcurrieron apenas 102 minutos. En menos de dos horas quedaron muertos miles de civiles, destruido el World Trade Center y abierto un ciclo político, militar y de seguridad cuyas consecuencias todavía atraviesan al planeta.


8.46: EL PRIMER AVIÓN Y EL INSTANTE EN QUE TODO CAMBIÓ


El vuelo 11 había despegado de Boston con destino a Los Ángeles y fue secuestrado por cinco terroristas pertenecientes a Al Qaeda. Su impacto contra la Torre Norte abrió un gigantesco boquete entre los pisos 93 y 99 y destruyó todas las vías de escape para quienes estaban por encima de la zona alcanzada. El NIST estableció posteriormente que 1.355 personas quedaron atrapadas en los niveles superiores.

Todavía no existía una explicación pública y muchos periodistas, funcionarios y ciudadanos pensaron inicialmente en un accidente. Ese error duró exactamente 17 minutos. A esa altura, sin embargo, otros tres aviones comerciales ya estaban bajo control de secuestradores.

Miles de trabajadores comenzaron simultáneamente a evacuar el enorme complejo del World Trade Center. La gran paradoja del 11S fue que mientras decenas de miles intentaban bajar y escapar, bomberos, policías y rescatistas comenzaron a subir hacia el fuego. Aquella dirección opuesta terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más poderosos de la tragedia.


9.03: EL SEGUNDO IMPACTO QUE EL MUNDO VIO EN DIRECTO


El vuelo 175 de United Airlines también había partido desde Boston hacia Los Ángeles y llevaba secuestradores de Al Qaeda a bordo. A las 9.03 penetró violentamente en la Torre Sur y convirtió una emergencia extraordinaria en el mayor ataque terrorista registrado sobre territorio estadounidense. La televisión ya transmitía desde Manhattan, por lo que millones de personas presenciaron el impacto prácticamente en vivo.

El avión ingresó entre los pisos 77 y 85, dejando incendios extendidos en numerosos niveles del edificio. A diferencia de la Torre Norte, una de las tres escaleras de la Torre Sur consiguió permanecer marginalmente transitable después del impacto. Dieciocho personas situadas por encima de la zona golpeada encontraron aquel paso y lograron salir con vida.

Otras 619 personas ubicadas en la zona del impacto o por encima de ella no consiguieron escapar antes del derrumbe. El hecho de que una sola escalera sobreviviera parcialmente explica una de las historias más extraordinarias de supervivencia de aquella mañana. En la Torre Norte, en cambio, nadie situado por encima de los pisos impactados pudo descender.


9.37: EL PENTÁGONO TAMBIÉN ESTABA BAJO ATAQUE


Mientras Nueva York intentaba comprender qué estaba ocurriendo, otro avión avanzaba hacia Washington. A las 9.37, el vuelo 77 de American Airlines impactó contra la fachada oeste del Pentágono, sede del Departamento de Defensa y símbolo central del poder militar estadounidense. El avión viajaba a unos 530 millas por hora y todavía transportaba gran parte de su combustible.

Murieron 184 víctimas en el ataque al Pentágono: 125 personas que estaban dentro del edificio y 59 pasajeros y tripulantes del vuelo, sin contar a los cinco secuestradores. La propia renovación que estaba atravesando aquel sector del edificio terminó salvando potencialmente centenares de vidas. Parte del área había sido reforzada y otra sección permanecía parcialmente desocupada por las obras.

El impacto dejó en claro que el objetivo no era solamente económico ni estaba limitado a Nueva York. Los terroristas habían elegido deliberadamente símbolos del poder estadounidense: las Torres representaban su dimensión financiera y el Pentágono, su capacidad militar. Faltaba todavía un cuarto objetivo político que nunca llegaría a concretarse.


9.59: LA TORRE SUR SE DERRUMBÓ PRIMERO


Solamente 56 minutos después de recibir el impacto del vuelo 175, la Torre Sur comenzó a colapsar. A las 9.59, uno de los edificios más reconocibles del planeta desapareció verticalmente en una gigantesca masa de acero, hormigón, vidrio, polvo y restos humanos. La torre que había sido golpeada segunda fue la primera en caer.

Miles de personas corrían por las calles cuando una nube de escombros cubrió varias cuadras del Bajo Manhattan. Rescatistas que minutos antes intentaban subir quedaron atrapados dentro del edificio y numerosos civiles que ya habían escapado debieron volver a correr para sobrevivir al derrumbe. Las imágenes pasarían a formar parte de la memoria visual colectiva del siglo XXI.

El mundo asistía en directo a algo que hasta ese momento parecía reservado al cine catástrofe. Pero detrás de cada imagen espectacular había seres humanos llamando por teléfono a sus familias, esperando ser rescatados o comprendiendo que probablemente no podrían salir. El 11S fue un acontecimiento televisado globalmente y, al mismo tiempo, miles de tragedias privadas ocurriendo en paralelo.


10.03: LOS PASAJEROS QUE DECIDIERON PELEAR


El cuarto avión secuestrado fue el vuelo 93 de United Airlines, que transportaba 33 pasajeros y 7 tripulantes, además de los 4 terroristas. A diferencia de lo ocurrido en las otras aeronaves, quienes estaban a bordo consiguieron enterarse mediante llamadas telefónicas de los ataques contra Nueva York y Washington. Entonces comprendieron que su avión también sería utilizado como un arma.

