La política argentina tuvo una reunión de enorme importancia el viernes 16 de octubre de 2026, cuando Sergio Massa visitó a Cristina Fernández de Kirchner en el departamento de San José 1111, donde la expresidenta cumple prisión domiciliaria. Durante 40 minutos, el líder del Frente Renovador y la titular del Partido Justicialista analizaron las elecciones de Estados Unidos, el balotaje brasileño y la ofensiva del gobierno de Javier Milei para suspender las PASO de 2027. Mientras el peronismo exhibía sus fracturas en la víspera del Día de la Lealtad, dos de sus principales dirigentes discutían las reglas y los acontecimientos internacionales que podrían modificar el escenario electoral argentino. El encuentro, revelado por La Política Online, volvió a colocar a Massa en el centro de la negociación opositora.
La reunión no surgió de una improvisación. Massa y Cristina habían hablado de encontrarse aproximadamente diez días antes, y el viernes el secretario de la expresidenta le comunicó al exministro que la visita estaba autorizada. El encuentro fue reservado, pero tuvo una secuencia previa de contactos que muestra que ambos dirigentes buscaban intercambiar evaluaciones políticas en un momento especialmente sensible. Una fotografía de Massa cuando abandonaba el edificio terminó haciendo pública una conversación que hasta entonces se había mantenido lejos de las cámaras.
La visita tuvo lugar apenas 24 horas antes del Día de la Lealtad peronista, celebrado el 17 de octubre. La coincidencia temporal resultó significativa porque el justicialismo llegó a esa fecha con actos separados y una discusión abierta sobre su conducción. La escena condensó una paradoja del peronismo actual: sus principales figuras hablan de unidad mientras sus organizaciones continúan exhibiendo estrategias y convocatorias diferentes. Massa eligió encontrarse con Cristina antes de una jornada que volvería a mostrar esas distancias.
Uno de los primeros temas que Cristina puso sobre la mesa fue el futuro político de Donald Trump. La expresidenta le preguntó a Massa por las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre de 2026 y por las consecuencias que una pérdida de poder republicano podría tener sobre la Argentina. El interrogante central fue cuánto margen conservaría la Casa Blanca para sostener su política hacia Javier Milei si el Congreso estadounidense cambiara de composición. No se trató de discutir solamente una elección extranjera, sino sus posibles efectos sobre la relación bilateral.
Los números explican la dimensión de aquella conversación. Estados Unidos renovará los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 lugares del Senado, en unos comicios que pueden modificar el equilibrio de poder durante los últimos dos años del mandato de Trump. Actualmente, los republicanos cuentan con 53 senadores frente a 47 demócratas e independientes aliados, además de una mayoría ajustada en la Cámara baja. Si la oposición estadounidense consigue controlar una o ambas cámaras, Trump podría enfrentar mayores obstáculos legislativos y presupuestarios, aunque conservaría importantes atribuciones presidenciales en política exterior.
La lectura que Cristina y Massa realizaron de ese escenario estuvo directamente vinculada con Milei. La relación política entre ambos presidentes ha sido uno de los componentes más visibles de la estrategia internacional del Gobierno argentino. Un Congreso estadounidense más adverso a Trump podría introducir controles y dificultades adicionales para determinadas iniciativas de asistencia financiera, sin que eso implique una interrupción automática de todos los mecanismos de cooperación. La clave, según la reconstrucción de la reunión, será observar la reacción institucional posterior a las elecciones y no solamente el resultado de las urnas.
El segundo eje fue el escenario brasileño, donde Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro disputarán la segunda vuelta presidencial el domingo 25 de octubre. La primera ronda, realizada el 4 de octubre, dejó una competencia ajustada: el hijo del expresidente Jair Bolsonaro obtuvo 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. La diferencia fue de apenas 1,87 puntos porcentuales, equivalente a aproximadamente 2,23 millones de votos, en el país más poblado y la mayor economía de América del Sur.
El dato no es menor para la Argentina. Brasil constituye un socio comercial fundamental, y las decisiones de su próximo gobierno tendrán efectos sobre el Mercosur, la industria automotriz, el comercio bilateral y las relaciones diplomáticas regionales. Cristina y Massa observaron una elección que combina intereses económicos argentinos con una disputa ideológica entre dos proyectos políticos enfrentados. La relación personal y política de Milei con el bolsonarismo agrega otra dimensión a esa discusión.
