Una mujer que intentaba ganarse la vida vendiendo globos terminó perseguida por varios efectivos de la Policía de la Ciudad durante las actividades vinculadas con la despedida de Lionel Messi. El video, difundido entre el 10 y el 11 de octubre de 2026, provocó indignación y puso nuevamente bajo la lupa la política de seguridad de Jorge Macri. La escena parece una caricatura del orden que pregona el macrismo: varios uniformados detrás de una trabajadora ambulante cuya mercadería eran globos. Todo esto ocurre en una jurisdicción que, según los registros nacionales de 2025, encabezó la tasa de robos denunciados por habitante.
La secuencia es tan absurda como elocuente. La mujer avanza con su mercadería, los policías la siguen y varios testigos comienzan a cuestionar el procedimiento, mientras se escucha a la vendedora reclamar que no la toquen. La imagen deja una pregunta demoledora para el jefe de Gobierno: ¿qué amenaza concreta justificaba semejante despliegue frente a una mujer que vendía globos? El video no permite establecer qué infracción motivó la intervención, pero sí muestra una actuación cuya proporcionalidad merece explicaciones.
El contraste con las estadísticas es incómodo para la administración porteña. Durante 2025, la Ciudad de Buenos Aires registró 49.771 robos, equivalentes a 1.616 hechos cada 100.000 habitantes, la tasa más elevada entre las jurisdicciones argentinas según el Sistema Nacional de Información Criminal. Aunque ese indicador bajó un 27,1% respecto de 2024 y las comparaciones entre provincias tienen limitaciones metodológicas, la magnitud sigue siendo considerable. Mientras Macri convierte el orden callejero en una de sus principales banderas, los números obligan a preguntarle cómo distribuye los recursos destinados a combatir los delitos contra las personas y sus bienes.
El gobierno porteño celebra la reducción de robos, homicidios y sustracciones de vehículos durante 2025. Esos descensos forman parte de las estadísticas y no necesitan ser negados para cuestionar un procedimiento que, visto desde afuera, resulta desproporcionado. La baja del delito no le entrega a Jorge Macri un cheque en blanco para justificar cualquier intervención policial en nombre del orden. Gobernar la seguridad exige prevenir hechos graves y, al mismo tiempo, garantizar que la autoridad actúe con criterios razonables frente a quienes trabajan en la vía pública.
Detrás de los globos hay una trabajadora ambulante que intentaba conseguir ingresos. La venta en el espacio público está sujeta a regulaciones, pero ninguna discusión administrativa debería borrar la diferencia entre controlar una actividad y desplegar una intervención intimidante. Una ciudad que pretende mostrarse moderna no puede reducir su política de convivencia a correr detrás de quienes sobreviven con pequeños trabajos informales. Si existía una infracción, el Gobierno debe explicar cuál era y por qué se actuó de esa manera.
Macri convirtió el ordenamiento del espacio público en una marca de gestión: operativos contra manteros, controles a vendedores y procedimientos para liberar calles y veredas. Su administración presenta esas medidas como parte de una estrategia de seguridad más amplia. El problema aparece cuando la exhibición de autoridad se vuelve más visible que la explicación de sus límites y de sus resultados concretos. La escena de los globos condensa esa tensión y obliga a discutir qué significa realmente una ciudad ordenada.
Hay una diferencia enorme entre una Policía que protege y una Policía cuya intervención genera cuestionamientos entre los propios testigos. En el video, las personas que presencian la persecución no aparecen celebrando una solución de seguridad: se escucha cómo interpelan a los agentes y defienden a la mujer. Cuando un procedimiento termina convirtiendo a una vendedora de globos en el centro de un despliegue policial, la conducción política tiene la obligación de explicar su sentido. No alcanza con invocar genéricamente el cumplimiento de la ley.
Otro papelón de Jorge Macri: cinco policías corriendo a vendedora de globos mientras CABA lidera el ranking de robos. https://t.co/ysB372P0oe
— Walter Scheffer (@schefferwalter) October 12, 2026
Durante el operativo de seguridad por la despedida de Messi también hubo detenciones de personas con pedidos de captura y sospechosos de robos, de acuerdo con la información policial difundida. Ese trabajo es distinto del episodio de la vendedora y demuestra que existían tareas de prevención relevantes en el mismo contexto. Precisamente por eso resulta legítimo preguntar qué objetivo perseguían los efectivos que aparecen en el video y si su intervención respondió a las prioridades adecuadas. La respuesta debería provenir de la autoridad responsable, no de especulaciones en redes sociales.
Jorge Macri insiste en presentar su administración como una gestión que recupera el orden y hace cumplir las normas. Sin embargo, las políticas de seguridad no se juzgan únicamente por los discursos ni por las estadísticas agregadas, sino también por las prácticas que los ciudadanos observan en la calle. El orden pierde legitimidad cuando la fuerza pública parece concentrarse sobre una actividad menor sin que exista una explicación clara de la necesidad del procedimiento. Esa es la discusión que dejó abierta la persecución de la vendedora.
La responsabilidad política no recae exclusivamente sobre los agentes que participaron del episodio. El Ministerio de Seguridad porteño y el propio jefe de Gobierno deben establecer criterios de actuación, supervisar los procedimientos y responder ante los cuestionamientos públicos. Macri no puede pretender adjudicarse personalmente cada resultado favorable de seguridad y desentenderse de las escenas que ponen en duda la proporcionalidad de sus operativos. La conducción también implica hacerse cargo de lo que merece revisión.
La escena viral tiene una fuerza que ninguna conferencia de prensa puede borrar: una mujer con globos, varios policías detrás y vecinos preguntando qué está pasando. No prueba por sí sola una irregularidad ni permite reconstruir todo el procedimiento, pero ofrece motivos suficientes para exigir una explicación pública. La seguridad no debería confundirse con una demostración de poder sobre quienes tienen menos recursos para defenderse. La autoridad debe estar al servicio de la convivencia, no convertirse en un fin en sí mismo.
El Gobierno porteño tiene la oportunidad de informar qué ocurrió, qué norma se aplicó, cuántos agentes intervinieron y si la actuación fue revisada por sus superiores. Mientras tanto, las estadísticas de robos recuerdan que los desafíos de seguridad de la Ciudad son mucho más amplios que el control de una vendedora ambulante. Jorge Macri tiene una obligación más importante que exhibir uniformados en la calle: demostrar que su política protege a los vecinos y respeta a quienes buscan ganarse la vida. Ese es el examen que deja una escena difícil de justificar sin respuestas concretas.
Lo que tenés que saber sobre la Policía de Jorge Macri
Hecho: varios efectivos de la Policía de la Ciudad persiguieron a una vendedora ambulante de globos.
Contexto: actividades vinculadas con la despedida de Lionel Messi.
Difusión del video: 10 y 11 de octubre de 2026.
Autoridad política: jefe de Gobierno Jorge Macri.
Robos registrados en CABA durante 2025: 49.771.
Tasa de robos: 1.616 cada 100.000 habitantes, la mayor del país en ese registro.
Variación frente a 2024: disminución del 27,1%.
Explicación pendiente: motivo y proporcionalidad de la intervención sobre la vendedora.