Los pasajeros y tripulantes decidieron enfrentar a los secuestradores e intentaron recuperar el control de la aeronave. Aquella rebelión cambió el desenlace del cuarto ataque. El avión terminó estrellándose a las 10.03 en un campo cercano a Shanksville, Pennsylvania, sin alcanzar el objetivo al que se dirigía.

La investigación posterior consideró que el objetivo probablemente era el Capitolio de Estados Unidos, aunque durante años también se evaluó la Casa Blanca. Las 40 víctimas del vuelo 93 murieron, pero su decisión impidió que otra institución central de Washington fuera destruida. Por esa razón, el lugar del impacto es recordado actualmente como un “campo de honor”.


10.28: LA TORRE NORTE DESAPARECIÓ Y TERMINARON LOS 102 MINUTOS


A las 10.28 cayó finalmente la Torre Norte, después de permanecer en llamas durante 102 minutos desde el primer impacto. El edificio que había inaugurado el horror terminó cerrando la secuencia principal del ataque. En ese momento, las dos Torres Gemelas habían desaparecido y las 16 acres del complejo del World Trade Center estaban devastadas.

El atentado había dejado daños en todo el complejo y, horas más tarde, también colapsaría el edificio World Trade Center 7. Las investigaciones técnicas realizadas posteriormente por el NIST atribuyeron las caídas a los daños provocados por los impactos, la pérdida de protección ignífuga y los incendios prolongados que debilitaron estructuras críticas. En el caso de las Torres, el organismo concluyó que ambas soportaron inicialmente los impactos y que habrían permanecido de pie de no haber mediado posteriormente los incendios y el debilitamiento estructural.

La magnitud de aquel desastre también alimentó durante décadas teorías conspirativas sobre demoliciones controladas. La investigación oficial del NIST no encontró una explicación compatible con esa hipótesis y reconstruyó técnicamente la secuencia de daño, fuego y colapso. Más de 200 especialistas participaron del estudio, que incluyó fotografías, videos, acero recuperado, entrevistas, ensayos y simulaciones computacionales.


2.977 VIDAS: EL NÚMERO DETRÁS DEL 11S


El balance aceptado oficialmente es de 2.977 víctimas, sin contar a los 19 terroristas. Fueron 2.753 muertos en Nueva York, 184 en el Pentágono y el vuelo 77 y 40 pasajeros y tripulantes del vuelo 93. Había ciudadanos provenientes de más de 90 países.

Esa cifra explica también una confusión que se reproduce cada aniversario porque algunas publicaciones hablan de 2.996 muertos. Ese número surge de sumar las 2.977 víctimas y los 19 secuestradores. Para referirse correctamente a quienes murieron como consecuencia de los atentados, la cifra utilizada por el Memorial del 11S es 2.977.

Entre ellos había ejecutivos financieros, empleados de limpieza, camareros, policías, bomberos, militares, turistas, pasajeros, niños y trabajadores de decenas de nacionalidades. El terrorismo no atacó una abstracción llamada Estados Unidos: mató personas que esa mañana habían salido a trabajar, viajar, estudiar o visitar a sus familias. Esa dimensión humana explica por qué los nombres, y no solamente las estadísticas, ocupan el centro del memorial construido posteriormente.


OCHO NIÑOS Y UNA VÍCTIMA DE APENAS DOS AÑOS


Ocho niños murieron en los cuatro aviones secuestrados. La víctima más pequeña fue Christine Lee Hanson, de apenas dos años y medio, que viajaba con sus padres en el vuelo 175 rumbo a California. La familia planeaba visitar parientes y posteriormente viajar a Disneyland.

En el vuelo 77 viajaban además tres estudiantes de 11 años que realizaban un viaje escolar. La víctima más anciana mencionada por el FBI tenía 85 años y volaba en el vuelo 11 junto a su esposa para asistir a una boda. Las edades extremas ayudan a mostrar la amplitud humana del ataque.

Casi 3.000 niños perdieron a uno de sus padres como consecuencia del atentado, según el FBI. El número de muertos terminó así multiplicándose en miles de familias cuyos hijos crecieron atravesados por una ausencia producida aquella mañana. El aniversario de 2026 encuentra a muchos de aquellos chicos convertidos ya en adultos.


LOS 343 BOMBEROS QUE CORRIERON HACIA LAS TORRES


El Departamento de Bomberos de Nueva York sufrió una pérdida sin precedentes: 343 integrantes del FDNY murieron el 11 de septiembre. Mientras quienes estaban dentro escapaban hacia la calle, los bomberos entraban cargando decenas de kilos de equipamiento y comenzaban a subir escaleras que, poco después, desaparecerían con ellos adentro. Su sacrificio sigue siendo uno de los componentes centrales de la memoria estadounidense.

Murieron además 71 agentes de distintas fuerzas de seguridad, incluidos 23 miembros del NYPD y 37 de la Policía de la Autoridad Portuaria. Nunca antes Nueva York había sufrido semejante pérdida simultánea de personal de emergencia. Muchos comandantes experimentados desaparecieron en pocos minutos cuando las torres colapsaron.

En total, más de 400 rescatistas perdieron la vida aquel día. Los atentados demostraron no solamente el heroísmo de los equipos de emergencia, sino también problemas graves de comunicaciones, coordinación y capacidad para procesar información durante una catástrofe extraordinaria. Esas fallas fueron posteriormente analizadas por el NIST y la Comisión del 11S.