La evolución de las encuestas también formó parte del análisis. Un relevamiento de Datafolha, difundido en la última semana, ubicó a Flávio Bolsonaro con 51% de los votos válidos y a Lula con 49%, una diferencia comprendida dentro del margen de error del estudio. Otro sondeo de Vox Brasil mostró el orden inverso, con 51% para Lula y 49% para Bolsonaro. Las mediciones reflejan una disputa estrecha y explican por qué el desenlace brasileño ocupa un lugar relevante en las conversaciones de la dirigencia argentina.
El tercer tema fue el más directamente relacionado con la política nacional. Cristina consultó a Massa qué convenía hacer frente a la intención del Gobierno de suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias de 2027. El exministro respondió que primero resultaba necesario determinar si el oficialismo contaba con los votos parlamentarios suficientes para concretar la reforma. La expresidenta insistió en la importancia de impedir la suspensión, mientras Massa propuso comenzar por un cálculo preciso de las mayorías legislativas.
La diferencia entre mantener o suspender las PASO puede modificar la manera en que el peronismo resuelva sus candidaturas. Con primarias, distintos sectores podrían competir bajo reglas comunes para definir postulantes; sin ellas, la selección dependería de otros mecanismos internos, negociaciones entre dirigentes y acuerdos partidarios. En una fuerza atravesada por las aspiraciones de Kicillof, Massa y otros referentes, las reglas de selección no son un detalle administrativo: condicionan la distribución del poder político.
El Gobierno necesita alcanzar 37 votos en un Senado de 72 integrantes para aprobar una ley ordinaria con la totalidad de sus miembros presentes. La Libertad Avanza dispone de 21 bancas propias, por lo que debe conseguir al menos 16 apoyos adicionales si pretende reunir esa mayoría sin depender de ausencias. La reforma electoral obliga a Diego Santilli y a los negociadores oficialistas a construir acuerdos con gobernadores y bloques que no integran el núcleo libertario. La discusión, por lo tanto, excede a la Casa Rosada y se traslada a las provincias.
Entre los mandatarios con los que el oficialismo mantiene conversaciones aparecen Alfredo Cornejo, de Mendoza; Maximiliano Pullaro, de Santa Fe; Carlos Sadir, de Jujuy; Leandro Zdero, de Chaco; y Juan Pablo Valdés, de Corrientes. Las posiciones de esos gobernadores no son idénticas y algunos distinguen entre eliminar definitivamente las primarias y suspenderlas solamente durante un turno electoral. Para Milei, la negociación ofrece la posibilidad de modificar el calendario electoral; para el peronismo, plantea el desafío de definir cómo resolver sus internas si cambia el sistema vigente.
La Casa Rosada también utiliza el gasto electoral como argumento para justificar la reforma. Diego Santilli estimó que la realización de las PASO representa alrededor de 200 millones de dólares, una cifra que forma parte de la posición oficial y cuyo alcance depende de los componentes presupuestarios incluidos en el cálculo. El Gobierno presenta la suspensión como una decisión de ahorro, mientras sus críticos advierten que quitar las primarias puede trasladar la definición de candidaturas a negociaciones menos abiertas.
El antecedente inmediato es 2025, cuando las PASO nacionales fueron suspendidas mediante una decisión legislativa. Aquella modificación permitió realizar las elecciones sin primarias, pero no eliminó definitivamente el régimen establecido desde 2011. La disputa actual consiste en determinar si esa excepción se repetirá en 2027, precisamente cuando deberán elegirse presidente y vicepresidente. El calendario electoral vuelve a convertirse en una pieza de la negociación entre el Gobierno y las fuerzas opositoras.
La reunión entre Massa y Cristina se produjo mientras Axel Kicillof profundiza su construcción nacional y mantiene diferencias con sectores del kirchnerismo. El gobernador encabezó su propia convocatoria por el Día de la Lealtad en La Matanza, mientras La Cámpora movilizó frente al domicilio de la expresidenta y Máximo Kirchner desarrolló actividades en Chaco. El peronismo llegó al 17 de octubre con varios escenarios, distintas conducciones y una discusión presidencial que todavía carece de resolución.
