La Casa Rosada cerró una de sus semanas más amargas desde el inicio de la gestión. Lo que comenzó como una investigación patrimonial sobre Manuel Adorni escaló hasta convertirse en una crisis institucional que dejó al descubierto las grietas en el núcleo duro de La Libertad Avanza.
El eje del conflicto se desplazó de las conferencias de prensa a los pasillos de Comodoro Py, donde la declaración del contratista Matías Tabar funcionó como un detonante que el oficialismo no pudo desactivar.
Tabar aseguró ante la justicia que el jefe de Gabinete le pagó 245.000 dólares en negro por reformas en su propiedad del country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz.
Esta cifra, que el funcionario niega tajantemente, puso al fiscal Gerardo Pollicita en estado de alerta máxima.
“Adorni sostiene que su casa vale mucho menos y vincula al contratista con el peronismo”, pero la apertura del celular de Tabar podría aportar pruebas documentales que dejen al vocero presidencial al borde de una indagatoria frente al juez Ariel Lijo.
Mientras Javier Milei buscaba aire internacional en Los Ángeles, la interna doméstica estalló por el lado menos esperado. Patricia Bullrich, jefa del bloque de senadores oficialistas, rompió la estrategia de blindaje y exigió que Adorni presente su declaración jurada de inmediato.
“Está sufriendo el Gobierno, el país y el proyecto”, lanzó la exministra de Seguridad, en un gesto de autonomía que cayó como una bomba en el despacho de Karina Milei, quien permanecía en Buenos Aires custodiando el frente interno.
La movida de Bullrich no es un simple arrebato de transparencia; es una disputa de poder real. En la Casa Rosada sospechan que la senadora ya juega su partido para el 2027 o que busca forzar una candidatura de peso en la Ciudad de Buenos Aires. El malestar en la cima del poder es total: el Presidente respondió con dureza ratificando que los colaboradores los elige él, mientras su hermana ordenaba la derogación total de las PASO como un mensaje disciplinador hacia la "rebelde" del espacio.
El viernes, el Gobierno intentó una puesta en escena para mostrar unidad y normalidad. Manuel Adorni se mostró en la nueva planta de Mercedes-Benz flanqueado por Karina Milei y Diego Santilli, buscando diluir los rumores de renuncia que circularon durante cuatro días de silencio oficial. Sin embargo, la tensión era palpable.
El funcionario intentó bajarle el tono al cruce con la senadora tratándola de “fenómena” y afirmando que solo “espoileó” el adelantamiento de su presentación patrimonial.
Más tarde, en una conferencia de prensa de alto voltaje político, los ministros Luis Caputo y Alejandra Monteoliva rodearon al jefe de Gabinete para anunciar un nuevo Súper RIGI. Caputo fue enviado específicamente a aclarar que la causa judicial no impacta en la economía, una frase quirúrgica destinada a calmar a los mercados.
Pese a esto, la sombra de la sospecha sobre los 245.000 dólares sigue opacando cualquier anuncio de gestión que intente recuperar la iniciativa.
Lo trágico para el oficialismo es que esta crisis política ocurre en medio de indicadores económicos que, en otro contexto, serían motivo de festejo nacional.
La calificadora Fitch elevó la nota de la deuda argentina a B-, el Riesgo País mostró un descenso significativo y la Industria registró un avance del 3,2% en marzo respecto a febrero. Incluso las exportaciones mineras proyectan ingresos por 9.000 millones de dólares, pero nada de esto logra perforar el cerco mediático del caso Adorni.
El Presidente parece haber decidido morir con las botas puestas junto a su alfil. “Prefiero perder la elección a echarlo”, habría sentenciado Milei ante su Gabinete, incluyendo a una Bullrich que escuchaba en silencio.
El mandatario está convencido de que desplazar al jefe de Gabinete sería ceder ante una conspiración de medios y empresarios. El problema es que, mientras el oficialismo resiste, el tiempo corre y el juez Lijo espera explicaciones consistentes sobre una herencia y un patrimonio que no terminan de cerrar en el papel.
Causa judicial: El contratista Matías Tabar denunció pagos de 245.000 dólares en negro por obras en Indio Cuá.
Respaldo presidencial: Javier Milei ratificó a su jefe de Gabinete con la frase: “Prefiero perder la elección a echarlo”.
Fuego interno: Patricia Bullrich desafió la línea oficial y exigió la declaración jurada inmediata del funcionario.
Veto a las PASO: Karina Milei respondió a la autonomía de Bullrich ordenando la derogación total del sistema electoral.
Contraste económico: Fitch subió la nota de la deuda a B- y la industria creció un 3,2%, pero la agenda sigue atrapada.
Peritajes clave: La justicia analiza el contenido del celular de Tabar y los movimientos bancarios del funcionario.