El clima institucional en Chaco tocó fondo tras este terrible episodio de censura estatal. Leandro Zdero demostró su peor faceta intolerante ordenando apresar a quien osó cuestionarlo: el periodista chaqueño Fernando Ojeda. Semejante atropello ocurrió durante la mañana de este miércoles 13 de mayo 2026 frente a decenas de asombrados transeúntes. El falso disfraz republicano duró escasos meses antes del estrepitoso derrumbe.
Todo se precipitó durante una típica recorrida gubernamental armada para aplaudidores oficiales. Un cronista local rompió aquel cerco buscando respuestas sobre manejos financieros muy oscuros. Esa simple requisitoria desató la furia irracional del propio mandatario norteño. Sus guardaespaldas actuaron como patota parapolicial aislando al trabajador inmediatamente.
La directiva resultó clara: había que escarmentar al insolente mensajero rápido. Lo subieron a un móvil policial sin ninguna justificación procesal válida. En la comisaría jurisdiccional permaneció incomunicado por siete horas interminables. Familiares desesperados peregrinaron pidiendo explicaciones legales que nunca llegaron.
Semejante accionar desnuda la enorme debilidad política que atraviesa el Ejecutivo provincial hoy. Utilizar fuerzas armadas para silenciar micrófonos constituye una práctica netamente dictatorial. Los viejos manuales aconsejan ignorar aquello molesto, pero aquí eligieron ese apriete explícito. Queda clarísimo cómo las preguntas punzantes desestabilizan al endeble gobierno.
Desde la sede administrativa intentaron ensayar excusas patéticas buscando tapar semejante escándalo mayúsculo. Voceros apresurados inventaron supuestos desórdenes públicos provocados por el periodista arrestado. Ningún registro fílmico avala esa burda mentira construida desde el pánico oficial. Las imágenes viralizadas exponen solamente a un reportero intentando hacer su trabajo.
La rosca chaqueña arde frente a tanta impunidad ejecutada desde arriba. Legisladores opositores redactan febrilmente pedidos de interpelación urgente para el ministro de seguridad. Quieren identificar a cada responsable operativo detrás del aberrante secuestro callejero. Huele a fin de ciclo prematuro en los pasillos del poder que reside en Resistencia.
¿Cómo justifica un supuesto demócrata tener presos políticos en plena era contemporánea? Ese interrogante resuena fuerte dentro de cada redacción periodística del país. Atacar violentamente a la prensa libre expone el terror oficial al escrutinio ciudadano. Las asociaciones defensoras de derechos humanos emitieron comunicados repudiando tamaño exceso represivo.
PrimeraPágina.info viene advirtiendo sobre estos peligrosos tics hegemónicos recientemente. Gobernar exige rendir cuentas constantemente, no esconderse detrás de uniformados armados. Cuando un jefe territorial decide blindarse mediante el pánico, sepulta su propia legitimidad. La ciudadanía observa este descalabro institucional con asombro y muchísimo asco.
Retener a civiles sin órdenes judiciales constituye un delito penal gravísimo e inocultable. Abogados defensores ya diagraman múltiples denuncias contra la cúpula policial involucrada. También apuntarán directamente hacia las más altas esferas del poder político provincial. Nadie ejecuta semejantes barbaridades operativas sin el aval explícito del primer mandatario.
Aquel candidato que prometía modernizar la gestión terminó abrazando mañas feudales antiguas. El electorado descubre espantado que esta nueva casta resulta peor que la anterior. Reprimir trabajadores de prensa expone una matriz ideológica ruin y sumamente antidemocrática. Semejantes errores garrafales suelen pagarse carísimo en futuras elecciones.
Ciertos socios políticos nacionales prefieren guardar un silencio bastante cómplice y vergonzoso. Nadie quiere quedar pegado a tamaña exhibición de fascismo explícito, ni el propio Milei. Sin embargo, callar ante la censura los convierte en partícipes necesarios del desastre. La Unión Cívica Radical debería expulsar inmediatamente a quienes violan libertades constitucionales básicas que ese añejo mpartido siempre castigó severamente.
Quedó demostrado que bajo esa imagen prolija se esconde un déspota peligroso. Resulta imperioso frenar ahora mismo esta escalada de violencia gubernamental desatada. Dejar pasar semejante locura sentaría un precedente nefasto para nuestra joven república. El verdadero periodismo jamás dejará de incomodar, aunque los poderosos amenacen con llenar calabozos.
El mandatario chaqueño, Leandro Zdero, ordenó detener a un reportero por hacer preguntas.
Fue privado de su libertad durante siete horas ilegalmente.
Crece el repudio nacional ante tamaña demostración de autoritarismo estatal.