viernes 18 de septiembre de 2026 - Edición Nº5676

Política | 18 Sep

El poder de Menéndez

Gustavo Menéndez, intendente de Merlo: la causa por enriquecimiento que sigue abierta

09:43 |Gustavo Menéndez gobierna Merlo desde hace años y acumula una causa judicial, una denuncia patrimonial y cuestionamientos por la gestión municipal.


Bajo la fachada de una liturgia peronista impostada y la retórica populista de barricada, el distrito bonaerense de Merlo se ha consolidado como el laboratorio perfecto del saqueo institucional, un feudo donde la cosa pública pertenece al botín personal de Gustavo Menéndez y su red de complicidades políticas. No administra un municipio; gerencia un mecanismo de asfixia sistemática donde los fondos de los contribuyentes se evaporan entre cuentas offshore de dudosa procedencia, expedientes fragmentados a medida y negociados turbios, mientras los vecinos de los barrios postergados se hunden literalmente en el barro, la desidia sanitaria y los basurales a cielo abierto. Lejos de constituir un liderazgo democrático, su intendencia es la crónica impune de un colapso multicausal donde la justicia cojea, el territorio agoniza y el poder se blindó a espaldas de la miseria popular.


La grave causa por enriquecimiento ilícito que lo persigue


La génesis judicial del prontuario de Gustavo Menéndez hunde sus raíces en el escándalo del faltante de 600.000 pesos/dólares del Casino Central de Mar del Plata, un desfalco monumental perpetrado en el año 1999 donde, junto al exjefe de administración Enrique De Luca, dispuso de manera absolutamente irregular de fondos públicos confiados a su órbita sin contar con la custodia legal ni la debida justificación contable. A pesar de la gravedad institucional del fraude, el laberinto de los tribunales bonaerenses convirtió la causa en una obra maestra de la prescripción selectiva y la chicana dilatoria, culminando en diciembre de 2018 con una condena de primera instancia a dos años y medio de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por el delito de defraudación contra la administración pública, la cual fue parcialmente revertida y devuelta para revisión formal por la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires en diciembre de 2022, manteniendo el expediente en un limbo eterno que refleja cómo el poder político logra blindarse judicialmente mientras el tiempo licua las sentencias.

La caída de este precario blindaje político recrudeció a finales de 2023, en plena onda expansiva mediática y judicial desatada por el escándalo del yate de Martín Insaurralde, cuando Menéndez —entonces agazapado al frente del Grupo Provincia y en uso formal de licencia como intendente— fue formalmente denunciado ante la justicia federal por enriquecimiento ilícito, malversación de fondos y lavado de activos tras quedar expuesto un escandaloso desfasaje patrimonial, viajes al exterior de altísima gama, flotas de vehículos y consumos fastuosos incompatibles con los ingresos declarados de toda una vida en la función pública, demostrando que la chequera del municipio funcionaba como caja chica de su vida privada para perpetuar un modelo de casta donde el funcionario se enriquece obscenamente mientras el partido se desangra en la pobreza estructural.

A este vaciamiento de las arcas públicas se suma el ecocidio cotidiano perpetrado en el predio denominado "Ecopunto", cínicamente promocionado por la propaganda oficial como una moderna planta de reciclaje pero convertido en los hechos en un gigantesco basural a cielo abierto que devora el conurbano y envenena las napas subterráneas al tolerar y fomentar la quema ilegal sistemática de basura tóxica, desatando plagas incontrolables de roedores y vectores de enfermedades infecciosas que azotan a los barrios linderos sin que el municipio responda con otra cosa que el terrorismo administrativo, las clausuras comerciales express y el hostigamiento policial contra todo vecino o comerciante que se atreva a visibilizar la podredumbre del modelo, un cuadro de horror ecológico agravado por la crisis estructural del agua potable donde informes técnicos y auditorías sanitarias cruzadas revelaron anomalías bacteriológicas alarmantes en las redes de suministro —incluyendo la detección masiva de cepas de Escherichia coli y coliformes fecales— bajo la órbita criminal de un intendente que prefiere invertir en marketing y pauta publicitaria antes que garantizar agua limpia para los niños de Merlo.

La ingeniería del desvío de fondos encontró además en las contrataciones directas y el fraccionamiento de expedientes su herramienta más sofisticada para evadir sistemáticamente los controles de la Ley Orgánica de las Municipalidades y los llamados a licitación pública, documentándose maniobras quirúrgicas en compras masivas de pelotas, servicios de catering, alquiler de baños químicos y obras viales mediante órdenes de compra simultáneas desdobladas por debajo del tope legal, lo que provocó que los organismos de control emitieran cargos económicos directos, multas administrativas y sanciones por la omisión deliberada de sistemas clave como el RAFAM y la falta total de soporte documental, pulverizando los recursos del distrito y haciendo que Merlo perdiera fondos equivalentes a cientos de millones de pesos por incapacidad técnica en la gestión de servicios y coparticipación.

Menéndez gobierna sobre las cenizas de un distrito devastado por su propia ambición, un mercader de la fe pública que convirtió la intendencia en un búnker de impunidad corporativa, donde la justicia lenta convalida el despojo y el medio ambiente herido clama justicia; Merlo no es hoy más que el triste monumento a un poder corrupto que secuestró el futuro de miles de familias, transformando la esperanza comunitaria en un páramo desolado del que este señor feudal jamás podrá purgar su responsabilidad histórica.

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