martes 20 de octubre de 2026 - Edición Nº5708

Política | 20 Oct

Papelón PRO

Jorge Macri hizo el ridículo en Madrid: fue a homenajear a Borges y no sabía ni cómo se llamaba | VIDEO

13:35 |El jefe porteño leyó un discurso preparado, rebautizó dos veces al escritor y provocó sonrisas incómodas.


Jorge Macri viajó a Madrid para homenajear a Jorge Luis Borges y terminó protagonizando un papelón internacional difícil de superar. Este martes 20 de octubre de 2026, el jefe de Gobierno porteño se presentó en el Instituto Cervantes para participar de una ceremonia dedicada al escritor argentino más reconocido del mundo. Pero cuando abrió la boca, lo llamó “José Luis Borges”. Y no una, sino dos veces. La Ciudad mandó a su máxima autoridad a rendir homenaje a un gigante de la literatura y Macri no consiguió pronunciar correctamente ni el nombre del homenajeado. Todo mientras leía un discurso preparado.

Viajó hasta España y tropezó con el primer renglón de la cultura argentina

El escenario era el Instituto Cervantes, una de las instituciones culturales más importantes del mundo hispanohablante. Allí se incorporaban a la Caja de las Letras documentos, fotografías y objetos personales de Borges y María Kodama, en una ceremonia cargada de significado histórico. Mientras España recibía el legado de un escritor universal, el jefe de Gobierno de su ciudad natal confundía su nombre delante de todos. La escena tuvo una ironía demoledora: los anfitriones preservaban la memoria de Borges y Macri ni siquiera acertaba a nombrarlo.

No era una charla improvisada, una entrevista callejera ni una pregunta inesperada de un periodista. Macri estaba leyendo. Tenía las palabras escritas delante de sus ojos y, aun así, repitió el mismo error. El problema ya no es solamente el furcio: es la falta de preparación para representar institucionalmente a Buenos Aires en un homenaje internacional. Porque si un funcionario viaja para hablar de Borges, conocer su nombre debería ser el requisito más elemental de toda la ceremonia.

Ni siquiera le pedían que hubiera leído un libro

Nadie esperaba que Jorge Macri explicara los laberintos de Ficciones, analizara El Aleph o discutiera la filosofía de Otras inquisiciones. Tampoco hacía falta que citara de memoria un poema ni que demostrara conocimientos de literatura universal. La exigencia intelectual era bastante más modesta: distinguir Jorge de José. Y el jefe porteño consiguió fallar precisamente en ese punto, el más sencillo de todos.

La situación sería apenas una anécdota si no involucrara a la máxima autoridad política de una ciudad que se presenta internacionalmente como capital cultural. Buenos Aires administra bibliotecas, teatros, museos y programas literarios, además de reivindicar permanentemente su vínculo con Borges. No se puede utilizar el prestigio de la cultura porteña como carta de presentación internacional y después llegar al homenaje sin revisar el nombre de su figura central. Esa contradicción es mucho más importante que la equivocación aislada.

El director del Cervantes tuvo que esconder la sonrisa

La reacción de Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, terminó de convertir el episodio en una escena memorable. Según relató el periodista Daniel Gigena en La Nación, el escritor español inclinó la cabeza para disimular una sonrisa cuando escuchó el nombre equivocado. Macri había llegado para representar a Buenos Aires y terminó colocando al anfitrión en la incómoda posición de tener que contener la risa. Nadie interrumpió el discurso para corregirlo.

El contraste fue todavía mayor porque García Montero acababa de hablar con precisión sobre la importancia de Borges y la trayectoria intelectual de María Kodama. Después tomó la palabra el funcionario argentino y apareció el inesperado “José Luis”. Los especialistas explicaban el valor de un legado literario; el representante político de la ciudad natal del escritor aportaba una confusión que recorrió las redes sociales. La solemnidad del acto no alcanzó para disimular el tropiezo.

El apellido Macri y una coincidencia difícil de creer

Hay un antecedente que vuelve todavía más singular el episodio. Mauricio Macri, expresidente de la Nación y primo del actual jefe porteño, también llamó en otra oportunidad “José Luis Borges” al autor de Ficciones. Dos integrantes de la misma familia política terminaron cometiendo exactamente la misma equivocación con uno de los nombres más conocidos de la literatura argentina. La coincidencia parece escrita para una sátira, aunque ambos errores quedaron documentados.

El episodio también se inscribe en una larga lista de furcios políticos que atravesaron distintos gobiernos. Carlos Menem y Alberto Fernández hablaron de supuestas novelas de Borges, pese a que el escritor no publicó ninguna; incluso el rey Felipe VI confundió su nombre. La diferencia es que Jorge Macri cometió el error en una ceremonia organizada específicamente para homenajearlo, con un discurso que había tenido tiempo de preparar. Los antecedentes no lo disculpan: muestran que el descuido cultural no reconoce fronteras partidarias.

