Las alarmas se encendieron en los pasillos del Ministerio de Seguridad de la Nación en Buenos Aires tras la filtración de auditorías oficiales de la SIGEN que exponen serias fallas de control en Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Policía Federal, PSA y el Servicio Penitenciario Federal.
La gestión de Alejandra Monteoliva, heredera del esquema trazado por Patricia Bullrich, enfrenta en septiembre de 2026 un duro banquillo político por la falta de supervisión sobre cajas millonarias y contrataciones de armamento.
La documentación oficial revela números difíciles de maquillar con comunicados de prensa en las Unidades de Auditoría Interna conducidas por Andrea Zakin.
En Gendarmería se cuestionó el uso abusivo del fondo rotatorio, mientras en Prefectura la ejecución de gastos con crédito externo cayó al insólito 1,18%, dejando al descubierto que el sistema estatal de control encendió luces rojas sobre la compra de insumos sin que la conducción civil mostrara correcciones concretas.
El desorden administrativo se replica en la PSA, donde una compra de armamento debió frenarse porque la cartera ministerial tramitaba otra paralela para el mismo fin, dejando la ejecución de bienes de uso en un escaso 51,47%.
En la PFA, los auditores detectaron $514,9 millones en créditos impagados por policía adicional, exponiendo que la falta de coordinación entre los cuarteles y el Ministerio debilita la autoridad política sobre estructuras armadas.
La parálisis también sacude al Servicio Penitenciario Federal bajo la conducción de Fernando Martínez, salpicado por pesquisas judiciales sobre la provisión de alimentos en Ezeiza a cargo de la fiscal Cecilia Incardona y el juez Federico Villena. Aunque el Decreto 383/2025 prometió un seguimiento estricto, la realidad muestra que las disputas en los tribunales por contrataciones oscuras manchan la gestión nacional y reactivan las sospechas de autonomía policial.
El frente judicial salpica al jefe de la PFA, Luis Alejandro Rollé, y suma denuncias parlamentarias de la diputada Marcela Pagano contra Claudio Brilloni y la propia Monteoliva por supuestas irregularidades en la Gendarmería.
Si bien no existen sentencias firmes que prueben delitos, la acumulación de expedientes confirma que las denuncias por compras opacas y sobreprecios desgastan la narrativa oficial de austeridad y transparencia anunciada en 2025.
El verdadero riesgo institucional aparece cuando el poder político abdica de su rol fiscalizador y convierte los informes de auditoría en simple papelería de archivo.
Con fuerzas que manejan armas, cárceles e inteligencia criminal, la falta de datos verificables demuestra que el control democrático sobre el presupuesto armado no puede ser una escenografía burocrática sin consecuencias para los responsables.