lunes 21 de septiembre de 2026 - Edición Nº5679

Información General | 21 Sep

Alzheimer: el estudio que abre una nueva etapa para detectar la enfermedad

14:26 |En el Día Mundial del Alzheimer, estudios con participación argentina muestran avances en sangre, realidad virtual y prevención de la demencia.


Este 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, la ciencia llega con un mensaje bastante diferente al de hace apenas unos años: la enfermedad sigue sin tener cura, pero existen nuevas herramientas para identificar sus señales biológicas y reducir factores asociados al deterioro cognitivo. Desde Buenos Aires, investigadores argentinos y latinoamericanos aportaron resultados sobre prevención, mientras análisis de sangre y realidad virtual empiezan a transformar la evaluación clínica. El gran cambio es temporal: la medicina intenta actuar mucho antes de que la memoria empiece a derrumbar la vida cotidiana. La demencia afecta a unos 57 millones de personas y el Alzheimer representa entre 60% y 70% de los casos.

Olvidarse dónde quedaron las llaves no significa automáticamente Alzheimer. Perder ocasionalmente una palabra, equivocarse alguna vez con una fecha o tomar una mala decisión pueden formar parte del envejecimiento normal. La alarma aparece cuando los problemas empiezan a repetirse y afectan actividades que antes podían resolverse sin dificultad. La frontera importante no está en olvidarse de algo: está en perder progresivamente autonomía para desenvolverse. Dificultades persistentes para manejar cuentas, mantener conversaciones, orientarse, planificar tareas o encontrar objetos pueden justificar una evaluación profesional, especialmente cuando familiares o allegados también perciben el cambio.

El Alzheimer tampoco es sinónimo de demencia. La demencia describe un conjunto de síntomas que deterioran memoria, razonamiento y capacidad para desarrollar actividades cotidianas; el Alzheimer es una enfermedad cerebral y constituye su causa más frecuente. En el cerebro se producen alteraciones vinculadas, entre otros procesos, con las proteínas amiloide y tau, y esos cambios pueden comenzar muchos años antes de los síntomas evidentes. Cuando una familia descubre los primeros olvidos, el proceso biológico puede llevar largo tiempo desarrollándose silenciosamente. Esa ventana previa es precisamente uno de los territorios donde ahora avanza la investigación.

Una de las revoluciones está ocurriendo dentro de algo tan cotidiano como una extracción de sangre. Los investigadores desarrollan biomarcadores capaces de detectar señales relacionadas con Alzheimer, entre ellas p-tau217 y proteínas asociadas al amiloide. Un estudio presentado este año en el congreso internacional de la Alzheimer's Association, con más de 1.300 pacientes y 165 médicos, encontró que conocer los resultados de una prueba sanguínea elevó la precisión diagnóstica de profesionales de atención primaria del 65% al 93% en el análisis provisional. Una extracción de sangre empieza a acercar al consultorio información que hasta hace poco dependía de procedimientos mucho más complejos. Eso no significa que el test, aislado, diagnostique Alzheimer.

El impacto fue especialmente interesante para descartar la enfermedad. Después de recibir el resultado sanguíneo, los médicos de atención primaria modificaron su diagnóstico en aproximadamente el 30% de los pacientes y revisaron decisiones clínicas o estudios en cerca de la mitad de los casos. Los especialistas también mejoraron su precisión diagnóstica al incorporar el biomarcador. El análisis no reemplaza al neurólogo: le agrega una pieza objetiva a un rompecabezas que sigue necesitando evaluación clínica. Un resultado negativo para Alzheimer tampoco significa necesariamente que una persona con problemas cognitivos esté sana, porque existen otras enfermedades neurológicas capaces de producirlos.

En Argentina, entretanto, otra tecnología lleva la evaluación a un escenario mucho más parecido a la vida real. El Hospital Italiano de Buenos Aires incorporó realidad virtual como complemento de las evaluaciones neurocognitivas y ya realizó más de 60 estudios. En adultos, uno de los ejercicios coloca al paciente dentro de un acuario virtual donde debe resolver consignas mientras sonidos e imágenes intentan distraerlo. El cerebro deja de responder solamente frente a una hoja de papel y empieza a ser observado bajo el bombardeo de estímulos que caracteriza la vida cotidiana. El sistema registra atención, precisión, impulsividad, tiempos de respuesta y reacción ante interferencias.

La realidad virtual tampoco reemplaza las evaluaciones tradicionales. Una persona puede desenvolverse correctamente en una prueba convencional y, sin embargo, presentar dificultades cuando necesita procesar simultáneamente instrucciones, imágenes, sonidos y distracciones. El entorno inmersivo permite observar fatiga, fluctuaciones de atención o respuestas impulsivas que podrían no aparecer con la misma intensidad en un consultorio convencional. La tecnología no busca fabricar un diagnóstico automático sino mostrarle al especialista comportamientos que antes eran difíciles de reproducir. Los resultados deben interpretarse junto con historia clínica, entrevista médica y pruebas neuropsicológicas.

Pero quizá la noticia de mayor impacto para la región no esté dentro de un laboratorio sino en hábitos bastante conocidos. LatAm-FINGERS, primer ensayo clínico aleatorizado y multicéntrico latinoamericano de este tipo, siguió durante dos años a 1.065 personas de entre 60 y 77 años en 11 países, incluida Argentina. Combinó alimentación saludable, actividad física, control cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización. No apareció una pastilla milagrosa: apareció evidencia regional de que intervenir simultáneamente sobre varios hábitos puede mejorar el rendimiento cognitivo. El grupo con intervención estructurada presentó una mejora cognitiva superior al que recibió orientación general de salud.