EL MILAGRO ESTADÍSTICO QUE CASI NO SE CUENTA: MILES CONSIGUIERON ESCAPAR


Las Torres Gemelas podían albergar decenas de miles de personas y aquella mañana había aproximadamente 17.400 ocupantes. Pese a la dimensión del ataque, alrededor del 87% consiguió evacuar antes de los derrumbes y el 99% de quienes estaban por debajo de las zonas de impacto logró salir. La cifra surge de la investigación técnica del NIST.

La ocupación relativamente baja de los edificios resultó decisiva porque las Torres estaban entre un tercio y la mitad de su capacidad habitual. El NIST estimó que, si cada una hubiera tenido 20.000 personas, alrededor de 14.000 podrían haber muerto por la imposibilidad de evacuar semejante cantidad antes del colapso. Es uno de los grandes contrafácticos de aquella mañana.

También ayudaron los simulacros previos y la reacción inmediata de miles de empleados. El 11S fue una masacre de dimensiones gigantescas, pero pudo haber provocado varias veces más muertes. Detrás de los 2.977 fallecidos existe también la historia de miles de personas que consiguieron salir minutos antes de que los edificios desaparecieran.


LOS 19 SECUESTRADORES Y AL QAEDA


El FBI estableció que los 19 terroristas que tomaron los cuatro aviones habían sido entrenados por Al Qaeda. Quince eran ciudadanos sauditas, dos provenían de Emiratos Árabes Unidos, uno era egipcio y otro libanés. Todos habían ingresado a Estados Unidos antes de julio de 2001 y los cuatro pilotos recibieron instrucción de vuelo en territorio estadounidense.

Tres de quienes pilotearon los aviones —Mohamed Atta, Marwan al-Shehhi y Ziad Jarrah— habían formado parte de la denominada célula de Hamburgo. La operación había sido diseñada durante años, financiada, ensayada y coordinada para convertir aviones comerciales cargados de combustible en armas suicidas. El FBI comenzó a identificar a los responsables pocas horas después de los ataques.

La investigación recibió el nombre de PENTTBOM y fue la mayor de toda la historia del FBI. Más de la mitad de los agentes de la agencia llegaron a participar en algún momento y fueron investigadas más de 500.000 pistas. Hubo 167.000 entrevistas, más de 150.000 piezas de evidencia y operaciones en decenas de países.


OSAMA BIN LADEN: EL HOMBRE DETRÁS DEL ATAQUE


Al Qaeda había sido construida alrededor de la figura del saudita Osama bin Laden, quien convirtió la lucha contra Estados Unidos y sus aliados en el eje de una organización yihadista transnacional. Antes del 11S ya había declarado la guerra contra intereses estadounidenses y su organización había cometido los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en 1998. Aquellos ataques habían dejado 224 muertos.

Bin Laden permaneció prófugo durante casi una década después del atentado. El 2 de mayo de 2011 fue muerto por fuerzas especiales estadounidenses durante una operación en Abbottabad, Pakistán. Para Washington representó el cierre de una de las cacerías humanas más extensas de la historia moderna.

Su muerte, sin embargo, no significó el final de Al Qaeda ni del yihadismo global. A 25 años del 11S, la organización perdió gran parte de su estructura central original pero conserva filiales, aliados e influencia ideológica particularmente en África, Asia y Medio Oriente. Su sucesor Ayman al-Zawahiri murió en 2022 y Seif al-Adel es considerado actualmente su líder de facto.


¿ESTADOS UNIDOS PODÍA HABERLO EVITADO?


Una de las preguntas más incómodas apareció rápidamente después de los ataques y terminó ocupando cientos de páginas de la Comisión del 11S. Durante los meses previos existieron numerosos indicios de que Al Qaeda preparaba una operación importante y el sistema de inteligencia estadounidense estaba en estado de máxima alarma. La propia comisión resumiría aquella situación con una frase atribuida al entonces director de la CIA, George Tenet: “el sistema estaba parpadeando en rojo”.

El 6 de agosto de 2001, poco más de un mes antes de los ataques, el presidente George W. Bush había recibido un informe titulado Bin Ladin Determined to Strike in US. El gran fracaso no fue la inexistencia absoluta de señales, sino la incapacidad para conectarlas y convertir información fragmentada en una advertencia operativa capaz de detener la conspiración. Esa conclusión transformó profundamente el aparato de inteligencia posterior.

También falló un sistema de seguridad aeroportuaria diseñado para enfrentar secuestros tradicionales y no ataques suicidas. Hasta el 10 de septiembre de 2001, gran parte del control de pasajeros y equipajes estaba directamente bajo responsabilidad de las compañías aéreas. El concepto mismo de seguridad aeronáutica cambiaría radicalmente después del atentado.


LOS CINCO ARGENTINOS QUE NO VOLVIERON


Argentina también tuvo víctimas propias. Cinco ciudadanos argentinos murieron en las Torres Gemelas: Sergio Villanueva, Mario Santoro, Gabriela Waisman, Pedro Grehan y Guillermo Alejandro Chalcoff. Sus historias convierten una tragedia ocurrida a más de 8.000 kilómetros en un episodio también atravesado por familias argentinas.

Sergio Villanueva, nacido en Bahía Blanca, tenía 33 años y era bombero de Nueva York. Su turno había terminado poco antes del ataque, pero decidió volver a colocarse el uniforme y dirigirse a las Torres para ayudar. Ingresó a la Torre Norte con sus compañeros y murió durante el operativo de rescate.

