viernes 23 de octubre de 2026 - Edición Nº5711

Política | 23 Oct

Fracaso internacional

Milei gastó millones para ir a España y se volvió sin inversiones y con el odio de la derecha europea

11:12 |Milei realizó su séptimo viaje a España, sin reunirse con Abascal ni Sánchez. El costo de la gira y la falta de resultados económicos reavivan las críticas al uso de fondos públicos. ¿Que dijo la derecha local? "Nos resta votos a 40 días de las elecciones". Fracaso total.


El bochorno internacional de Javier Milei sumó un capítulo de decadencia absoluta con su séptima incursión en territorio español. Lejos de representar una gira diplomática estratégica o una búsqueda activa de inversiones para la castigada economía argentina, el periplo se consolidó como una costosa cruzada personal financiada con el dinero de un pueblo sometido al ajuste. Milei se convirtió en una especie de “mancha venenosa” de la política global: un lastre reputacional del que la derecha europea huye a pasos agigantados para no contaminar sus propias aspiraciones electorales.

Los registros contables del uso de la flota pública desmienten de manera categórica el discurso oficial de la austeridad fiscal. Mover y mantener inactivo el Boeing 757-256 (ARG-01) en suelo madrileño demandó desembolsos superiores a los 78 millones de pesos únicamente en concepto de combustible, tasas aeroportuarias y asistencia técnica en tierra. A esta exorbitante cifra se le suman más de 33.000 euros (alrededor de 32,5 millones de pesos) destinados al alojamiento de lujo de la comitiva, traslados internos de alta gama, seguros de viaje y viáticos diarios. Un derroche multimillonario ejecutado para respaldar una agenda privada carente de correspondencia o invitación formal entre Estados o instituciones de peso.

En los pasillos del poder madrileño, el aislamiento fue estrepitoso. La Casa Real española rechazó de plano cualquier audiencia con el mandatario argentino. El Partido Popular (PP) no solo rehusó recibirlo, sino que instruyó a sus principales referentes a guardar un distanciamiento profiláctico. Incluso Santiago Abascal, líder de Vox y habitual aliado ideológico, se excusó aduciendo compromisos en Asturias, enviando a figuras de cuarto orden para cumplir con un frío saludo formal a puertas cerradas, sin registros fotográficos ni difusiones oficiales. Ningún dirigente con aspiraciones serias quiso pagar el costo político de posar al lado de un presidente cuyo estilo se percibe en Europa como el de un bufón televisivo. En los equipos de campaña de la derecha local la premisa fue contundente: "Con este tipo no metan la pata, nos resta votos a 40 días de las elecciones".

La expedición quedó reducida a un evento marginal organizado por una fundación privada de escasa trascendencia y a una visita a la Comunidad de Madrid. El mandatario optó por responder al vacío institucional lanzando virulentas descalificaciones contra la prensa internacional y los medios españoles. Sus bravuconadas, lejos de proyectar firmeza, terminaron funcionando como un inesperado salvavidas político para el gobierno de Pedro Sánchez, permitiéndole al oficialismo español abroquelar a su electorado frente a los desatinos de la ultraderecha.

El saldo final de esta aventura es tan claro como indignante: cero dólares en acuerdos comerciales, cero compromisos de inversión y un aislamiento diplomático gravísimo. Argentina pagó una factura millonaria para que su Jefe de Estado caminara por Madrid como una figura repudiada y tóxica a la que nadie desea estrecharle la mano.

De cara al próximo proceso electoral de 2027, las imágenes de esta fallida incursión por Madrid no deben analizarse como un hecho aislado, sino como la máxima expresión de un patrón de gobierno que el electorado está obligado a revisar en un ineludible ejercicio de memoria colectiva.

Esta séptima visita a España se suma a una extensa saga de más de una docena de giras internacionales por Estados Unidos, Europa y América Latina que han insumido miles de millones de pesos del erario público sin haber concretado una sola inversión real ni compromisos de capital productivo para la economía argentina.

El pueblo se encuentra ante el imperativo ético de reflexionar si el país puede permitirse seguir financiando, con el sacrificio diario de millones de familias sometidas al ajuste, las incursiones personales de un mandatario abocado a foros ideológicos endogámicos y reducido a un espectáculo de rechazo global.

La soberanía y el prestigio de la Nación no se construyen acumulando millas en aviones oficiales para recibir distinciones menores de fundaciones privadas, ni tampoco con el insulto o el aislamiento diplomático, sino con pragmatismo, seriedad institucional y respeto sagrado hacia los recursos del Estado.

En las urnas del año que viene recaerá la decisión histórica de convalidar el despilfarro recurrente y el descrédito de este modelo, o de encauzar el destino de la Argentina hacia una conducción con verdadera vocación de grandeza, madurez política y resultados concretos para la sociedad.

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