miércoles 16 de septiembre de 2026 - Edición Nº5674

Política | 16 Sep

"Don Chatarrín" expone a Milei

Caños indios descartables para Vaca Muerta: explosiva denuncia sacude al gasoducto que le birlaron a Techint

12:03 |Miles de tubos fabricados por la india Welspun ya comenzaron a llegar a Río Negro para construir el San Matías Pipeline, el gasoducto de US$1.300 millones que llevará gas de Vaca Muerta hasta el Atlántico. La operación vuelve ahora al centro de la polémica por denuncias que califican al material importado como de baja calidad y advierten sobre eventuales fallas. Pero detrás de palabras como “descartables” y “bomba de tiempo” aparece una pregunta elemental: ¿dónde están los ensayos técnicos que las demuestran? La historia mezcla una licitación perdida por Techint, una oferta india mucho más barata, una pelea por dumping y una infraestructura estratégica para las futuras exportaciones argentinas.


Los caños ya están acá. No es una discusión hipotética ni una licitación que todavía pueda cambiar de manos. Durante agosto ingresó un primer cargamento de alrededor de 3.487 tubos y en septiembre arribó otro buque con 3.340. El acero indio que desató una de las mayores peleas industriales del año ya está apilado en el puerto de San Antonio Este.

Son tubos de acero de 36 pulgadas fabricados por Welspun y destinados al gasoducto que conectará Tratayén, en Neuquén, con San Antonio Oeste, en Río Negro. El proyecto tendrá aproximadamente 471/480 kilómetros y capacidad para transportar unos 27 millones de metros cúbicos diarios. No hablamos de una cañería secundaria: será una arteria central del negocio argentino de exportación de GNL.

La inversión comprometida asciende a US$1.300 millones y el proyecto fue incorporado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La sociedad responsable deberá acreditar US$454 millones en activos computables durante el primer año y US$501 millones durante el segundo. La pelea por los caños ocurre dentro de una obra privada, pero atravesada por un régimen de beneficios fiscales otorgado por el Estado argentino.

Y allí aparece el nombre que convirtió una compra industrial en una batalla política: Techint. A comienzos de 2026, Tenaris perdió frente a Welspun la licitación para abastecer los tubos. Según fuentes del consorcio citadas entonces por Noticias Argentinas, la firma india presentó una propuesta alrededor de 40% inferior y cumplía los requisitos técnicos establecidos en la compulsa. Techint no perdió porque el Gobierno le confiscara un contrato: perdió una licitación organizada por un consorcio empresario.

Ese consorcio está integrado por pesos pesados. Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG participan del proyecto que necesita llevar el gas desde Vaca Muerta hasta las unidades flotantes de licuefacción del Golfo San Matías. La decisión de comprar los tubos indios no fue tomada exclusivamente por la Casa Rosada ni por una oficina de Federico Sturzenegger. Fue una decisión empresarial dentro de un proyecto que posteriormente obtuvo los beneficios del RIGI.

Eso no impidió que la Casa Rosada se metiera de cabeza en la pelea. Federico Sturzenegger defendió públicamente el resultado de la licitación y cuestionó la posición de Techint. Desde el grupo de Paolo Rocca, en cambio, sostuvieron que Tenaris había ofrecido igualar las condiciones comerciales para preservar actividad industrial argentina y comenzaron a evaluar una presentación por supuesto dumping contra Welspun. La discusión dejó rápidamente de ser caño contra caño: pasó a ser apertura económica contra protección industrial.

La acusación de dumping también necesita precisión. Techint cuestionó que Welspun pudiera ofrecer semejante diferencia de precio y planteó investigar si existía una práctica de venta por debajo de los valores correspondientes. Dumping no significa automáticamente mala calidad: precio, origen y aptitud técnica son discusiones diferentes. Una tubería podría eventualmente ser objeto de una controversia comercial y, al mismo tiempo, cumplir especificaciones técnicas; o podría suceder lo contrario. Una cosa no demuestra la otra.

Ahora apareció una acusación mucho más grave. La Arena reprodujo una información atribuida a Noticias Argentinas según la cual los tubos serían “descartables” y de baja calidad, con supuesta propensión a fatiga, fisuras y roturas. También se difundió que habrían sido concebidos para perforación petrolera y posteriormente reconvertidos para transporte gasífero. Si semejante denuncia fuera demostrada, el problema dejaría de ser comercial y pasaría inmediatamente al terreno de la seguridad de una infraestructura crítica.

El problema periodístico aparece inmediatamente después. En las publicaciones que PrimeraPagina.info pudo localizar, las afirmaciones más alarmantes están atribuidas a “especialistas” o “la industria” sin identificar allí un laboratorio, una universidad, un organismo regulador, una certificadora o una pericia técnica específica que haya realizado ensayos sobre estos tubos. Una acusación extraordinariamente grave necesita algo más sólido que una fuente anónima repetida de portal en portal.

Tampoco encontramos, entre las fuentes revisadas, documentación técnica que permita afirmar como hecho que los caños instalados sean “descartables” o que exista un “riesgo inminente” de explosión. Por el contrario, cuando Welspun ganó la licitación, fuentes del consorcio aseguraron que la oferta más económica cumplía los requisitos técnicos. Hoy existen dos relatos enfrentados; lo que falta públicamente es la evidencia técnica capaz de cerrar la discusión.