Mario Santoro, rosarino y paramédico, también estaba fuera de servicio cuando vio desde su casa las Torres en llamas. Decidió igualmente acudir al World Trade Center porque entendió que lo iban a necesitar. Nunca regresó.

Gabriela Waisman, nacida en Caballito, tenía 33 años y se encontraba circunstancialmente en uno de los pisos superiores por una actividad laboral. No trabajaba habitualmente en las Torres, pero aquella reunión la colocó precisamente allí durante el peor momento posible. Alcanzó a comunicarse por teléfono con familiares antes del derrumbe.

Pedro Grehan, nacido en San Isidro, trabajaba para Cantor Fitzgerald en la Torre Norte. Su empresa perdió 658 empleados, una de las mayores tragedias corporativas producidas por los atentados. Grehan tenía tres hijos y su cuerpo nunca fue recuperado.

El quinto argentino fue Guillermo Alejandro Chalcoff, identificado públicamente años después porque también tenía ciudadanía estadounidense. Había acudido aquella mañana a una reunión en las oficinas de Marsh & McLennan y tampoco debía encontrarse habitualmente dentro del World Trade Center. Su incorporación posterior elevó de cuatro a cinco la nómina de víctimas argentinas.


GROUND ZERO: CUANDO TERMINÓ EL ATAQUE Y COMENZÓ OTRA TRAGEDIA


Después de los derrumbes comenzó una gigantesca operación de búsqueda, rescate y posteriormente recuperación de restos. Miles de bomberos, policías, trabajadores, voluntarios y especialistas pasaron semanas o meses respirando una mezcla de polvo, amianto, vidrio, metales, combustibles, químicos y partículas procedentes de edificios completamente pulverizados. Aquel aire terminaría cobrando su propio número de víctimas.

Los trabajos en Ground Zero continuaron hasta el 30 de mayo de 2002, cuando fue retirado ceremonialmente el último gran elemento de acero. Lo que durante las primeras horas fue una misión de rescate se transformó progresivamente en una tarea de recuperación de restos humanos. Muy pocos sobrevivientes fueron encontrados después de las primeras jornadas.

Durante años comenzó a aparecer un patrón de enfermedades respiratorias, cánceres y trastornos asociados a la exposición. El 11S dejó entonces de ser un atentado con una cifra cerrada de muertos y se convirtió también en una catástrofe sanitaria de larga duración. Esa segunda ola continúa 25 años después.


143.340 PERSONAS Y EL 11S QUE TODAVÍA ENFERMA


El World Trade Center Health Program fue creado para controlar y tratar gratuitamente a rescatistas y sobrevivientes con enfermedades relacionadas con aquella exposición. Al 31 de marzo de 2026 registraba 143.340 miembros actualmente inscriptos, entre ellos 70.850 rescatistas generales, 55.326 sobrevivientes y otros grupos específicos. La magnitud muestra hasta qué punto la tragedia continúa siendo una cuestión sanitaria actual.

El 67% de los miembros activos tiene al menos una condición de salud certificada como relacionada con el World Trade Center. A lo largo de la vida del programa se acumularon 54.956 certificaciones por cáncer, 42.302 por sinusitis crónica, 39.099 por reflujo gastroesofágico y 23.085 por asma. El trastorno de estrés postraumático suma casi 18.000 certificaciones.

El programa advierte expresamente que una misma persona puede tener varias afecciones y que esos números no equivalen a prevalencia poblacional. Pero el mensaje epidemiológico resulta imposible de ignorar: el polvo del 11S siguió dañando cuerpos durante décadas. Solamente en los 12 meses anteriores a marzo de 2026 se emitieron 10.622 nuevas certificaciones por cáncer.


EL OTRO NÚMERO IMPOSIBLE: 1.099 VÍCTIMAS TODAVÍA SIN IDENTIFICAR


Apenas semanas antes del 25° aniversario ocurrió un acontecimiento extraordinario: Nueva York consiguió identificar otra víctima mediante genealogía genética forense. Fue la primera identificación del 11S realizada utilizando esa técnica y llevó a 1.654 el número de víctimas identificadas mediante restos humanos recuperados. La familia pidió mantener el nombre en reserva.

Pero detrás de aquel avance aparece una estadística devastadora. Todavía permanecen sin identificar 1.099 víctimas del World Trade Center, aproximadamente el 40% de quienes murieron en Nueva York. Un cuarto de siglo después, centenares de familias continúan sin haber recibido restos identificados de sus seres queridos.

La Oficina del Médico Forense continúa reevaluando fragmentos con tecnologías que ni siquiera existían en 2001. En uno de los acontecimientos criminales más filmados y documentados de la historia, todavía quedan más de mil personas sin una identificación forense completa. Es posiblemente uno de los datos más fuertes para comprender la violencia física del derrumbe.


MÁS DE US$16.800 MILLONES EN COMPENSACIONES Y RECLAMOS QUE SIGUEN LLEGANDO


Estados Unidos creó además el September 11th Victim Compensation Fund para indemnizar daños físicos y muertes vinculadas tanto con los atentados como con las tareas posteriores de remoción de escombros. Desde su reapertura en 2011, el fondo había otorgado hasta fines de 2025 más de US$16.800 millones a más de 71.000 reclamantes. Solamente durante 2025 pagó casi US$2.000 millones.