La cifra difundida por los investigadores es potente y necesita ser explicada correctamente. El grupo estructurado mostró una mejora cognitiva 55% mayor que el grupo de orientación general; eso no significa que el programa reduzca 55% la posibilidad individual de desarrollar Alzheimer ni que cure o prevenga la enfermedad en esa proporción. Confundir mejora cognitiva con porcentaje de casos evitados convertiría un resultado científico importante en una promesa médica falsa. El ensayo fue adaptado a alimentación, recursos, condiciones económicas y sistemas sanitarios latinoamericanos, una diferencia importante respecto de copiar mecánicamente experiencias desarrolladas en Finlandia o Estados Unidos.

La dimensión preventiva es todavía mayor. Los estudios epidemiológicos identifican factores modificables relacionados con el riesgo de demencia: hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, sedentarismo, colesterol LDL elevado, aislamiento social, pérdida auditiva y problemas visuales no tratados aparecen entre ellos. El cerebro envejece dentro del mismo cuerpo: cuidar corazón, vasos sanguíneos, audición, actividad física y vínculos sociales también forma parte de cuidar la cognición. Las estimaciones citadas por especialistas indican que actuar sobre factores modificables podría prevenir o retrasar una proporción relevante de casos, aunque ninguna conducta saludable garantiza individualmente evitar Alzheimer.

En América Latina esa discusión adquiere una dimensión sanitaria enorme. Los datos presentados durante una reciente reunión científica en Buenos Aires estiman que alrededor del 54% de la carga regional de demencia estaría asociada a factores potencialmente modificables, mientras para Argentina la estimación difundida alcanza el 60%. No significa que seis de cada diez argentinos puedan garantizarse no desarrollar demencia: significa que existe un margen poblacional enorme para políticas de prevención y reducción de riesgo. La desigualdad en educación, alimentación, atención médica y control cardiovascular convierte así al deterioro cognitivo también en un problema de salud pública.

Más de 100 médicos, investigadores y representantes sanitarios se reunieron esta semana en Buenos Aires convocados por la Alzheimer's Association y el World Dementia Council para discutir justamente ese salto: cómo sacar los resultados de los papers y llevarlos a hospitales, consultorios y barrios. Capacitación en atención primaria, controles cardiovasculares, espacios de actividad física, alimentación saludable y programas comunitarios aparecen entre las posibilidades. El próximo avance contra la demencia podría depender tanto de una tecnología sofisticada como de conseguir que una persona controle su presión a tiempo. El desafío es transformar evidencia científica en intervenciones accesibles más allá del nivel económico de cada paciente.

La edad continúa siendo el principal factor de riesgo y no existe una fórmula que elimine la posibilidad de desarrollar Alzheimer. Tampoco todos los casos son hereditarios: las formas fuertemente determinadas por genes transmitidos dentro de una familia representan una proporción pequeña, aunque el componente genético adquiere mayor relevancia en presentaciones excepcionalmente tempranas. Tener un familiar con Alzheimer no equivale a recibir una sentencia sobre el propio futuro. Ante síntomas persistentes, antecedentes familiares especialmente llamativos o deterioro de las actividades cotidianas, la evaluación debe realizarla un profesional y no un test de Internet.

También cambió el escenario terapéutico. Las terapias antiamiloides disponibles para determinados pacientes en etapas iniciales pueden ralentizar el deterioro cognitivo y funcional, pero no revierten el daño existente ni representan una cura. Precisamente por eso los biomarcadores adquieren una importancia creciente: seleccionar correctamente al paciente y determinar el estadio de la enfermedad resulta esencial antes de considerar estos tratamientos. Cuanto más sofisticada se vuelve la terapia, más importante resulta saber exactamente qué enfermedad existe y en qué momento se encuentra. Diagnóstico temprano no significa entonces simplemente ponerle antes un nombre al problema, sino ampliar las posibilidades de intervención clínica.

El Día Mundial del Alzheimer de 2026 encuentra así a la medicina en una transición profunda. Sangre para rastrear biomarcadores, realidad virtual para observar funciones cognitivas bajo estímulos complejos y programas multidimensionales para intervenir sobre riesgos empiezan a encontrarse dentro de una misma estrategia. La ciencia todavía no puede prometer que una persona jamás tendrá Alzheimer; sí está aprendiendo a buscarlo antes, diagnosticarlo mejor y reducir parte del riesgo que lo rodea. Para millones de familias que durante décadas escucharon que frente a la demencia prácticamente sólo quedaba esperar, esa diferencia no es menor.

Lo que tenés que saber sobre Alzheimer

El Alzheimer es la causa más frecuente de demencia y actualmente no tiene cura. Los problemas persistentes de memoria, lenguaje, orientación, planificación o autonomía merecen evaluación médica, pero un olvido ocasional no equivale a enfermedad. Los avances de 2026 combinan tres caminos: detectar mejor, intervenir antes y reducir factores de riesgo modificables. Los biomarcadores sanguíneos son prometedores, la realidad virtual complementa la evaluación neurocognitiva y LatAm-FINGERS aportó evidencia latinoamericana sobre los beneficios cognitivos de una intervención intensiva sobre diferentes hábitos.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias