Damián Selci es la prueba viviente de que la oratoria de unidad básica y las banderas de la épica barata solo sirven para disfrazar una administración inútil, asfixiante y con serios baches éticos. Con una gestión que rezuma ineficiencia y un apetito fiscal insaciable, este intendente transformó al municipio en un insulto cotidiano al bolsillo de los vecinos, coronándose como el rey indiscutido de la voracidad tributaria bonaerense.
Mientras los contribuyentes hacen malabares para sobrevivir, la gestión de Selci brilla únicamente por su descaro recaudatorio. Según el último relevamiento del "Semáforo Fiscal", Hurlingham trepó al puesto número uno absoluto de toda la provincia de Buenos Aires, registrando una presión tributaria asfixiante del 3,16%. Sí, el distrito liderado por este prodigio de la chequera ajena logró la hazaña de castigar el esfuerzo local como nadie en el conurbano, exprimiendo a comercios, PyMEs y familias con tasas indexadas y tarifazos automáticos que pulverizan cualquier vestigio de lógica económica, mientras el municipio se cae a pedazos entre baches, plagas y desidia urbana.
Pero el apetito voraz de Selci no se limita al bolsillo ajeno; también sabe cómo morder el presupuesto cuando le toca administrar. El historial del Tribunal de Cuentas de la Provincia de Buenos Aires no lo deja mentir: el intendente arrastra duros cuestionamientos y multas por percibir de manera irregular miles de pesos en concepto de sobresueldos durante su etapa como jefe comunal interino, obligando a los organismos de control a reclamarle la devolución de fondos públicos que claramente no le correspondían. A esto se le suman los escándalos éticos que sacuden su propia mesa chica, como la estrepitosa caída de su ex tesorero y colaborador directo, Mauro Rojas, eyectado del gabinete tras ser formalmente denunciado por una empleada municipal por acoso sexual, evidenciando que la "moral progresista" del camporismo dura hasta que toca asumir responsabilidades penales en los tribunales.

Lejos de hacerse cargo del desastre, la administración de Selci colecciona el repudio institucional. En el Concejo Deliberante se amontonan cerca de 200 pedidos de informes cajoneados por la fuerza oficialista ante la absoluta falta de respuestas por servicios colapsados, sumado al escándalo estructural del Barrio Nuevo Mitre —donde las viviendas sufren hundimientos catastróficos que obligaron a la Justicia a dictar medidas cautelares contra el municipio—.
Damián Selci pasará a la historia local no por transformar Hurlingham, sino por transformarse él mismo en un pesado lastre: un intendente ciego ante el sufrimiento de sus vecinos, sordo a los reclamos institucionales y voraz con los impuestos, cuya única habilidad comprobada ha sido vaciar bolsillos ajenos mientras gobierna sobre las ruinas de un municipio abandonado a su suerte.