Lo llamativo es que los pedidos no disminuyen al ritmo que cabría esperar después de 25 años. Durante 2025, el promedio de nuevas solicitudes subió de unas 700 mensuales a alrededor de 900. Nuevos diagnósticos siguen conectando enfermedades actuales con exposiciones ocurridas en 2001.

La tragedia financiera, por lo tanto, tampoco quedó congelada en aquel septiembre. El Estado estadounidense continúa pagando miles de millones por consecuencias médicas y humanas que aparecen décadas después. El verdadero costo del 11S todavía no puede considerarse terminado.


EL COSTO INMEDIATO: DECENAS DE MILES DE MILLONES


El impacto económico inicial fue gigantesco. Una revisión de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno estadounidense consideró que uno de los estudios más completos calculaba unos US$83.000 millones de pérdidas directas e indirectas en dólares de 2001. Incluía destrucción material, pérdidas laborales, interrupciones comerciales y costos vinculados con la emergencia.

El Bajo Manhattan quedó prácticamente paralizado y numerosos edificios próximos resultaron inutilizados. Decenas de miles de empleos fueron afectados y sectores como aviación, turismo, seguros, transporte y servicios financieros recibieron golpes inmediatos. A escala global, los mercados atravesaron fuertes turbulencias y la aviación civil cambió completamente sus protocolos.

Pero aquellos US$83.000 millones representan apenas una fotografía de las consecuencias iniciales. Las guerras, el aparato de seguridad creado después, las indemnizaciones y los tratamientos sanitarios multiplicaron posteriormente el costo económico en órdenes de magnitud. El atentado resultó barato para quienes lo planearon y extraordinariamente costoso para el país atacado.


LA RESPUESTA: LA GUERRA MÁS LARGA DE ESTADOS UNIDOS


El 7 de octubre de 2001, menos de un mes después del atentado, Estados Unidos y sus aliados comenzaron operaciones militares contra Afganistán. El objetivo era destruir las bases de Al Qaeda y derribar al régimen talibán que le había dado refugio a Osama bin Laden. Kabul cayó en noviembre, pero la guerra terminaría prolongándose durante casi veinte años.

Aquella intervención inauguró la llamada Guerra Global contra el Terrorismo. Lo que comenzó como respuesta directa al 11S terminó extendiendo operaciones militares, de inteligencia y contraterrorismo por decenas de países. El Proyecto Costs of War de Brown University identifica actividades vinculadas con esta política en al menos 78 países.

Estados Unidos finalmente abandonó Afganistán en agosto de 2021 y los talibanes recuperaron Kabul prácticamente al mismo tiempo. Veinte años después de haber sido expulsado por albergar a Al Qaeda, el movimiento volvió al gobierno afgano. Esa imagen dejó uno de los interrogantes más dolorosos sobre el balance estratégico de la guerra nacida después del 11S.


IRAK: LA GUERRA QUE EL 11S AYUDÓ A HACER POSIBLE, AUNQUE IRAK NO HIZO EL 11S


En marzo de 2003 Estados Unidos invadió Irak y derrocó a Saddam Hussein dentro del clima político creado por la Guerra contra el Terror. Sin embargo, la Comisión del 11S no encontró evidencia creíble de que el régimen iraquí hubiera participado en la planificación o ejecución de los atentados del 11 de septiembre. Esa distinción histórica resulta fundamental.

Desde los primeros días posteriores al ataque, integrantes de la administración Bush estudiaron posibles conexiones con Bagdad. Los documentos examinados por la Comisión describen que no apareció un caso convincente que demostrara participación iraquí en el 11S. Aun así, Irak terminaría convirtiéndose dos años después en el segundo gran frente de la estrategia estadounidense posterior al atentado.

La asociación pública entre terrorismo, armas de destrucción masiva e Irak marcó profundamente aquella etapa. La guerra provocó enormes pérdidas humanas, transformó Medio Oriente y contribuyó posteriormente a condiciones que facilitarían el ascenso del Estado Islámico. El 11S no explica por sí solo aquella invasión, pero resulta imposible comprenderla fuera del clima político creado por los atentados.


EL PRECIO DE LAS GUERRAS: MÁS DE US$8 BILLONES


El cálculo más amplio elaborado por el proyecto Costs of War, de Brown University, coloca el gasto y las obligaciones financieras estadounidenses de las guerras posteriores al 11S por encima de US$8 billones hasta 2021. Es decir, alrededor de cien veces las estimaciones de daños económicos inmediatos producidos en Nueva York. Buena parte de ese esfuerzo fue financiado mediante endeudamiento.

El mismo proyecto estima entre 905.000 y 940.000 muertes directas por violencia de guerra hasta 2023 en Irak, Afganistán, Pakistán, Siria, Yemen y otros escenarios vinculados. Entre 408.749 y 432.093 habrían sido civiles. Se trata de cálculos académicos sobre conflictos diferentes y no de víctimas directas del atentado, pero sirven para dimensionar el enorme efecto geopolítico que siguió al 11S.

Brown agrega además un cálculo todavía mayor de muertes indirectas provocadas por enfermedad, hambre, destrucción de infraestructura y otras consecuencias de las guerras. Su estimación sitúa el saldo total potencial entre 4,5 y 4,7 millones de personas. Son cifras discutidas y metodológicamente complejas, pero muestran el tamaño del ciclo histórico desencadenado después de 2001.


