La elección en el Club Atlético Independiente dejó de ser un simple recambio de autoridades deportivas para convertirse en una contienda de altísimo volumen político en Avellaneda. Con los comicios fijados para diciembre de 2026, la institución que supo consagrar la alianza entre Fabián Doman, Néstor Grindetti y Juan Marconi atraviesa un proceso de atomización absoluta. Las esquirlas de la mesa chica del PRO, con el diputado Cristian Ritondo como armador en las sombras, disputan metro a metro el control de una caja institucional clave en la Provincia de Buenos Aires.
El quiebre de la coalición que barrió al moyanismo en 2022 dejó el sillón presidencial vacante, luego de que Grindetti confirmara que no buscará la reelección en la Argentina.
El bloque oficialista se fracturó tras el distanciamiento entre el ex intendente de Lanús y el denominado "grupo champagne", integrado por Daniel Seoane y Carlos Montaña. La imposibilidad de sostener la unidad disparó una carrera desesperada entre empresarios, agrupaciones históricas y referentes nacionales que buscan usar la vitrina de Avellaneda como plataforma para el 2027.
En este tablero fragmentado emergen candidaturas con estrategias bien diferenciadas para seducir al padrón. Daniel Bertoni, campeón del mundo y gloria indiscutida de la institución, oficializó su postulación por la agrupación Auténticos Rojos, apelando a la mística futbolística y oponiéndose a las Sociedades Anónimas Deportivas.
En la vereda opuesta, Luciano Nakis encabeza la Lista Roja tras cerrar el acompañamiento de Sergio "Kun" Agüero, buscando imprimirle un perfil de gestión profesional al fútbol del club.

La escena política se enrareció aún más con la irrupción de nombres como Gastón Gaudio y el periodista Enrique Sacco, vinculados por operadores del distrito a las estructuras del expresidente Mauricio Macri.
La obsesión de las cúpulas partidarias por mantener influencia en el Congreso de la Nación y en las instituciones de Buenos Aires convierte las urnas del Libertadores de América en un testeo de musculatura territorial. Para la dirigencia tradicional, la caja del fútbol es el engranaje definitivo para financiar la rosca política.
Las denuncias por censura a la prensa partidaria y las disputas por el pasivo de US$ 34 millones terminan de caldear el clima en las tribunas. Mientras la masa societaria exige soluciones urgentes para la maltrecha economía institucional, los armadores porteños proyectan sus listas mirando de reojo el calendario electoral nacional.
En las urnas de Avellaneda no solo se elegirá al próximo presidente del club: se definirá quién se queda con los restos de la alianza opositora.