El ambiente en el Honorable Concejo Deliberante de Moreno se impregna de un olor penetrante a clonazepam pisado, vino en damajuana caliente y la transpiración de un despacho municipal que se mete hasta en los dientes.
En el centro de esta escena bizarra y turbia se encuentra Emmanuel Fernández —presidente del HCD, definido en los pasillos como el “heredero rosca floja”, un operador con el alma podrida de tanto choreo municipal—, quien se acomoda un saco italiano trucho mientras observa el techo empetrolado de humedad.
A pocos metros de la presidencia, postrado en un sillón de cuerina descascarada, aparece Gastón Fraga, un joven concejal oficialista de perfil refinado, manos cuidadas y pañuelo al cuello, quien se abanica utilizando un expediente de obras públicas cajoneado.
Las fuentes lo describen como la "parejita" y a la vez principal dolor de cabeza de Emma: un dirigente con ínfulas de dandy que huele a perfume importado y muestra los estragos de la coca barata en un cuerpo frágil
—Me tenés podrido, Emma. ¿Qué carajo pasa en tu familia?— escupió Fraga, ajustándose los puños de la camisa blanca con los ojos inyectados en bronca y posiblemente también en sustancias raras. Ese cruce habría ocurrido hace poco en la entrada a la presidencia del HCD.
Las tensiones familiares se vuelven un eje de discusión recurrente en la interna marielista: los duros cuestionamientos apuntan directamente al núcleo íntimo, señalando a la hermana del presidente del cuerpo, la intendenta municipal Mariel Fernández, y al trasfondo de un clan atravesado por dinámicas políticas y personales complejas.
Las hipótesis sobre el origen de estas supuestas conductas lésbicas en la familia gobernante de Moreno, se hunden en relatos de manual psiquiátrico de baja escala. Por un lado, se evoca la figura paterna —una persona absorbida por el alcohol— y por el otro, a una madre refugiada en rutinas religiosas y botellas ocultas.
Para el círculo rojo local, se trata de una supuesta combinación de miseria del conurbano profundo, cemento fresco y desvíos de fondos que moldearon la estructura íntima de los protagonistas.
Detrás de la fachada institucional, la podredumbre del municipio se destapa en las cloacas de sus fiestas prohibidas y aquelarres nocturnos, donde la decencia es un chiste de mal gusto.
En esas bacanales regadas de alcohol barato, pastillas de diseño y fluidos resecos sobre los escritorios, la casta política de Moreno se gastaría los presupuestos de los comedores populares entre orgías de carne, traiciones y lamidos.
Emmanuel y sus secuaces se desuellan vivos en cuartos oscuros donde la lujuria más baja da asco, vomitando sobre expedientes mientras celebran la miseria ajena a puro descontrol y estupefacientes.
El epicentro de la tormenta pasional y el descontrol tuvo nombre propio: Paloma Aliendro. Según cuenta una fuente inobjetable, en la intimidad más sórdida de los albergues transitorios de la destemplada Zona Oeste, Palo mantenía encuentros sexuales clandestinos con Emma, siendo específicamente ella quien lo "atornillaría" en medio de desbordes de alcohol y pastillas.
La misma fuente asegura que cuando Gastón Fraga se enteró de esta infidelidad carnal, los celos y la furia desataron una crisis insostenible en el Concejo Deliberante. Para calmar a Gasti y ocultar su propio desvío, Emma habría apretado a su hermana para que despidiera a Paloma del municipio de inmediato.
Aseguran que en su desesperación por retener a Gastón, el titular del HCD habría actuado con total soberbia, sin medir las consecuencias ni tener en cuenta todo lo que Paloma sabe: la ex empleada municipal manejaría información ultra sensible sobre los negociados de la familia y asegura que podría divulgar la identidad de al menos una novia oculta de Mariel.
Al dejar en la calle a Paloma por un capricho de alcoba, Emma encendió una mecha que puede dinamitar la carrera de su hermana hacia la gobernación de PBA y hacer volar por los aires todo el proyecto de crecimiento político del Movimiento Evita, liderado por el mítico fundador de Quebracho, el barbado llíder piquetero Emilio Pérsico.
Si Paloma habla, nos hace volar por los aires a todos, incluído el municipio, confiesan fuentes cercanas a Marielita, sabiendo que en esta cloaca de papeles mojados y olor a muertos políticos, la única ley que vale es sobrevivir al próximo escándalo antes de que caiga la noche.