EL PATRIOT ACT Y EL NUEVO ESTADO DE SEGURIDAD


El 11S transformó también la relación entre seguridad y libertades civiles dentro de Estados Unidos. En octubre de 2001 fue aprobado el USA PATRIOT Act, que amplió significativamente facultades gubernamentales vinculadas con vigilancia, investigación, intercambio de información y persecución del terrorismo. La legislación produjo desde entonces un intenso debate sobre hasta dónde puede llegar el Estado en nombre de la seguridad.

En 2003 comenzó además a funcionar el Department of Homeland Security, que agrupó 22 agencias y oficinas dentro de un nuevo departamento federal. Fue la mayor reorganización del aparato de seguridad estadounidense en generaciones. Control fronterizo, inmigración, emergencias, protección de infraestructura y prevención terrorista quedaron integrados bajo una misma estructura.

La aviación cambió todavía más visiblemente. Puertas de cabina reforzadas, controles aeroportuarios federales, restricciones sobre líquidos, mayores sistemas de identificación y nuevas bases de datos nacieron o se profundizaron como consecuencia directa del 11S. Cada pasajero que actualmente atraviesa un aeropuerto occidental todavía pasa, en parte, por un sistema construido después de aquella mañana.


GUANTÁNAMO: 25 AÑOS DESPUÉS, EL JUICIO CENTRAL TODAVÍA NO TERMINÓ


Existe una paradoja jurídica particularmente fuerte en este aniversario. Khalid Sheikh Mohammed, acusado por Estados Unidos de haber concebido y dirigido el plan del 11S, todavía no fue juzgado definitivamente por aquellos atentados. Fue capturado en Pakistán en 2003 y permanece detenido en Guantánamo.

En agosto de 2026 un juez militar fijó para el 5 de junio de 2028 el inicio de su juicio junto con otros tres acusados. Eso significa que, si el calendario finalmente se cumple, el proceso principal comenzará casi 27 años después de los ataques. Disputas sobre pruebas, torturas, procedimientos y acuerdos judiciales demoraron durante décadas la causa.

El expediente sigue registrando movimientos incluso durante este 25° aniversario y existen audiencias previstas para fines de septiembre de 2026. El país que realizó la investigación criminal más grande de la historia del FBI todavía no logró cerrar judicialmente el proceso contra quien acusa de ser el arquitecto central del atentado. Es una de las asignaturas pendientes más extraordinarias del 11S.


LA MEMORIA FÍSICA: DOS VACÍOS DONDE ESTABAN LAS TORRES


En el lugar exacto donde se levantaban las Torres Gemelas existen actualmente dos enormes piscinas excavadas sobre sus huellas. En los bordes de bronce fueron inscriptos 2.983 nombres: las 2.977 víctimas de 2001 y las seis personas asesinadas en el atentado de 1993 contra el World Trade Center. El vacío ocupa literalmente el lugar de los edificios desaparecidos.

Cada nombre fue dispuesto atendiendo relaciones familiares, laborales y personales solicitadas por los allegados. El memorial no organiza simplemente a los muertos de manera alfabética: intenta conservar vínculos entre quienes compartieron sus vidas y, en muchos casos, también sus últimos minutos. Esa decisión convirtió el diseño en algo más parecido a un mapa humano que a una lista.

A pocos metros se levanta One World Trade Center, el rascacielos que sustituyó simbólicamente a las Torres. Su altura arquitectónica alcanza deliberadamente los 1.776 pies, una referencia al año de la Declaración de Independencia estadounidense. El skyline volvió a crecer, aunque las dos ausencias continúan marcadas en el suelo.


DOS COLUMNAS DE LUZ PARA RECONSTRUIR LO QUE YA NO EXISTE


Cada aniversario, 88 lámparas de xenón proyectan hacia el cielo dos columnas luminosas que reproducen la ubicación de las antiguas Torres Gemelas. El “Tribute in Light” puede verse desde decenas de kilómetros y se convirtió en la representación nocturna más reconocible del recuerdo del 11S. Los haces llegan hasta cuatro millas hacia el cielo.

Para el 25° aniversario, decenas de edificios y monumentos se sumarán iluminándose de azul. La iniciativa alcanza no solamente Nueva York y diferentes ciudades estadounidenses, sino también puntos internacionales como las Cataratas del Niágara, el Parlamento de Irlanda y localidades europeas. El recuerdo mantiene así una dimensión global coherente con la nacionalidad de las víctimas.

No se intenta reconstruir visualmente las Torres sino evocar el espacio que dejaron. Dos edificios de acero son reemplazados una noche por dos columnas inmateriales de luz. Pocas imágenes resumen con tanta precisión la relación entre ausencia y memoria.


2026: NUEVA YORK VUELVE A LEER LOS 2.977 NOMBRES


Este viernes 11 de septiembre de 2026, la ceremonia central del 25° aniversario comenzará a las 8.40 de Nueva York en la plaza del Memorial. Será nuevamente una ceremonia reservada fundamentalmente a familiares de las víctimas y se extenderá durante varias horas con la tradicional lectura de los nombres. El Museo permanecerá cerrado al público durante la conmemoración.

