Por: Jorge Macri metió dos volquetes con piedras en plena Marcha de la Bronca | VIDEOS
La gestión de Jorge Macri quedó frente a una escena difícil de compatibilizar con su discurso permanente sobre el orden público. El sábado 19 de septiembre 2026, mientras la Marcha de la Bronca avanzaba por Avenida de Mayo desde el Congreso hacia Plaza de Mayo, un camión con dos volquetes cargados de piedras y escombros apareció a la altura de Lima (una de las arterias que componen la imponente Avenida 9 de Julio), en la Ciudad de Buenos Aires, y terminó rodeado por manifestantes y policías.
El recorrido estaba anunciado desde hacía días, pero una carga de elementos contundentes terminó metida justo en el corazón de la movilización. Hasta ahora no apareció una explicación pública documentada que permita conocer quién autorizó su ingreso, de dónde venía o qué hacía allí. ¿Hay algún fiscal serio en la sala?
No se trataba de una marcha improvisada que sorprendió a las autoridades porteñas un sábado a la tarde. Desde el 15 de septiembre estaba publicado que la concentración comenzaría a las 15.30 en Plaza Congreso y que las columnas caminarían a las 16 por Avenida de Mayo hasta Plaza de Mayo; dos días después hasta se difundieron el mapa, los cortes y los puntos de concentración. Macri gobierna una Ciudad que sabía por dónde, cuándo y hacia dónde se moverían miles de manifestantes. Ese dato transforma la aparición del volquete en algo que exige una respuesta administrativa precisa.
Y ahí aparece la contradicción política. El propio Gobierno porteño presenta la seguridad, el orden urbano y el control del espacio público como pilares de su administración; en agosto difundió que había desalojado a 19.000 manteros y recuperado más de 950 propiedades, mientras Macri había proclamado meses antes que “La Ciudad del caos, del desorden y del vale todo se terminó”. El sábado, sin embargo, el problema no era un mantero ocupando una vereda: era un camión cargado de cascotes en medio de la traza de una protesta multitudinaria. Si el orden es la bandera de la gestión, explicar semejante falla también forma parte de ese orden.
La escena se volvió rápidamente explosiva. El vehículo llevaba al chofer y a una mujer, quedó rodeado por militantes y generó discusiones, forcejeos y corridas ante el temor de que las piedras terminaran siendo utilizadas durante la protesta. Efectivos de la Policía de la Ciudad formaron entonces un cordón para proteger el camión y descomprimir el conflicto. La Policía porteña consiguió custodiar el vehículo (como si se tratara de un agente encubierto...) cuando el problema ya estaba servido; la pregunta es quién debía impedir que esa situación llegara a producirse.
La secuencia resulta todavía más sensible porque no faltaba información previa ni presencia estatal. El Gobierno nacional había anunciado la aplicación del protocolo antipiquetes, existían vallados alrededor de edificios públicos y la movilización tenía un recorrido perfectamente conocido. Más de 350 organizaciones habían sido anunciadas como participantes y la protesta tenía como destino final la Casa Rosada.
Con semejante despliegue preventivo, que nadie haya detectado o evitado a tiempo el ingreso de dos volquetes cargados de escombros, merece como respuesta algo bastante más serio que el silencio.
La movilización, además, tenía a la administración porteña entre sus blancos políticos. El documento de los convocantes cuestionaba procesos judiciales que afectan a trabajadores del subte y mencionaba una causa que atribuye su inicio al jefe de Gobierno porteño. Ese contexto vuelve todavía más indispensable la transparencia sobre cualquier incidente ocurrido durante la marcha. Cuando el gobierno cuestionado controla una de las fuerzas que custodia una protesta en su contra, cada decisión operativa necesita ser especialmente clara y trazable. Eso no demuestra que Macri ordenara colocar piedras: demuestra por qué la Ciudad debería despejar cualquier sospecha rápidamente y con documentos.

Hay incluso una segunda cara de la jornada que demuestra hasta dónde llegaba la capacidad de vigilancia porteña. La Policía de la Ciudad informó después que utilizó cámaras del Centro de Monitoreo Urbano para seguir y detener a siete personas acusadas de cometer arrebatos durante la protesta; cinco fueron interceptadas sobre Lima y otras dos sobre Bernardo de Irigoyen. Si las cámaras pudieron reconstruir movimientos individuales entre miles de personas, también debería poder reconstruirse el recorrido de un enorme camión con dos volquetes. Hora de ingreso, calles recorridas, patente y lugar donde apareció, son datos potencialmente verificables mediante el mismo sistema de monitoreo.
Por eso la discusión no necesita fabricar una conspiración para ser políticamente incómoda. Si el camión pertenecía a una obra autorizada, la Ciudad puede identificarla; si tenía permiso para circular o estacionar allí, puede mostrarlo; si ingresó irregularmente, puede explicar qué controles fallaron; y si otra jurisdicción era responsable del operativo específico, puede documentarlo. Lo miserable para cualquier administración sería esconderse detrás de la confusión cuando tiene herramientas suficientes para explicar exactamente qué ocurrió. Hasta que esos datos aparezcan, responsabilizar personalmente a Macri por haber ordenado una provocación sería ir más lejos que la evidencia disponible.
Mira que sorpresa, el rengo Macri justo decidió poner dos volquetes de piedras a UNA CUADRA DE PLAZA DE MAYO el día de la marcha de la bronca.
— Joel (@Joepsi) September 19, 2026
Cualquier cosa total de distraer a los vecinos del OLOR A PIS Y CACA QUE HAY EN TODA LA CIUDAD. pic.twitter.com/8RjctPLclU
El episodio también expone una discusión política más amplia sobre el modelo de seguridad porteño. La administración Macri exhibe como logros la recuperación del espacio público, los desalojos y los controles destinados a garantizar circulación y propiedad privada. Una política de orden se mide también cuando quienes ocupan la calle son miles de ciudadanos ejerciendo el derecho a protestar. El desafío no consiste solamente en desplegar uniformados: también supone prevenir que materiales potencialmente peligrosos queden disponibles dentro de una concentración y después explicar públicamente cualquier falla.
Queda entonces una lista bastante sencilla de documentos por conocer: propietario del camión, patente, empresa responsable del volquete, obra de procedencia, autorización para ocupar o circular por ese sector, horario de ingreso y registros de las cámaras porteñas.
La Marcha de la Bronca tenía recorrido y horario anunciados varios días antes. Durante su avance por Avenida de Mayo apareció en Lima un camión con dos volquetes cargados de piedras y escombros, hubo tensión y debió intervenir la Policía de la Ciudad.