El vínculo entre Massa y Kicillof agrega un matiz importante. Aunque el líder del Frente Renovador mantiene una relación política estrecha con Cristina, también ha transmitido a sus interlocutores que el gobernador debe ser preservado como una figura relevante del peronismo. La cercanía de Massa con la expresidenta no equivale necesariamente a compartir todas las posiciones de quienes impulsan una confrontación más profunda con Kicillof. Esa diferencia resulta significativa para comprender el papel que intenta desempeñar el exministro en la reorganización opositora.
Massa tampoco cerró la puerta a sus propias aspiraciones electorales. En conversaciones políticas ha dejado abierta la posibilidad de competir por una candidatura presidencial si encuentra condiciones para hacerlo, aunque no anunció formalmente una postulación. Su presencia en San José 1111 vuelve a darle centralidad dentro de una discusión en la que todavía no se definieron ni los nombres ni el mecanismo de selección. La continuidad de las PASO podría ofrecer un camino institucional para ordenar esas aspiraciones.
La situación judicial de Cristina constituye otro elemento que condiciona la discusión peronista. La expresidenta cumple una condena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en la causa Vialidad. Su defensa mantiene actuaciones para cuestionar esa sentencia y presentó un reclamo ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que tiene previsto sesionar entre el 19 de octubre y el 6 de noviembre de 2026. La evolución de esas gestiones forma parte del contexto político del peronismo, aunque cualquier pronunciamiento internacional y sus eventuales efectos jurídicos deben distinguirse de una modificación efectiva de la sentencia argentina.
El kirchnerismo continúa reclamando que Cristina pueda recuperar sus derechos políticos y conserva su figura como referencia de conducción. Al mismo tiempo, dirigentes de distintas corrientes discuten alternativas para la competencia presidencial del próximo año. La coexistencia de esas dos estrategias —sostener el reclamo por Cristina y preparar otras candidaturas— explica buena parte de las tensiones que atraviesan al justicialismo. La visita de Massa se inscribe en ese escenario, aunque los tres asuntos centrales de la conversación fueron las elecciones de Estados Unidos, Brasil y las PASO.
Después del encuentro, el Día de la Lealtad volvió a exponer las diferencias internas. Massa eligió difundir un video de Juan Domingo Perón acompañado por un mensaje de unidad, mientras otros sectores desarrollaron actos y movilizaciones por separado. La consigna unitaria convivió con una realidad territorial y dirigencial mucho más fragmentada: cada corriente conserva su propia estructura y pretende intervenir en las decisiones de 2027.
La visita a Cristina, en ese contexto, adquiere un significado político que supera los 40 minutos de conversación. Massa volvió a mostrarse como un interlocutor directo de la expresidenta, con acceso a una mesa donde se discuten acontecimientos internacionales y decisiones institucionales que pueden afectar al próximo proceso electoral. El exministro no salió de San José 1111 con una candidatura anunciada, pero sí con una señal visible de que continúa participando de las conversaciones centrales del peronismo.
El calendario concentra ahora acontecimientos decisivos. El 25 de octubre se resolverá la elección presidencial brasileña; el 3 de noviembre se renovará el Congreso estadounidense; y, mientras tanto, la Casa Rosada seguirá negociando el futuro de las PASO argentinas. Cristina y Massa analizaron tres procesos distintos que confluyen sobre una misma pregunta: con qué escenario internacional y bajo qué reglas electorales llegará el país a 2027.
La discusión peronista tendrá que responder además otro interrogante: cómo ordenar las aspiraciones de sus dirigentes sin profundizar las fracturas entre Cristina, Kicillof, Massa y los sectores territoriales que reclaman autonomía. La reunión de San José 1111 no cerró ese debate, pero volvió a colocar a dos protagonistas frente a las decisiones que lo condicionarán. El movimiento político más relevante no fue una fórmula electoral ni un reparto de candidaturas: fue la decisión de discutir primero las reglas del juego y el contexto internacional antes de definir quién encabezará la boleta opositora.