Se realizarán seis grandes momentos de silencio: 8.46, 9.03, 9.37, 9.59, 10.03 y 10.28. Cada horario corresponde respectivamente al primer impacto, segundo impacto, ataque al Pentágono, caída de la Torre Sur, caída del vuelo 93 y derrumbe de la Torre Norte. Posteriormente existe un séptimo momento destinado a quienes murieron por enfermedades relacionadas con el 11S.

Nueva York dispuso además que el 11 de septiembre sea un día de recuerdo y servicio comunitario. La ciudad homenajea tanto a quienes murieron aquella mañana como a rescatistas fallecidos posteriormente por enfermedades vinculadas con Ground Zero. El 25° aniversario llega así cuando el pasado continúa produciendo consecuencias médicas en el presente.


EL 11S TAMBIÉN CAMBIÓ LA TELEVISIÓN Y NUESTRA FORMA DE MIRAR UNA CATÁSTROFE


Nunca antes un atentado de esa magnitud había sido seguido prácticamente en tiempo real por semejante audiencia global. El segundo avión, los incendios, personas atrapadas, derrumbes y calles cubiertas de polvo fueron transmitidos en directo durante horas. Millones de personas recuerdan no solamente qué ocurrió sino dónde estaban cuando lo vieron.

Para quienes tenían edad suficiente en 2001, el 11S se convirtió en uno de esos escasos acontecimientos que fijan una memoria personal colectiva. “¿Dónde estabas cuando cayeron las Torres?” terminó funcionando para una generación como una pregunta equivalente a otros grandes quiebres históricos del siglo XX. En Argentina, las imágenes comenzaron a ocupar las pantallas durante la mañana y dominaron completamente la programación.

Un cuarto de siglo después, buena parte de la población mundial nació después de los ataques. Eso coloca al 25° aniversario en una frontera generacional: el 11S empieza a dejar de ser solamente memoria personal para convertirse definitivamente en historia enseñada. El desafío de los memoriales es justamente preservar su dimensión humana cuando ya no queden testigos directos.


QUÉ PASÓ REALMENTE CON LAS TORRES: LA EXPLICACIÓN TÉCNICA


Las Torres Gemelas habían sido diseñadas para soportar enormes cargas y consiguieron permanecer en pie después de recibir los impactos. El problema fue la combinación entre columnas dañadas, protección ignífuga desprendida y grandes incendios alimentados inicialmente por combustible y luego por el contenido de las oficinas. El calor debilitó progresivamente componentes estructurales hasta producir el inicio del colapso.

No significa que el acero necesitara fundirse, como suelen plantear algunas teorías conspirativas. El acero pierde una parte considerable de su resistencia mecánica a temperaturas muy inferiores a su punto de fusión. La investigación del NIST reconstruyó esa interacción entre daño físico inicial y debilitamiento provocado por los incendios.

El organismo analizó 236 piezas de acero, miles de fotografías, alrededor de 150 horas de video y más de mil entrevistas. Fue una investigación técnica destinada a comprender el colapso y mejorar las normas de seguridad, no a determinar responsabilidad criminal. Sus recomendaciones terminaron influyendo en códigos de construcción, evacuación y protección contra incendios.


LAS ESCALERAS QUE SALVARON VIDAS


Entre los objetos conservados existe una estructura aparentemente insignificante frente a las dimensiones del desastre: una vieja escalera exterior de granito y hormigón. Por allí escaparon centenares de personas desde la plaza del World Trade Center hacia Vesey Street mientras restos caían alrededor. La estructura sobrevivió a los derrumbes y actualmente es conocida como la “Survivors’ Stairs”.

Estuvo a punto de ser destruida durante los trabajos de limpieza. Sobrevivientes y organizaciones consiguieron finalmente preservarla como uno de los pocos elementos arquitectónicos reconocibles que permanecieron en pie. Hoy forma parte de la colección del Museo del 11S.

Entre aviones, rascacielos y decisiones presidenciales, la escalera representa otra escala de la historia. Para cientos de personas, el 11S no fue geopolítica: fue simplemente encontrar unos escalones y seguir bajando hasta estar vivos.


25 AÑOS DESPUÉS: ¿GANÓ AL QAEDA?


La respuesta más inmediata es no. Al Qaeda perdió sus grandes campos de entrenamiento en Afganistán, buena parte de su conducción histórica fue eliminada y nunca consiguió repetir dentro de Estados Unidos una operación comparable al 11S. Bin Laden murió, al-Zawahiri murió y la organización central es hoy mucho más débil que en 2001.

Pero medir solamente esa dimensión sería insuficiente. El ataque consiguió provocar exactamente aquello que el terrorismo busca producir: una reacción política, militar y psicológica muy superior a la magnitud material de la operación inicial. Estados Unidos entró en guerras de décadas, gastó billones de dólares y reconfiguró buena parte de su aparato estatal.

Tampoco desapareció el yihadismo transnacional. Al Qaeda se descentralizó, surgió el Estado Islámico y diferentes organizaciones continúan utilizando una ideología inspirada parcial o indirectamente por aquel movimiento. El atentado no derrotó a Estados Unidos, pero consiguió modificar profundamente sus prioridades durante una generación.


¿ESTADOS UNIDOS ES MÁS SEGURO HOY?


En términos estrictamente aeronáuticos, repetir exactamente la mecánica del 11S resulta considerablemente más difícil. La seguridad aeroportuaria, las cabinas reforzadas, la coordinación de inteligencia y los protocolos militares fueron transformados específicamente para impedir otro ataque de ese tipo. El gobierno estadounidense reorganizó además profundamente la cooperación entre agencias.