Hay otro dato que vuelve especialmente delicada la controversia. Fuentes especializadas del mercado siderúrgico describieron recientemente al proyecto como demandante de unas 200.000 toneladas de chapas de acero grado API y consignaron que Welspun había ganado la provisión. Eso vuelve imprescindible conocer exactamente qué especificación API fue contratada, qué certificados acompañan cada lote y qué ensayos de recepción se realizan antes de soldar los tubos.

Porque la calidad de un gasoducto no se decide mirando el pasaporte del fabricante. Importan la composición del acero, grado API, espesor, proceso de fabricación, costura, soldabilidad, resistencia, trazabilidad, ensayos no destructivos, pruebas hidrostáticas y condiciones de operación. “Hecho en India” no significa malo, del mismo modo que “hecho en Argentina” no constituye por sí solo una certificación de seguridad.

Welspun tampoco es una fábrica improvisada aparecida para esta licitación. Existen antecedentes internacionales de provisión de tuberías de acero de gran diámetro de la compañía y documentación regulatoria extranjera que registra tubería india de Welspun bajo especificaciones API para gasoductos. El origen indio del producto, por sí mismo, no prueba ninguna inferioridad metalúrgica.

Eso tampoco alcanza para certificar estos tubos particulares. Una empresa puede tener antecedentes internacionales y un lote determinado debe igualmente cumplir las especificaciones exigidas por el proyecto. La pregunta correcta no es si confiamos en India o en Techint: es si estos caños concretos pasaron todos los controles que deben pasar.

Mientras la controversia crecía, el material siguió llegando. El segundo buque descargó 3.340 caños y, terminado ese operativo, el puerto acumulaba 6.827 tubos destinados al San Matías Pipeline. Los cargamentos continuarán llegando progresivamente. La obra avanza mientras afuera del puerto crece una discusión que todavía necesita abandonar las consignas y mostrar los certificados.

La batalla tiene además un segundo capítulo que profundizó el golpe empresario a Techint. Meses después de perder la provisión de los tubos, la compañía también quedó afuera de la construcción del gasoducto. La obra fue adjudicada a la unión de la argentina Víctor Contreras y la italiana SICIM, cuya propuesta resultó más económica que la presentada por Techint-SACDE. Rocca perdió primero los caños y después perdió el tendido.

En aquella segunda licitación, fuentes del proyecto informaron que la decisión había sido tomada por unanimidad y que la propuesta ganadora combinaba menor precio y mejores condiciones comerciales. El enfrentamiento entre el Gobierno y Techint es real y público; demostrar que ese enfrentamiento determinó irregularmente las adjudicaciones requeriría evidencia adicional.

Por eso tampoco puede afirmarse, con lo disponible, que los caños fueron importados “para perjudicar a la industria nacional”. Esa es una interpretación sobre la motivación de los actores. Lo comprobable es que la industria local perdió una licitación frente a un proveedor extranjero sustancialmente más barato y que el Gobierno defendió el resultado frente a los cuestionamientos de Techint. El efecto sobre la industria argentina puede medirse; la intención de dañarla no debe inventarse.

El debate de fondo, sin embargo, existe y es enorme. Techint plantea que una infraestructura favorecida por incentivos fiscales argentinos debería ponderar producción y empleo locales. Del otro lado aparece la lógica de comprar internacionalmente al menor precio siempre que el producto cumpla las especificaciones. Ahí está la verdadera guerra: cuánto está dispuesto a pagar un país por conservar capacidad industrial propia.

Pero la denuncia sobre seguridad obliga a subir un escalón. Si existen especialistas capaces de sostener que estos tubos tienen menor vida útil, riesgo de microfisuras o resistencia insuficiente, deberían conocerse sus nombres, los ensayos realizados, las muestras estudiadas y las normas contra las que fueron comparadas. Con un gasoducto de US$1.300 millones no alcanza con decir “son seguros” ni con gritar “son descartables”: hay que mostrar los papeles. Y esos papeles son ahora la noticia que falta.

Los certificados de calidad de Welspun. Las especificaciones contractuales. Los ensayos metalúrgicos. Las pruebas hidrostáticas. Los controles de soldadura. La trazabilidad de las partidas. Los protocolos de recepción y las auditorías realizadas sobre el material desembarcado.

Si todo está en regla, publicarlos desarma la denuncia. Si no lo está, la transforma en un escándalo de otra dimensión.


Lo que tenés que saber sobre los caños de Vaca Muerta


Welspun ganó a comienzos de 2026 la provisión de tubos para el gasoducto que conectará Vaca Muerta con el Golfo San Matías; Techint cuestionó la diferencia de precios y evaluó denunciar dumping. El proyecto tendrá unos 471/480 kilómetros, demandará aproximadamente US$1.300 millones y recibió aprobación dentro del RIGI. Ya desembarcaron miles de tubos indios de 36 pulgadas. En septiembre comenzaron a circular denuncias que los califican como “descartables” y cuestionan su aptitud. Hasta ahora, las publicaciones localizadas por PP no aportan una pericia técnica identificada que permita presentar esas acusaciones como hechos comprobados.

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