La cultura no puede ser solamente una escenografía de gobierno

El acto formaba parte de Buenos Aires en Madrid, un programa destinado a fortalecer los vínculos culturales entre ambas ciudades. La iniciativa incluía actividades literarias, musicales y una exposición dedicada al escritor argentino. Había una oportunidad concreta para destacar la riqueza cultural porteña, pero la intervención de Macri terminó desviando la atención hacia una equivocación evitable. No fue la importancia del homenaje lo que falló, sino la preparación de quien debía representarlo.

La responsabilidad institucional tampoco termina en el jefe de Gobierno. En una actividad oficial intervienen equipos de comunicación, ceremonial y funcionarios encargados de organizar la agenda y preparar los discursos. Si nadie detectó el error antes de que Macri hablara, hubo una falla de revisión; si el texto estaba correcto y él lo leyó mal dos veces, la responsabilidad recae directamente en su intervención. En cualquiera de los casos, la explicación debería ser bastante más seria que reducir todo a una broma de redes sociales.

Borges quedó en segundo plano por un error de principiante

El homenaje merecía ocupar las páginas culturales por motivos mucho más importantes. El Instituto Cervantes recibió materiales vinculados con Borges y Kodama, entre ellos libros, fotografías y objetos personales que permiten conservar y difundir su legado. La noticia debía ser la preservación de una obra extraordinaria, pero la intervención del jefe porteño introdujo un episodio que terminó compitiendo con el verdadero motivo de la ceremonia. Una distracción innecesaria en un acontecimiento de enorme valor cultural.

Mariana y María Victoria Kodama participaron de la entrega de piezas destinadas a las cajas 1618 y 1628 de la institución española. También estuvieron presentes autoridades culturales argentinas y españolas. Mientras las familias y los especialistas trabajaban para conservar la memoria de Borges, el discurso político quedó marcado por una equivocación elemental. Esa es la dimensión más lamentable del episodio: el protagonismo terminó desplazándose del escritor al funcionario.

El problema no es equivocarse: es llegar sin preparación

Cualquier persona puede sufrir un lapsus. Un error verbal, incluso repetido, no permite determinar la inteligencia de alguien ni demostrar que jamás leyó a Borges. Pero tampoco obliga a fingir que lo ocurrido carece de importancia. Un jefe de Gobierno tiene recursos, asesores y tiempo de preparación suficientes para que un homenaje internacional no termine con el nombre del homenajeado mal pronunciado dos veces. La exigencia es profesional, no académica.

Jorge Macri representa a millones de porteños y dirige una administración que destina recursos a la cultura. Su intervención pública debería estar a la altura de esa responsabilidad, especialmente cuando se presenta ante instituciones extranjeras. No hace falta ser un intelectual para gobernar una ciudad, pero sí corresponde demonstrar respeto y preparación cuando se habla en nombre de ella. El error de Madrid es criticable precisamente porque era perfectamente evitable.

El viaje que debía prestigiar a Buenos Aires terminó en un papelón viral

La visita oficial tenía una agenda más amplia, vinculada con la cooperación entre ciudades y las actividades culturales. Pero el video de Macri llamando “José Luis” a Borges se convirtió rápidamente en uno de los fragmentos más difundidos de su participación. La política puede organizar ceremonias solemnes, preparar discursos y rodearse de autoridades, pero no puede controlar la repercusión de una equivocación que queda registrada ante las cámaras. El contraste entre la intención del homenaje y su resultado mediático fue contundente.

La crítica no necesita exagerar ni inventar declaraciones. Los hechos alcanzan: el jefe de Gobierno de Buenos Aires viajó a Madrid, participó de un acto dedicado a Borges, leyó su intervención y confundió dos veces el nombre del escritor. Para una autoridad que pretende proyectar internacionalmente la identidad cultural porteña, semejante descuido es una demostración muy pobre de preparación institucional. Y ocurrió justamente donde menos margen había para cometerlo.

Jorge Macri no tenía que descifrar a Borges: solamente decir Jorge Luis

La ironía final parece salida de un cuento. Borges dedicó buena parte de su obra a explorar los nombres, las identidades, los dobles y los laberintos; décadas después, el jefe de Gobierno de su ciudad natal llegó a Madrid y lo convirtió involuntariamente en otra persona. No hubo que recorrer una biblioteca infinita ni resolver un enigma filosófico: el dato que Macri necesitaba estaba en el título mismo del homenaje. Sin embargo, lo llamó José Luis dos veces.

El episodio deja una exigencia clara para quienes representan a Buenos Aires en el exterior: cuidar el patrimonio cultural también significa conocerlo y hablar de él con la preparación que merece. No alcanza con organizar actos, viajar y leer discursos solemnes. Jorge Macri fue a España para homenajear a Jorge Luis Borges y terminó demostrando que, a veces, el papelón empieza por no revisar lo más básico. El escritor recibió su homenaje; el jefe porteño se llevó una escena que difícilmente consiga borrar de su historial público.

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