Para comprender el actual pantano judicial resulta indispensable retroceder hacia los tensos días previos al recambio presidencial. Un encuentro extremadamente reservado reunió a Sergio Massa con los hermanos Javier y Karina Milei bajo estricto secreto. Semejante cumbre inconfesable duró casi tres horas.
Aquella cita transcurrió sobre un territorio neutral cuidadosamente seleccionado para evitar miradas periodísticas indiscretas. Sobre la mesa descansaban carpetas repletas de números macroeconómicos, nombres propios y vencimientos inminentes. Negociaron la verdadera transición.
Los temas abordados incluyeron compromisos asumidos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), reservas del Banco Central y delicados acuerdos con China o Qatar. También analizaron desembolsos pendientes de la Corporación Andina de Fomento (CAF).
Sin embargo, el plato fuerte de la velada fue la continuidad de ciertos funcionarios massistas dentro del nuevo esquema gubernamental libertario. El ex candidato presidencial peronista buscaba blindar sus terminales de poder más sensibles. La casta pactó su supervivencia operativa rápidamente.
Durante aquellas tensas jornadas circuló fuertemente el rumor sobre la permanencia de Guillermo Michel al frente de la estratégica Aduana. Este abogado no era un burócrata cualquiera dentro del extinto organigrama del Frente Renovador. Manejaba el control real del comercio exterior.
Dicho funcionario concentraba el poder absoluto sobre la aprobación del Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA). Esa lapicera definía qué empresario accedía al codiciado dólar oficial subsidiado durante la escasez cambiaria aguda. Era un verdadero peaje para importar mercancías.
Con el transcurrir de las semanas, la frenética dinámica ejecutiva sepultó mediáticamente estas peligrosas versiones sobre continuidades pactadas. El relato oficialista prefirió enfocarse en la supuesta purga de la burocracia estatal heredada. Ocultaron cuidadosamente los hilos del acuerdo.
Desde nuestro portal PrimeraPágina.info venimos siguiendo minuciosamente el derrotero tribunalicio de estos expedientes tan explosivos. Hoy, una investigación federal avanza sobre el oscuro circuito paralelo que retroalimentaba al mercado del dólar blue mediante cuevas financieras. La justicia empezó a destapar la olla.
Los magistrados intervinientes tienen en la mira a poderosos financistas, importadores privilegiados y supuestos intermediarios administrativos. Las jugosas comisiones cobradas para liberar permisos aduaneros generaron fortunas incalculables en tiempo récord. Semejante saqueo requiere complicidad política del más alto nivel.
El avance de las fojas judiciales otorga un nuevo y dramático volumen a aquel apacible desayuno pre asunción. Mientras en los atriles vociferaban insultos irreconciliables, por debajo de la mesa tejían una red de impunidad garantizada. La escenificación electoral fue una estafa monumental.
Los operadores todoterreno transitaban ambos campamentos llevando mensajes y asegurando negocios enormes para sus clientes corporativos. Varios popes del establishment empresarial financiaban ambas campañas sabiendo que sus intereses estarían resguardados sin importar el ganador. El círculo rojo siempre compra un seguro.
En la gélida city porteña, los corredores de bolsa más experimentados todavía rememoran esos días de noviembre con muchísima ironía. Todos sabían que la transferencia del mando sería muchísimo más consensuada de lo que la épica libertaria admitía. Los mercados no compran discursos incendiarios falsos.
Resulta asombroso observar cómo el supuesto león anticasta terminó domesticado por los zorros más astutos del ecosistema justicialista. Conservar resortes institucionales claves garantiza que ninguna incriminación penal llegue hasta las últimas consecuencias legales. El blindaje mutuo es la regla de oro.
¿Hasta dónde llegará la valentía de los tribunales federales antes de recibir un llamado desde la cima del poder ejecutivo? La respuesta a este interrogante definirá si estamos ante un verdadero cambio de época o simplemente presenciamos un reciclaje estético. La impunidad sigue reinando en nuestra Argentina.
Los ciudadanos que padecen cotidianamente el feroz ajuste fiscal merecen conocer toda la verdad sobre este contubernio entre élites. Exigir sacrificios inhumanos a los jubilados mientras se protege a los vaciadores del estado resulta moralmente inaceptable. El doble estándar gubernamental resulta ya insostenible.
La cumbre: Massa y los hermanos Milei negociaron la transición económica durante tres horas en territorio neutral.
El botín: Discutieron mantener funcionarios del massismo, apuntando especialmente a Guillermo Michel en la Aduana.
Las SIRA: La actual investigación judicial sobre los cupos de importación y el dólar blue expone por qué necesitaban garantizarse impunidad.
El doble comando: Mientras simulaban una guerra total en público, compartían operadores y empresarios financiadores en privado.