Pero las amenazas evolucionaron. El propio Departamento de Seguridad Nacional reconoce que actualmente preocupan especialmente actores solitarios y pequeños grupos radicalizados por distintas ideologías. El modelo de 19 hombres coordinados desde una organización central dejó paso también a amenazas mucho más dispersas.

La tecnología agregó además escenarios inexistentes en 2001: drones, ciberataques, inteligencia artificial y radicalización digital. El 11S enseñó que prepararse exclusivamente para el atentado anterior puede dejar abierta la puerta al siguiente. Esa probablemente sea una de sus lecciones estratégicas más duraderas.


EL DÍA QUE EL SIGLO XXI EMPEZÓ DE GOLPE


Los calendarios dicen que el siglo XXI comenzó el 1° de enero de 2001. Pero políticamente puede sostenerse que comenzó a las 8.46 del 11 de septiembre, cuando un avión desapareció dentro de la Torre Norte. Afganistán, Irak, Guantánamo, Homeland Security, controles aeroportuarios, vigilancia masiva y la Guerra contra el Terror nacieron o fueron redefinidos desde ese momento.

También cambió la política internacional, el vínculo entre Occidente y el mundo musulmán, la discusión sobre inmigración y la percepción de vulnerabilidad estadounidense. La superpotencia que había terminado la Guerra Fría convencida de su predominio descubrió que 19 hombres podían convertir cuatro aviones civiles en armas capaces de golpear Nueva York y Washington simultáneamente. Esa herida psicológica fue probablemente tan importante como la material.

La respuesta terminó definiendo presidencias enteras, presupuestos militares y generaciones de soldados. Personas que eran niños cuando vieron caer las Torres terminaron años después combatiendo en Afganistán o Irak. Y algunos regresaron de guerras que habían comenzado como consecuencia de imágenes que habían observado desde un televisor.


VEINTICINCO AÑOS Y UNA HERIDA QUE TODAVÍA NO CERRÓ


Las Torres ya no existen, pero el atentado sigue teniendo pacientes. El hombre acusado de planificarlo todavía espera juicio, más de mil víctimas continúan sin identificación forense y decenas de miles de personas poseen enfermedades certificadas como relacionadas con el desastre. El 11S sigue siendo presente antes que una pieza cerrada de museo.

El último sobreviviente no será necesariamente la última víctima. Los cánceres vinculados con la exposición pueden aparecer décadas después y las autoridades estadounidenses continúan recibiendo nuevos reclamos de compensación. El polvo que cubrió Manhattan aquella mañana terminó instalándose también en el futuro.

Por eso el aniversario número 25 tiene un significado diferente a todos los anteriores. Ya pasó un cuarto de siglo, pero todavía no terminó completamente aquello que comenzó a las 8.46 del 11 de septiembre de 2001. Hay historias sin cuerpo, cuerpos sin nombre, juicios sin sentencia y enfermedades cuyo reloj sigue corriendo.


102 MINUTOS QUE TODAVÍA PESAN SOBRE EL PLANETA


Un avión golpeó una torre.

Diecisiete minutos después, otro avión golpeó la segunda.

Treinta y cuatro minutos más tarde, el Pentágono estaba ardiendo.

Después cayó una torre.

Después un avión se estrelló en un campo.

Después cayó la otra.

Fueron 102 minutos. Y alcanzaron para modificar 25 años de historia mundial.

En aquellas dos horas murieron 2.977 personas, desapareció el World Trade Center, Estados Unidos sufrió el peor atentado terrorista de su historia y comenzó una respuesta que terminaría atravesando continentes. Cinco de aquellas víctimas eran argentinas y otras procedían de más de 90 países, recordándonos que las Torres eran estadounidenses pero la tragedia fue global.

Nueva York volvió a levantarse, el skyline fue reconstruido y Al Qaeda perdió gran parte de la estructura que hizo posible el ataque. Pero ningún rascacielos nuevo puede borrar las dos huellas vacías que hoy ocupan el lugar exacto de las Torres. Allí están grabados miles de nombres porque la arquitectura puede reconstruirse; las vidas, no.

Este 11 de septiembre, cuando las campanas vuelvan a sonar a las 8.46 y las familias comiencen una vez más a pronunciar cada nombre, habrán pasado exactamente 25 años. Un cuarto de siglo después, el mundo todavía vive dentro de algunas de las decisiones, miedos, guerras y sistemas de seguridad que nacieron aquella mañanaY quizás esa sea la verdadera dimensión histórica del 11S. Las Torres cayeron en 102 minutos. Sus consecuencias todavía no terminaron de caer.


11S EN NÚMEROS


2.977: víctimas de los atentados, sin contar a los 19 terroristas.

2.753: muertos en Nueva York.

184: víctimas en el Pentágono y el vuelo 77.

40: pasajeros y tripulantes muertos en el vuelo 93.

19: integrantes de Al Qaeda que secuestraron los cuatro aviones.

Más de 90: países de origen de las víctimas.

5: ciudadanos argentinos fallecidos.

343: bomberos del FDNY muertos el 11S.

71: integrantes de fuerzas de seguridad muertos en Nueva York.

17.400: ocupantes estimados dentro de las Torres aquella mañana.

87%: porcentaje aproximado de ocupantes que consiguió evacuar.

102 minutos: tiempo transcurrido entre e

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